Hoy en día vivimos y habitamos la llamada sociedad de mercado.
Nada se le escapa a esta nueva deidad en su permanente tarea de codificación
y programación de lo real. Todo debe de ordenarse y cobrar sentido
sobre la base de sus imperativos... Tal panorama encuentra uno de sus
pilares en ese individuo ilimitado y débil que tanto gusta de
proponer ciertos autores post-modernos. Y así debe ser ya que
lo que está en juego es la capacidad de consumo y ésta
exige ductilidad en el carácter y evanescencia en la personalidad.
En este sentido no es casual que cualquier manual de marketing estime
las diferencias culturales, religiosas o ideológicas como barreras
al consumo que deben ser abolidas. Toda diferencia, todo relieve, todo
criterio que muestre un perfil deberá ser allanado. La sociedad
de mercado vendrá así de la mano de una identidad evanescente
y cambiante dictada por las modas y el mercado. En la misma, todo será
objeto de consumo: opiniones políticas, información, cultura,
espiritualidad, imagen... Todo estará al alcance en el gran mercado
global pero nada tendrá capacidad alguna para transformar o constituir
al individuo en cuestión. Cualquier devenir, cualquier alquimia
real, cualquier marco de constitución, cualquier relieve o diferencia
serán vaciadas de contenido y alienadas en el consumo. Todo se
verá así reducido a una existencia meramente icónica
y virtual de la que el consumidor obtendrá epidérmicas
rentabilidades de carácter psico-emocional. Nada podrá
constituirle en dirección alguna ya que cualquier relieve, cualquier
seña de identidad, cualquier diferencia marcada, será
considerada un obstáculo al libre mercado y al permenente despliegue
del deseo. En palabras de Houellebecq pareciera que el individuo moderno
encontrara su culminación en las posiciones diversas y cambiantes
que ocupa en la sociedad de mercado. Tras ser "liberado de los
estorbos constituidos por las adhesiones, las fidelidades, los códigos
de comportamiento estrictos" el individuo moderno se verá
conducido, nos sigue diciendo Houllebecq, a "ocupar su lugar en
un sistema de transacciones generalizadas, en el cual es posible atribuirle,
de forma unívoca y sin ambigüedad, un valor de cambio".
Tal individuo, conformado en la intimidad de su conciencia por los flujos
de imágenes del universo mediático, no sería más
que una posición de consumo que respondería a una conducta
prevista ya de antemano, puro asiento contable. Tal parece ser el rostro
de la llamada sociedad de mercado, donde todo es vaciado, naturaleza
humana incluida, en los diferentes circuitos de producción y
consumo.
En el panorama descrito las estrategias de imagólogos y psicólogos
sociales son tan axiales como generadoras de mundos. Su tarea se centra
en el condicionamiento de conductas a través de la administración
de imágenes sobre las conciencias. Se trata de diseñar
y programar pautas de conducta.... En este sentido sorprende la tremenda
significación psicológica de las imágenes y contenidos
que aparecen en la publicidad. También sorprende el uso generoso
de imágenes y contenidos arquetípicos. Tales imágenes
deben suscitar trazas de actividad psíquica y emocional de la
mano de las filias y fobias que despliegan. Los receptores de dichas
imágenes identificarán su modo de vida y forma de ser
en la asociación e inmersión en tales imágenes
desde las emociones que éstas les mueven. Es evidente que tal
diseño de las conciencias hace previsible la conducta desde los
condicionamientos que sirve. La programación psico-social no
vendrá tanto de la mano de tal o cual imagen sino de la inmersión
de las conciencias en un permanente flujo de imágenes cuya finalidad
es la incansable movilización de la líbido en el mercado.
El resultado acabado será un individuo, fácilmente moldeable,
tremendamente dispuesto y con un interior rebosante de deseos e imágenes
a los que adorar. Así las cosas, tales flujos de imágenes
se han convertido en el más relevante marco educativo y de constitución
de la subjetividad en las sociedades contemporáneas. Este universo
de imágenes relegará todo a una existencia puramente icónica
y virtual. La técnica desde su capacidad cosificadora y manipuladora
de lo real parece estar en la raíz del nihilismo del tiempo presente.
En el reino del utilitarismo extremo todo parece quedar reducido a una
condición de objeto susceptible de estudio y manipulación.
En el marco descrito todo encuentro real, toda dimensión unitiva,
y todo enlace con la alteridad se convierte en insólito. La distancia
y la alienación de lo cosificado en unas rentabilidades pre-establecidas
reducirá lo real a la mera apariencia y en última instancia
a su evanescencia total. Si todo deviene mero objeto también
lo hará el hombre y su intimidad. Lugares comunes, tópicos
sociales y convenciones varias serán el espacio de seguridad
y refugio de un hombre así configurado.
Los viejos magos
Los imagólogos, es evidente, conocen su trabajo con precisión.
Ahora bien, no son ni los únicos ni los primeros que son conscientes
de las técnicas del condicionamiento de conductas a través
de imágenes. Eco nos advierte en su obra como todos esos procesos
de condicionamiento de la conducta, tan propios de nuestro tiempo, eran
invariablemente asociados con la magia en las sociedades antiguas. Tal
asociación no venía de la mano de algún género
de poder supersticioso que emergiera de la mano de la imagen. Al contrario,
respondía a la consideración que esos pueblos tenían
de la magia en tanto techne o saber aplicado, hasta el punto que desde
tal perspectiva de análisis la sociedad contemporánea
no respondería a otra cosa sino a una implantación política
de la magia....
Tradicionalmente la magia fue vista como una técnica que, sobre
la base de la aplicación de ciertos conocimientos, pretendía
algún género de actuación sobre lo real. Así
la magia se consideraba una techne, es decir una técnica
que encontraba su operatividad en una sabiduría aplicada. Es
decir, magia sería las aplicaciones de tipo auxiliar, práctico
y secundario de un determinado grado de sabiduría o conocimiento.
Toda aplicación mágica exigiría, por tanto, cierta
cosificación de aquello sobre lo que se va a operar y la pretensión
de actuación. De ahí sus límites derivados del
dualismo metodológico del que parte. Para los magos la actuación
sobre lo psíquico encontrará en el poder de las imágenes
una de sus más importantes herramientas. Las imágenes
serán capaces de generar todo tipo de mundos interiores de tremenda
potencia. Desde ahí desplegarán su enorme poder para configurar
la intimidad de las conciencias y, en su caso, para condicionar conductas.
Las imágenes suscitan en el hombre fobias y filias, incluso diseñan
y constituyen tales fobias y tales filias. Las más de las veces
las gentes confunden su carácter y naturaleza con este entramado
donde lo real queda ya previsto y codificado de antemano en una representación
e imagen dada. La conciencia del hombre deviene así como perfecto
intérprete de un guión donde todo es susceptible de ser
categorizado y desecado en la propia representación. El problema
es que el guión siempre es dictado desde instancias ajenas con
el fin de asegurar toda una serie de rendimientos. La conciencia y su
tremenda potencia, quiénes y qué somos, queda así
ignota más allá de todas esas proyecciones dualistas con
que teñimos nuestra experiencia del mundo. Toda esa cartografía
de nuestras fobias y querencias limita nuestra experiencia de la vida
haciéndonos previsibles. Hasta el punto que nos convierte en
sumisos servidores de una representación ilusoria de lo real
que nos cosifica y limita, estrangulándonos y adormeciéndonos
la percepción y la capacidad de vida. Desde tales cuadros de
filias y fobias cosificamos lo real y al tiempo somos cosificados por
nuestra proyección de lo real... Cualquier mago de la antigüedad
contemplaría la sociedad actual, sus relaciones sociales así
como las actuales relaciones entre hombre y naturaleza, completamente
saturadas de la mentalidad y los procesos operativos y manipulativos
propios de la magia. Otra cosa muy diferente, evidentemente, es la parodia
de conejo y chistera que hoy en día entendemos como magia y,
al tiempo, la inquietud que tal término suscita en su evocación
de lo irracional.
Creo se hacen evidentes los enormes paralelismos entre la antigua magia
manipulativa y toda una serie de prácticas tan cotidianas como
ubicuas. En palabras de Ioan P. Culianu, el que fuera el más
importante discípulo de Mircea Eliade, "actualmente el mago
se encarga de las relaciones públicas, de la propaganda, de la
prospección de mercados, de las encuestas sociológicas,
de la publicidad, de la información, la contra-información
y la desinformación, de la censura, de operaciones de espionaje
e incluso de criptografía. Esta figura clave, para la sociedad
contemporánea, sólo representa la continuidad del manipulador
de Bruno, cuyos principios va siguiendo, procurando presentarlos como
fórmulas técnicas e impersonales. Los historiadores concluyeron
con razón que la magia había desaparecido con la llegada
de la ciencia "cuantitativa". Esta sólo ha venido a
sustituir una parte de la magia, prolongando sus sueños y finalidades
recurriendo a la tecnología.... Al mantener una función
operacional, tanto la sociología, como la psicología y
la psicosociología aplicada representan, hoy en día, la
continuación directa de la magia".
El paralelismo trazado entre lo que la antigüedad consideraba magia
negra y algo tan relevante hoy en día como los flujos de imágenes
no responde a reflexión ni especulación alguna sino a
la constatación de la identidad entre los modos de hacer propios
de la magia y los característicos de los imagólogos, publicistas
y psicólogos sociales. Desde tal perspectiva considerar el tiempo
presente como el de la implantación política de la magia
negra no es sino una obviedad. En este sentido, la gran paradoja es
que teniendo la magia tal grado de vigencia política ésta
se relacione invariablemente con temáticas lindantes con la superstición,
la irracionalidad o la fantasía más delirante. Lo cierto
es que tales cosas en absoluto dan cuenta de lo que por magia se entendía
en los mundos antiguos. En un mundo en que todo se torna evanescente
también la magia parece ocultarse. En todo caso, hay que ser
consciente que las tremendas fuerzas titánicas desatadas atienden
a la conciencia del hombre como a un campo prioritario de operaciones
BIBLIOGRAFIA:
Eros y magia en el renacimiento, Ioan P. Culianu.
La sociedad del espectáculo, Guy Debord.
La estrategia de la ilusión, Umberto Eco.
El mundo como supermercado, Michel Houllebecq