Dentro de 20 años la vida
habrá dado muchas vueltas
En cuatro lustros los coches que hoy conducimos nos parecerán
tartanas; los ordenadores que utilizamos y nuestros móviles de
hoy nos parecerán artefactos arqueológicos; nuestras ropas
y peinados de última moda serán pasto de la nostalgia,
y apenas recordaremos los programas que vemos ahora en televisión
(¿Crónicas Marcianas?, ¿ése no era en el
que se encerraban en una casa?). Pero en un sentido muy real dentro
de veinte años seguiremos viviendo en el día después
del 11-M.
Será un mundo más estrecho,
paranoico y oscuro que el de hoy, marcado por una guerra sin final que
apenas acaba de comenzar, por la amenaza aleatoria de la muerte y por
las medidas de protección que exigiremos y tomaremos. Dentro
de veinte años el megaterrorismo puede haber colocado contra
las cuerdas a los estados, provocando un proceso de balcanización,
privatización y obsesión por la seguridad que hará
descender a muchas sociedades al borde de la anarquía. O quizá
los ataques puedan reducirse a un número tolerable que no implique
más que una era de control policial. Esto es un vistazo al futuro,
el lugar donde pasaremos el resto de nuestras vidas. No va a gustarnos.
La protección de la vida
El primer deber de un Estado, aquel que le da sentido y lo define,
es la protección de la vida y hacienda de sus ciudadanos. Porque
el Estado nos protege, le cedemos el monopolio de la violencia legal;
porque el Estado impide que otros nos ataquen, nos desarmamos y renunciamos
a cuidar nosotros de nuestra vida por nuestros medios. Un Estado que
es incapaz de proteger a sus ciudadanos no tiene sentido.
Los Estados, como han demostrado el 11-S y el 11-M, no pueden proteger
a sus ciudadanos en la Era del Megaterrorismo, definido como asesinatos
con elevado número de bajas civiles provocados por pequeñas
células autónomas coordinadas muy someramente mediante
medios modernos de comunicación y con objetivos vagos y demandas
irrealizables. El Megaterrorismo es un síntoma de un proceso
más general de globalización y reparto del poder que proporciona
a pequeños grupos el poder de matar a mucha gente. Visto el éxito
de los actos megaterroristas cabe esperar que otros con cuentas pendientes
contra algún país concreto, Occidente, o sencillamente
La Sociedad, adopten estos métodos multiplicando los ataques.
La dimensión del Megaterrorismo
Candidatos no van a faltar: el mundo tiene cientos de gobiernos, no
todos cuerdos; miles de grupos étnicos, culturales o religiosos
que se sienten (o se imaginan) oprimidos; decenas de miles de mafias
con intereses comerciales; centenares de miles de empresas que limitan
con estas mafias; y millones de furiosas personas sin futuro candidatas
al lavado de cerebro y la inmolación.
Contra el Megaterrorismo los Estados tienen muy pocas opciones. Pero
eso no les va a impedir luchar. De modo que se empeñarán
en defendernos, y los ciudadanos pediremos (no; exigiremos) que lo hagan
lo mejor que sepan o puedan; con sus limitadas posibilidades hay una
serie de medidas que puede predecirse tomarán los estados, más
tarde o más temprano. Es un mecanismo de relojería mortífero
y exacto.
Para intentar predecir y evitar los ataques los Estados deberán
recabar y procesar más información, reforzando sus sistemas
policiales, aduaneros y de inteligencia. Menos privacidad. Para dificultar
los ataques, los Estados tomarán medidas de protección
en lugares públicos bordeando la militarización. Más
policía, aduaneros, militares, espías. Para negar a los
posibles atacantes la existencia de grupos étnicos afines donde
esconderse, los Estados controlarán y limitarán los flujos
migratorios. Más leyes de Extranjería.
Para disuadir y castigar a los terroristas
Los Estados endurecerán las leyes y los castigos en ellas contenidos.
Más leyes Antiterroristas. Para enfrentarse a atacantes globales
los Estados colaborarán con los Estados o entidades que puedan
ayudar, y empeorarán sus relaciones con los que no puedan ofrecer
ayuda, en ambos casos sin tener en cuenta su carácter (dictaduras,
democracias, mafias, sectas...). Más Unión Europea, EE
UU, Latinoamérica, Rusia, China, India, Israel, países
árabes; menos Magreb, África y Tercer Mundo.
Todo esto tendrá su coste en el ámbito económico.
Estas medidas significan más gasto en defensa, policía
y espionaje, lo cual reducirá el dinero disponible para obras
públicas, educación e investigación y aumentará
la presión impositiva. La confianza en el futuro se resentirá,
lo que bajará la inversión. El menor flujo de inmigrantes
empeorará el mercado inmobiliario y reducirá la fuerza
de trabajo, lo cual repercutirá en la crisis de la Seguridad
Social. El descenso del turismo de todo género supondrá
un fuerte impacto, sobre todo en la economía española,
muy dependiente. Más crisis económica.
Más control
En otras palabras: habrá mucho más control de los individuos
por el Estado, en términos de información y de represión
de comportamientos, en un entorno de crisis económica abierta
o latente. Y no porque el estado se fortalezca, sino para paliar su
debilidad.
Esta misma debilidad hará que los que económicamente puedan
adopten medidas privadas de autoprotección, desde usar lo menos
posible los transportes públicos hasta aislarse en urbanizaciones
blindadas protegidas por verdaderos ejércitos de mercenarios.
Si los ataques siguen, todos los que dispongan de algo de dinero tratarán
de comprar la seguridad que el Estado no pueda proporcionarles. Lo cual
derivará en una mayor tensión, al dividirse la sociedad
en capas con distinto nivel de seguridad.
En presencia de ataques sucesivos cabe predecir una reactivación
del racismo contra 'el moro'. El endurecimiento de la legislación
de extranjería y la contundente aplicación de penas de
expulsión, no serán suficientes. El aumento de la xenofobia
dará lugar a que los inmigrantes de origen magrebí se
recluyan en ghettos, con sus propias dinámicas de marginación
social y odio al país receptor. Cabe esperar también el
recrudecimiento de la tendencia a la sustitución de los magrebíes
por europeos del Este y latinoamericanos, y la consolidación
en el Estrecho de la Fortaleza Europa.
Baja tolerancia
En cuanto a la política no cabe esperar diferencias en esta
lucha entre los principales partidos. La presión a este respecto
será muy elevada, y la tolerancia muy baja. Cuando un ayuntamiento
no consigue que los autobuses vayan bien la gente vota al otro; cuando
un gobierno no impide que le vuelen a uno camino del trabajo, es cuestión
muy distinta. Las fuerzas de la izquierda aprenderán a amar las
medidas de protección y aborrecer a los inmigrantes, endureciéndose;
desde el gobierno es fácil. En las fuerzas de derecha, dependiendo
de la evolución a corto plazo del Partido Popular, cabe pensar
en el nacimiento de una extrema derecha 'a la europea', marcada más
por la xenofobia que por el recuerdo del franquismo, quizá con
una escisión por la derecha.
Dentro de veinte años llevaremos versiones retro de la ropa que
llevamos hoy, pero viviremos en un mundo diferente; más pequeño,
más oscuro y temeroso, más polarizado. Y por encima de
todo, menos seguro. El Megaterrorismo nace de la globalización,
la revolución en las comunicaciones y el debilitamiento de los
Estados que estos fenómenos provocan. No es probable que los
Estados, debilitados, consigan acabar con esa amenaza. Habrá
que inventar algo nuevo, algo capaz de protegernos. No sabemos qué
estructura sucederá al Estado, pero sí que cuando las
estructuras políticas mueren, las guerras son largas, confusas,
y feroces. Estamos en guerra, la guerra del fin de los Estados; una
guerra sin frentes ni ejércitos donde los civiles somos la carne
de cañón. Son los tiempos que nos ha tocado vivir. Tiempos
terribles. Tiempos interesantes.
Son los tiempos de después del 11-M
Las Medidas concretas, serán:
. Nueva Legislación Antiterrorista
Más días de custodia policial
Más pinchazos en las comunicaciones
No a las tarjetas SMS prepago anónimas
. Nueva Legislación de Extranjería
Eliminación de la bolsa de inmigrantes ilegales
Procedimientos de expulsión rápidos y contundentes,
Menos refugiados, menos legalización de familias.
Draconianos controles en el Estrecho y Canarias
. Mayor control
Controles en las entradas a medios de transporte y concentraciones de
gente (estadios, conciertos, fiestas)
Controles aleatorios en las calles
Ejército en la custodia de blancos 'sensibles' civiles, (nucleares,
factorías químicas y refinerías, embalses, aeropuertos,
estaciones, puertos)
. Mayor inversión
Policía, Guardia Civil, resto de las FSE
Ejército, infantería, capacidad de proyección internacional
Inteligencia, reforma y ampliación del CNI