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María Martha Fernández
pshyque@hotmail.com
Las
puntillas de las enaguas se ensucian con el lodo de las trincheras. Y
sí, las mujeres aprendimos a usar vestidos de telas vaporosas o
aún peor: aparatosos miriñaques, y a pesar de ello seguir
adelante. Un resultado práctico del proceso histórico: el
discurso agresivo del feminismo tampoco nos sienta bien, nos demacra,
nos aleja de nuestra esencia y además -está visto- no nos
conduce a nada.
Noches de vals, encajes, suspiros y apretados
corsets que retenían el aliento, una manera de contener, cortar
de raíz los impulsos -como en Juana la Loca - de nuestras hormonas
e instintos que generan un movimiento que no pretende ser ni social ni
político. La "movida" es como la Carmen: de abajo hacia
arriba. Subversiva y con esencia; tan primigenia como la simiente que
olvidamos día tras día, con una amnesia progresiva.
Sin embargo, Clarissa Pinkola Estés -terapeuta junguiana y doctora
en Psicología- apuesta porque el relato ancestral popular ayude
a reestructurar el arquetipo real del "ser femenino", a través
de los símbolos que rememoran la fragancia, el resplandor y la
sabiduría de la Mujer Salvaje que fecunda, alcanza el instante
cósmico, "pariendo" la realidad. La mujer y su tiempo
propio, análogo al universo, responsable del cuidado de las cosechas
en construcción con el espacio sagrado de la renovación
de la tierra, la naturaleza y su propia simiente. La mujer initiatrix
y creatix.
Lo femenino en la antigüedad y la agricultura; con una sacralidad
similar y compartiendo el ciclo cósmico: nacimiento-crecimiento-muerte
y regeneración. Como menciona Mircea Eliade, la siembra y cosecha
son rituales arcaicos, que se practican sobre el cuerpo de la Madre Tierra
la que sabiamente desencadena las fuerzas de la vegetación. A la
vez se introduce al espacio cósmico en el que se diferenciará
cuáles serán los tiempos benignos. Su rol como hacedora
con una gran energía interna sumada a la magia sexual, han sido
usadas por varias culturas considerándola decisiva y necesaria.
"Arrástrate hacia la tierra: tu madre", señala
el Rig Veda. Las eslavas y alemanas recorrían los campos desnudas
para propiciar una buena cosecha en un ritual que aumentaba la fertilidad
de las cosechas. Eróticamente, en Finlandia las mujeres llevaban
los granos en una camisa menstrual, en el zapato de una prostituta o en
la media de un bastardo, aumentando la fecundidad de las semillas con
una alta carga sexual emanada por esos objetos. El lino en Suecia era
cultivado por las mujeres y las remolachas eran más dulces cuando
eran sembradas por esas sabias manos.
La tarea de "La Loba" se inicia con la recolección de
huesos. La loba es la propuesta de Pinkola Estés, una imagen que
significa la conexión total con su parte intuitiva, distinguiéndola
del hombre. "La mujer salvaje como arquetipo es una fuerza inimitable
e inefable". Cuando tiene su esqueleto formado "se sienta junto
al fuego y piensa qué canción va a cantar", entonces
la osamenta toma forma, se cubre de carne y comienza a respirar. "La
loba canta con tal intensidad que el suelo del desierto se estremece y,
mientras ella canta, el lobo abre los ojos, pega un brinco y escapa corriendo
cañón abajo". En algún momento se transforma
en mujer que corre riendo a carcajadas. Ahora podrá identificar
las falsas trampas en un equilibrio psíquico natural que se pierde
en una crianza con exagerados sistemas de "domesticación"
de estas virtudes. Vive en estado de alerta y cautela para defenderse
en los profundos y oscuros bosques psíquicos.
"No es bueno que el hombre esté solo"
De la "matrilocación" a la admiración y sacralidad
de la hierogamia de las diosas míticas. Es ahí donde se
despliegan el tramo de eslabones perdidos pero que claramente exponen
a mujeres guerreras, sabias, seductoras, intuitivas y amantes. Como Isis
y Osiris. Como Ishtar y Anaku.
La cananea "Anat" parte en búsqueda de su amado, una
constante que se repetirá en varios relatos míticos. Esta
diosa guerrera heredera de Inanna, concepción babilónica
de las diosas que afirman la fortaleza física conjugada con una
gran sensualidad, una lógica interna profética y por sobre
todos estos rasgos: una visión universal sin la necesidad de ninguna
mediación. El secreto no consistiría ni en la superioridad,
ni en la inferioridad de la mujer; sino como en las parejas míticas,
la numinosidad de lo femenino se manifestaría en el poder oculto
de la mujer para lograr en conjunción con el hombre la Unidad de
los Opuestos.
Xena y Diana, más conocida como la "Mujer Maravilla",
no se alejan tanto de este arquetipo. Diana recordando a las "amazonas",
con sus cacería de sementales masculinos para su reproducción,
se diferencian de las diosas babilónicas que luchaban como la griega
Psique lo hizo por su amor, Eros. Fue más fácil elaborar
un decálogo para cazar "brujas", como lo fue Malleus
Malleficarum y echar un manto de promiscuidad y de malignidad sobre otras
como "Lillith", del linaje de la sumeria Ishtar, la cananita
Astarté y Anatu. Muchos serán nombres que se le concederán
a la misma Diosa.
En cuanto a Lillith, es el primer intento divino de satisfacer "carne
y espíritu" de Adán en el solitario Edén. Luego
de otro intento llega Eva, Isha, se "tornará en una sola carne"
y será la madre de la célebre dupla Caín y Abel.
La existencia de Li o Lillitú -otras de sus denominaciones- deviene
de la interpretación del Génesis y las exégesis rabínicas
que recopilan tradiciones orales ancestrales. Graves y Patai, citan del
Bereshit Rabba interpretación del Génesis, que Adan y Lillith
nunca hallaron armonía juntos, pues cuando él deseaba yacer
con ella, por su parte La Diosa Hebrea, se sentía ofendida por
la postura reclinada que él exigía.
"Por qué debo yacer debajo de ti?", pregunta irreverente.
Adán intenta someterla y ella lo abandona para vivir cerca del
Mar Rojo donde abundaban los demonios y donde la visitaba su amante Samael,
allí engendrará a los Lilim. Para la religión judía,
será la eterna e insaciable seductora, que se entromete en los
sueños de los hombres y estrangula a los bebés. "Yacer
debajo", sería inadmisible en el contexto de la tradiciones
babilónicas donde las mujeres "gozaban" de sus encuentros
sexuales realizando el coito "sobre" sus consortes. Evidentemente
estaba en contacto con esas costumbres anteriores a su aparición
en la mitología. Lillith, Ishtar y Anat son representadas escoltadas
por búhos, serpientes y leones, haciendo explícito su "parentesco".
Bienvenida al patriarcado, la producción y el voto!!!
Lillith, de "Diosa" a "Ramera" con un golpe de pluma,
como consecuencia de la tergiversación y la consecuente manipulación
del arquetipo. Barbara Koltuv explica que su imagen fue rechazada y se
convierte en una descastada en la época post-bíblica oponiéndose
a Eva, concubina formal de Adán.
Las mujeres quedan expulsadas de los templos y rituales. Afrodita terminará
siendo banalizada al convertirse en una imagen "romántica".
Hera será la mujer celosa de Zeus. Artemisa, una salvaje. Demeter,
una madre con serios trastornos psíquicos. Atenea, un cerebro con
faldas.
El patriarcado, indica Fromm, emergió al mismo tiempo que la propiedad
privada, en la cultura india, en la egipcia, judeo-cristiana, musulmana,
griega o romana. Los monoteísmos, sacrificaron las diosas de numerosos
cultos y las sumergieron en el mar del olvido. El sistema, en el que el
"pater famlias" tenía el control económico y legal
absoluto, el hijo más apto quedará a cargo de los bienes
de la familia, será el heredero en ideología.
En cuanto a lo social, el Antiguo Testamento ya esboza sutilmente "la
envidia" del poder que implica la fecundación de la mujer:
tanto Dios como Eva tienen el "don" de crear otros seres semejantes
y esto quizás sea uno de los motivos por los que se la expulsa
del paraíso. Jean Baudrillard, comenta que "este privilegio
de la mujer inexplicable, hacía falta inventar a toda costa un
orden diferente, social, político, económico, masculino,
donde este privilegio natural pudiera ser rebajado".
Ya dentro del sistema, fuera del centro como lo representaba el matriarcado,
la mujer ingresa a la institucionalización, legalización,
regulación, especialización en la fuerza de trabajo. Todo
esto conforma una excusa para participar de la decisiones políticas
y de las normas que la rigen laboral y civilmente lo que les otorga un
interés particular, esta vez no son sólo voluntades anónimas:
son votos.
Pues entonces: el orden, la jerarquía, y el convencimiento-aceptado
perpetúa y sustenta este paradigma en el cual tanto como hombres
como mujeres quedan sujetos y limitados a un macro-sistema económico
y político; la paradoja de la especie si no hay ni "vencedores
ni vencidos".
"Había una vez...", introducción mágica
y fórmula inconsciente que iniciaría el viaje del "ser
femenino" a un valle calmo de armonía donde la naturaleza
comulgará con ellas en una "danza con lobas"; y una vez
más renacerán en sus cuerpos y con un poder de orientación
sin precedentes, comenzarán a correr soltando carcajadas en búsqueda
de su propio yo.
Bibliografía
Tratado de la Historia de las religiones e Historia de las creencias
religiosas, Mircea Eliade
El lenguaje de la diosa, Marija Gimbuta
De la seducción, Jean Baudrillard
El arte de amar, Erich Fromm
El libro de Lillith, Barbara Koltuv
La diosa Hebrea, Raphael Patai
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