Por un breve período allá
por los años 80 la capital y rompeolas de las Españas
sufrió una breve indigestión de libertad que dio
lugar a una edad de bronce de las artes nacionales. O eso dice
la leyenda; en aquellos días gigantes poblaban la Tierra
(Almodóvar, Alaska, Berlanga, Vega, Banderas, los Auserón,
etc, etc, etc y etc). Colocados ya en el panteón los supervivientes,
La Movida está demostrando ser más fértil
como veta de nostalgia que jamás lo fue como época
creativa.
La dictadura acababa de terminar
y en Madrid era alcalde “el que no esté colocado,
que se coloque” Tierno Galván, y una generación
entera de provincianos que en el mejor sentido del término
se emborracharon de libertad, alcohol (y otras golosinas) y noche.
Al término de lo que se dio en llamar La Movida Madrileña
había un puñado de canciones de mérito, algún
que otro cineasta camino del polioscar o actor camino del olimpo
hollywoodiense, miles de exposiciones de “yo estuve allí”
y un generalizado aroma a nostalgia. Por no citar decenas de cadáveres,
algunos más o menos exquisitos y otros anónimos;
los guerreros de la noche que emplearon su talento más
en las fiestas que en ninguna manifestación artística
perecedera.
Ciertamente una búsqueda en Google de “movida madrileña”
nos garantiza que tal cosa existió; una encuesta en Popes80
arroja el resultado de que el 79,49% de 260 votantes está
convencido de ello. Aunque habría que cualificar las respuestas,
porque: ¿lo creen?, ¿estaban allí? o ¿simplemente
se dejan llevar por la periódica marea de libros/discos/exposiciones/ciclos
de conferencias en las que los supervivientes de aquellas fiestas
nos cuentan una y otra vez lo jóvenes y creativos que eran?
Afrontémoslo; hoy La Movida ha pasado a ser el negocio
de la nostalgia. Quienes éramos jóvenes entonces
escribimos ahora en lo periódicos o dirigimos (dirigen)
televisiones o emporios de moda. El recuerdo de nuestras alocadas
juventudes puede, previa transformación en mito, transformarse
en rentable origen de innúmeros productos de agradable
consumo. Además de poder ser utilizado para golpear en
la cabeza a las sucesivas (y actualmente jóvenes) generaciones,
al grito de “esto ya no es lo que era” y “cuando
yo era joven sí sabíamos divertirnos...”.
Véase si no: Carlos Berlanga en Teacuerdas.com, una página
web especializada en los tiempos de Cuéntame como pasó
que poco a poco extiende su emporio nostálgico hacia territorio
movida. Otros artículos son críticas de libros,
dudando del concepto (la crítica, no el libro) o soflamas
modelo abuelito cebolleta en las que sólo falta el “si
me hubiéseis visto entonces”.
Creativamente nos quedan algunas películas de Almodóvar,
algunas canciones de los Secretos, Antonio Vega y Radio Futura,
las fotografías (y los fotógrafos) de aquellas espléndidas
fiestas... y el decadente y sofisticado aroma de la nostalgia
al por mayor.
Internet, el campo más fértil para la creación
en el día de hoy, está lamentablemente vacío
de influencias “movideñas”. Hora de mirar al
frente.
Enlaces:
Teacuerdas.com, Carlos Berlanga
http://www.teacuerdas.com/nostalgia-musica-berlanga.htm
Alaska, Reina de la movida
http://www.satiria.com/libros/anus_2002/sumario/sumario_musica_alaska.htm
Entre la nostalgia y la duda en Terra
http://www.terra.es/joven/articulo/html/jov1880.htm
Nostalgia sin paliativos
http://inicia.es/de/todolomalo/MovidaMadrid.htm
¿Realmente existió la Movida Madrileña?
http://www.popes80.com/opinion7.htm