LA   RED



¡VIDEOJUEGOS PSICODÉLICOS AL PODER!
Raúl Duque

Mucho antes de la invención del ciberespacio ya existían los psiconautas, avezados pioneros en el arte y la ciencia de experimentar en carne (y psique) propia compuestos alucinógenos o alteradores de la conciencia. El libro de Enrique Ocaña El Dionisio moderno y la farmacia utópica repasa los perfiles de pensadores del siglo XX interesados en los poderes visionarios de la ebriedad farmacológica. Huxley, Jünger o Henry James investigaron y escribieron sobre las propiedades de estas sustancias y su capacidad de convertirnos en locos sagrados, de descubrir el yo más íntimo que ni siquiera sabemos que llevamos dentro.
http://www.muscaria.com/moderno.htm


Sin embargo, y al contrario que las aventuras ciberespaciales, anunciadas y vendidas desde todos los espacios comerciales posibles, el viaje interior está prohibido si el billete es una substancia química. Las autoridades consideran que el autoconocimiento es peligroso, o al menos merecedor de cortapisas mientras su prohibición pueda conllevar también la eliminación de esa "lacra social" (por usar el tópico) que es la drogadicción más lumpen y miserable. Y sin embargo, ¿no será al revés? ¿No es posible que la propia prohibición sea la que convierta al uso de drogas en un peligro social?

Esta pregunta de debate de colegio, la formula y responde el economista práctico Thomas Friedman, galardonado con un Premio Nobel, en su libro On Liberty and Drugs. El texto de portada lo resume perfectamente: "Cómo las leyes de prohibición de las drogas desencadenan la mitad de todo el crimen violento y contra la propiedad". Y es que los gobiernos con sus leyes criminalizan al consumidor: Si la droga es criminal, sólo los criminales la consumen. (http://laissezfairebooks.com/product.cfm?op=view&pid=CU5863)

Dice Friedman que el problema de la prohibición de las drogas es fundamentalmente un problema moral: "Es un problema moral que el gobierno vaya matando a diez mil personas. Es un problema moral que el gobierno esté convirtiendo a criminales a gente que está haciendo algo que usted o yo puede que no aprobemos, pero que no hace daño a nadie más". Ésa es la clave.

Pero no todo es Jauja en el reino virtual del ciberespacio. Muchos hay que creen ver adicciones donde no las hay, y fabrican relaciones de causa y efecto mediante estudios con metodologías espurias. Cada vez más voces se levantan hablando de la peligrosa "adicción a la red", o de la relación entre los videojuegos y el crimen violento. Periódicos y noticiarios televisivos, que ven amenazada su tasa de cuota mental en el la imaginario de los consumidores, propalan estas mentiras pseudocientíficas desde sus espacios supuestamente informativos.

Menos mal que aún quedan psiquiatras de la talla de Juan Alberto Estallo. Su libro Videojuegos: Juicios y prejuicios (Planeta) es un soplo de aire fresco en el panorama moralizante que nos asola. Las conclusiones de este estudio, publicado en 1995, desmienten el mito según el cual los niños que juegan a videojuegos son más violentos e insociables que el resto. Vale la pena rebuscar en saldos y puestos callejeros para tener un argumento incontestable ante los críticos de los videojuegos violentos. Como muestra, una cita de la introducción: "Con excesiva frecuencia se alerta de hipotéticos peligros, muchas veces de forma superficial y esgrimiendo argumentos que por manidos no resultan especialmente firmes".
(http://www.geocities.com/HotSprings/6416/)

En sus páginas en la red, Estallo arremete también contra los observadores alarmados por la "adicción a internet" o la "adicción a los videojuegos". Dice Estallo: "cualquier actividad que se pueda realizar puede reportar efectos negativos. Por ello deberemos plantearnos si similares cantidades de tiempo se invirtieran en un deporte o en la afición a la filatelia, constituirían éstas un motivo de preocupación".

"De la piel pa dentro sólo mando yo", decimos mientras tanto los usuarios de todo tipo de alteradores de la conciencia, desde el Tempest 3000 y Rez (los mejores juegos para Playstation desde el punto de vista psicotrópico) hasta el agua de regaliz. Porque los videojuegos también tienen ese poder mágico y enteogénico de hacernos salir de nuestros cuerpos cansados y observar una realidad distinta. Como la música, o la literatura. Pronto, quizás, revistas como El Mercurio, dedicadas a los estados alterados de la conciencia, tengan su propia sección de videojuegos, como los suplementos supuestamente juveniles de los periódicos de los viernes.
(http://www.mercurialis.com)

Lo que no es probable es que esos suplementos traigan una sección de cata de cannabis, pese a los iluminados esfuerzos de algunos políticos. La que hasta hace poco fuera principal responsable de la lucha anti-droga en el Reino Unido, Mo Mowlam, ha propuesto la legalización de todas las drogas por los mismos motivos que esgrimía el amigo Friedman. Lástima que haya esperado hasta estar fuera del gobierno.
(http://news.bbc.co.uk/1/hi/uk_politics/1955789.stm)