ALARMAS VERANIEGAS, MOTOS ASESINAS, PERROS ASESINOS

Por Grace Morales y Galactus
"No dejes nunca que la verdad te estropee una buena noticia"

Código Alfa, Nivel Naranja, Alerta Roja, Operación Jaula… El caso es estar en permanente situación de alerta. Cuando no es la amenaza de un ciego terrorismo, es una extraña guerra en Eurasia con armas de destrucción masiva invisibles. O una pandemia exótica fuera de control, un cataclismo de magnitud cósmica… Si nuestro ex líder decía que la Guerra era Paz, y el Emperador sentenciaba que los bosques no son necesarios, y así se acababan los incendios, la cosa puede que esté de verdad muy malita. Aunque ahora ambos líderes carismáticos vayan por ahí diciendo que el Mundo es un lugar mejor.

Por si no tuviera suficiente miedo ya el ciudadano de a pie, debido al delicado momento que viven sus intereses petrolíferos en Oriente Medio, o porque le caiga el Hercolubus en la cabeza, los llamados humorísticamente "medios de comunicación", cumplen maravillosamente su sagrada misión de alarmar. Masters de la manipulación como Goebbels, Hearst o El Buzo, demostraron que meter un poquito de miedo en el cuerpo de las personas, valiéndose de unas cuantas verdades a medias, puede ser muy beneficioso para lograr unos objetivos muy concretos. Por ejemplo, no hay que caer en la conspiranoia para darse cuenta de que el españolísimo Sindicato del Crimen logró dar un golpe de estado la mar de democrático.

Antenas Amarillas
Pero es en el verano cuando las alarmas, esta tendencia que rompe, se manifiesta en todo su esplendor. Al carecer de asuntos políticos o legales, por estar de vacaciones los dos prestigiosos estamentos, hay que suplir la manipulación informativa tradicional y sus interpretaciones apocalípticas con unas dosis de gran fantasía, campos nuevos de interés y un panorama lo suficientemente peliagudo como para que el padre de familia, de asueto en el pueblo o en el Pantano de San Juan, se preocupe un poquito con la situación, pero a nivel mundial, por supuesto, que para eso estamos globalizados. Las antiguas serpientes de verano, cuando nunca pasaba nada, se limitaban a inocentes historias sobre Nessie, la falsa Boda de Raphael, un ternero que nacía con tres cabezas, los caramelos de droga, el suicidio de Torrebruno, la milagrosa concepción de unos gemelos llamados a gobernar... Chistes, rellenos, pasatiempos, cualquier cosa era buena para vender periódicos en verano. Bueno, pues las modernas serpientes son auténticas bichas. Verdaderas historias de terror antes del bloque de deportes. Una cosa era que en el Parte dieran datos escalofriantes sobre la Sábana Santa, el avistamiento de unos ovnis o el descubrimiento de la huella del Yeti, y otra es que ahora digan que el agua potable de Londres está siendo contaminada con ampollas de Prozac, como si el Doctor Muerte hubiera regresado de Latveria. O esa otra, de divulgación científica, sobre la posibilidad de cambiar la estructura del ADN dando unas voces… Muy parecida a la de los billetes impregnados de droga…


Leíamos en Mondo Brutto, referente a esta alarmante problemática: "Como no improvisen algo de aquí a Ferragosto, vamos a tener que asistir a sofocantes crossovers y remakes de otros grandes éxitos de temporadas anteriores: Terrorismo de Género sobre Moto de agua o Perros asesinos y Emigrantes ilegales. De momento, nos contentan con la Heroína y el Calor, que ya no es la tradicional flama carpetovetónica, sino una futurista Ola de Calor de consecuencias insospechadas y atroces para las personas". Parecería una broma, si no fuera porque estos ojos han visto una campaña institucional contra, así, directamente, La Canícula. El Sol es ahora un planeta enemigo que amenaza con abrasar a la ciudadanía. Esperamos pronto la de los alimentos criminales: una campaña anti ovolácteos, incluidos los helados y la horchata, que te pueden provocar un espantoso y lacerante corte de digestión, pero de los cósmicos. Nada de entrañables diarreas por comerse tres melones al sol, sino una cosa muy mala que termina en -ella o en -itis, que la provoca una máquina de aire acondicionado, y que además es contagiosa.


Los incendios no son incendios, no, son catástrofes de proporciones gigantescas, que se dan a la vez en varios puntos geográficos, con unas imágenes que ni en Cuando los mundos chocan. El apartado de consejos de perogrullo para no morir en la carretera, en la piscina o en el chiringuito de la playa, incluso para que no te desvalijen el piso, es una constante alarmista en todo informativo que se precie. ¿Y las enfermedades tropicales que pueden atacar a toda una ciudad si el turista que viene de la jungla no se ha dado cuenta del lobanillo repleto de larvas radioactivas que anidan en su párpado?

El horrendo caso de las motos de agua
En las motos terrestres las víctimas se cuentan por miles, esto no es noticia, pero, ¿recuerdan el horrible verano de los accidentes con motos acuáticas? Según la televisión, aquello era un no parar de sucesos playeros que se saldaban siempre con lesiones incompatibles con la vida, verbigracia: en un ferragosto se mataron dos o tres pobres bañistas en encontronazos con sus motos de alquiler. Un suceso desgraciadísimo que hizo que todos los españoles nos preocupáramos por el enorme peligro que entrañaba este tonto divertimento. Afortunadamente, con el pago de un canon extra y una legislación más severa en materia de explotación, el asunto quedó en agua de borrajas. O por lo menos las muertes y las motos dejaron de ser noticia.


¿Qué pasó con aquellas jaurías de perros asesinos que sembraron el terror? Esto sí que resulta un misterio en toda regla. ¿Desaparecieron todos los perros malos, encontraron una vacuna o algún hipnotizador de animales diabólicos?


Lo mismo, el virus estival se propagó a otras especies. Como si se tratase de un "El Caso" catódico, Antena Amarilla se adelantó a mediados de junio con un apocalíptico informe de dos minutos sobre las Abejas Asesinas, que en un momento dado hasta podían matar a veraneantes y a familias enteras en su segunda residencia. Vacas locas, pollos contaminados, y ahora, "El Enjambre"… Con qué envidia daban los telediarios esas noticias de millones y millones de langostas arrasando África Central, con lo bien que hubieran venido, pongamos, en Extremadura… A falta de langostas, buenos son esos mosquitos que invadieron una localidad costera hace unos días y que casi los presentan como una de las siete plagas de Egipto, quién sabe si con conexiones con el terrorismo islámico…


¿Quiere esto decir, tal vez, que el buque insignia de los informativos basura a escala nacional es el único culpable de tanta y tanta víbora de verano? Indudablemente no, este Ente no sería más que otro vocero del Ministerio de la Verdad y de sus distintas agencias de propaganda repartidas por el orbe. Vivimos dentro de aquella "Jaula de Hierro" de Max Weber, pero en edición digital: según el pensamiento reaccionario (perdón, liberal), cuanto más progresamos, más malos nos volvemos y los peligros se multiplican: destruimos el planeta, llegan nuevas y horripilantes lacras… Lástima que, como dirían en los programas de la tele, eso es incierto: los riesgos se reducen, pero no así el contagio cultural de los miedos que desarrollan las redes de comunicación: los memes se extienden a través de las noticias, que da un poco igual que sean verdad o que se las hayan inventado, a la misma velocidad que el ébola desintegra a un simio. Te lo cuentan como una película de miedo, y ya tenemos la serpiente, pero en plan mamba negra. Porque todo depende de cómo te lo cuenten, así, con cara de susto, la color enmudecida y voz de ultratumba, como cualquier busto parlante, y lo que te cuenten: tú ves unas imágenes impactantes, pongamos por caso, de tres personas muy poco agraciadas físicamente, en una situación sexual comprometida, y es que te entran los sudores fríos. Aunque haya sido trucada "con potentes herramientas de Internet", como ese horrible escándalo de Tele Mérida, mismamente…