Vivir después del 11-M

Por José Cervera, jcervera@iname.com

Dentro de 20 años la vida habrá dado muchas vueltas
En cuatro lustros los coches que hoy conducimos nos parecerán tartanas; los ordenadores que utilizamos y nuestros móviles de hoy nos parecerán artefactos arqueológicos; nuestras ropas y peinados de última moda serán pasto de la nostalgia, y apenas recordaremos los programas que vemos ahora en televisión (¿Crónicas Marcianas?, ¿ése no era en el que se encerraban en una casa?). Pero en un sentido muy real dentro de veinte años seguiremos viviendo en el día después del 11-M.

Será un mundo más estrecho, paranoico y oscuro que el de hoy, marcado por una guerra sin final que apenas acaba de comenzar, por la amenaza aleatoria de la muerte y por las medidas de protección que exigiremos y tomaremos. Dentro de veinte años el megaterrorismo puede haber colocado contra las cuerdas a los estados, provocando un proceso de balcanización, privatización y obsesión por la seguridad que hará descender a muchas sociedades al borde de la anarquía. O quizá los ataques puedan reducirse a un número tolerable que no implique más que una era de control policial. Esto es un vistazo al futuro, el lugar donde pasaremos el resto de nuestras vidas. No va a gustarnos.

La protección de la vida

El primer deber de un Estado, aquel que le da sentido y lo define, es la protección de la vida y hacienda de sus ciudadanos. Porque el Estado nos protege, le cedemos el monopolio de la violencia legal; porque el Estado impide que otros nos ataquen, nos desarmamos y renunciamos a cuidar nosotros de nuestra vida por nuestros medios. Un Estado que es incapaz de proteger a sus ciudadanos no tiene sentido.

Los Estados, como han demostrado el 11-S y el 11-M, no pueden proteger a sus ciudadanos en la Era del Megaterrorismo, definido como asesinatos con elevado número de bajas civiles provocados por pequeñas células autónomas coordinadas muy someramente mediante medios modernos de comunicación y con objetivos vagos y demandas irrealizables. El Megaterrorismo es un síntoma de un proceso más general de globalización y reparto del poder que proporciona a pequeños grupos el poder de matar a mucha gente. Visto el éxito de los actos megaterroristas cabe esperar que otros con cuentas pendientes contra algún país concreto, Occidente, o sencillamente La Sociedad, adopten estos métodos multiplicando los ataques.

La dimensión del Megaterrorismo

Candidatos no van a faltar: el mundo tiene cientos de gobiernos, no todos cuerdos; miles de grupos étnicos, culturales o religiosos que se sienten (o se imaginan) oprimidos; decenas de miles de mafias con intereses comerciales; centenares de miles de empresas que limitan con estas mafias; y millones de furiosas personas sin futuro candidatas al lavado de cerebro y la inmolación.


Contra el Megaterrorismo los Estados tienen muy pocas opciones. Pero eso no les va a impedir luchar. De modo que se empeñarán en defendernos, y los ciudadanos pediremos (no; exigiremos) que lo hagan lo mejor que sepan o puedan; con sus limitadas posibilidades hay una serie de medidas que puede predecirse tomarán los estados, más tarde o más temprano. Es un mecanismo de relojería mortífero y exacto.


Para intentar predecir y evitar los ataques los Estados deberán recabar y procesar más información, reforzando sus sistemas policiales, aduaneros y de inteligencia. Menos privacidad. Para dificultar los ataques, los Estados tomarán medidas de protección en lugares públicos bordeando la militarización. Más policía, aduaneros, militares, espías. Para negar a los posibles atacantes la existencia de grupos étnicos afines donde esconderse, los Estados controlarán y limitarán los flujos migratorios. Más leyes de Extranjería.

Para disuadir y castigar a los terroristas

Los Estados endurecerán las leyes y los castigos en ellas contenidos. Más leyes Antiterroristas. Para enfrentarse a atacantes globales los Estados colaborarán con los Estados o entidades que puedan ayudar, y empeorarán sus relaciones con los que no puedan ofrecer ayuda, en ambos casos sin tener en cuenta su carácter (dictaduras, democracias, mafias, sectas...). Más Unión Europea, EE UU, Latinoamérica, Rusia, China, India, Israel, países árabes; menos Magreb, África y Tercer Mundo.

Todo esto tendrá su coste en el ámbito económico. Estas medidas significan más gasto en defensa, policía y espionaje, lo cual reducirá el dinero disponible para obras públicas, educación e investigación y aumentará la presión impositiva. La confianza en el futuro se resentirá, lo que bajará la inversión. El menor flujo de inmigrantes empeorará el mercado inmobiliario y reducirá la fuerza de trabajo, lo cual repercutirá en la crisis de la Seguridad Social. El descenso del turismo de todo género supondrá un fuerte impacto, sobre todo en la economía española, muy dependiente. Más crisis económica.

Más control

En otras palabras: habrá mucho más control de los individuos por el Estado, en términos de información y de represión de comportamientos, en un entorno de crisis económica abierta o latente. Y no porque el estado se fortalezca, sino para paliar su debilidad.


Esta misma debilidad hará que los que económicamente puedan adopten medidas privadas de autoprotección, desde usar lo menos posible los transportes públicos hasta aislarse en urbanizaciones blindadas protegidas por verdaderos ejércitos de mercenarios. Si los ataques siguen, todos los que dispongan de algo de dinero tratarán de comprar la seguridad que el Estado no pueda proporcionarles. Lo cual derivará en una mayor tensión, al dividirse la sociedad en capas con distinto nivel de seguridad.


En presencia de ataques sucesivos cabe predecir una reactivación del racismo contra 'el moro'. El endurecimiento de la legislación de extranjería y la contundente aplicación de penas de expulsión, no serán suficientes. El aumento de la xenofobia dará lugar a que los inmigrantes de origen magrebí se recluyan en ghettos, con sus propias dinámicas de marginación social y odio al país receptor. Cabe esperar también el recrudecimiento de la tendencia a la sustitución de los magrebíes por europeos del Este y latinoamericanos, y la consolidación en el Estrecho de la Fortaleza Europa.

Baja tolerancia

En cuanto a la política no cabe esperar diferencias en esta lucha entre los principales partidos. La presión a este respecto será muy elevada, y la tolerancia muy baja. Cuando un ayuntamiento no consigue que los autobuses vayan bien la gente vota al otro; cuando un gobierno no impide que le vuelen a uno camino del trabajo, es cuestión muy distinta. Las fuerzas de la izquierda aprenderán a amar las medidas de protección y aborrecer a los inmigrantes, endureciéndose; desde el gobierno es fácil. En las fuerzas de derecha, dependiendo de la evolución a corto plazo del Partido Popular, cabe pensar en el nacimiento de una extrema derecha 'a la europea', marcada más por la xenofobia que por el recuerdo del franquismo, quizá con una escisión por la derecha.


Dentro de veinte años llevaremos versiones retro de la ropa que llevamos hoy, pero viviremos en un mundo diferente; más pequeño, más oscuro y temeroso, más polarizado. Y por encima de todo, menos seguro. El Megaterrorismo nace de la globalización, la revolución en las comunicaciones y el debilitamiento de los Estados que estos fenómenos provocan. No es probable que los Estados, debilitados, consigan acabar con esa amenaza. Habrá que inventar algo nuevo, algo capaz de protegernos. No sabemos qué estructura sucederá al Estado, pero sí que cuando las estructuras políticas mueren, las guerras son largas, confusas, y feroces. Estamos en guerra, la guerra del fin de los Estados; una guerra sin frentes ni ejércitos donde los civiles somos la carne de cañón. Son los tiempos que nos ha tocado vivir. Tiempos terribles. Tiempos interesantes.

Son los tiempos de después del 11-M

Las Medidas concretas, serán:

. Nueva Legislación Antiterrorista
Más días de custodia policial
Más pinchazos en las comunicaciones
No a las tarjetas SMS prepago anónimas

. Nueva Legislación de Extranjería

Eliminación de la bolsa de inmigrantes ilegales
Procedimientos de expulsión rápidos y contundentes,
Menos refugiados, menos legalización de familias.
Draconianos controles en el Estrecho y Canarias

. Mayor control
Controles en las entradas a medios de transporte y concentraciones de gente (estadios, conciertos, fiestas)
Controles aleatorios en las calles
Ejército en la custodia de blancos 'sensibles' civiles, (nucleares, factorías químicas y refinerías, embalses, aeropuertos, estaciones, puertos)

. Mayor inversión
Policía, Guardia Civil, resto de las FSE
Ejército, infantería, capacidad de proyección internacional
Inteligencia, reforma y ampliación del CNI