La vieja división
entre izquierdas y derechas está ya superada. A nadie le
importa ya quién sea el propietario de los medios de producción.
Incluso el enfrentamiento entre autoritarios y libertarios empieza
a desvanecerse. La Red ha puesto en juego nuevos conceptos e ideas
que van a marcar en el futuro la política mucho más
estrechamente que estas viejas y caducas dicotomías. La
brújula política de cuatro puntos cardinales se
está quedando obsoleta. La política también
va a ser digital.
La lucha política ha estado marcada durante todo el siglo
XX y buena parte del XIX por una única cuestión:
quién es el propietario de los medios de producción
industrial. Las derechas, el capitalismo, asigna esa función
a los inversores (propietarios del capital). Las izquierdas, el
socialismo, consideraba que los trabajadores deberían ser
los propietarios (al final, el Estado). Hoy, a principios del
siglo XXI, seguimos definiendo nuestras posturas políticas
de acuerdo con este planteamiento, y hablamos de comunistas, socialistas,
socialdemócratas, democristianos, liberales, conservadores...
Siempre identificando la plataforma de un partido político
según su posición en este tema.
A lo mejor, por eso, los menores de cuarenta años tienden
a pasar de la política.
Para alguien criado delante de la televisión y del ordenador,
habituado a los videojuegos, la música descargada de Internet,
los móviles y la información instantánea
y polifacética de la Red todo esto es historia antigua,
agua pasada; equivalente a definir la política en términos
de Atenas contra Esparta, Roma contra Cartago o Grecia contra
Troya. Es otro universo.
La gente de hoy sabe que la verdad no es única, que el
universo es complejo y que la información hay que contrastarla,
analizarla y moverla. Sabe que los medios tienen intereses y que
la publicidad es ubicua, que no puedes fiarte de una proclama,
un programa o un editorial, que los gobiernos y las empresas y
los partidos y las iglesias utilizan las mismas técnicas
de gestión de la información. Sabe que la amalgama
de intereses económicos y políticos es opaca. Sabe
que quiere hablar.
La política del futuro estará marcada por otro
eje: la propiedad de los medios de comunicación.
Hoy se está empezando a librar esa batalla. Las discusiones
sobre qué es qué, sólo disimulan las apenas
veladas intenciones de controlar el acceso a la publicación
en Internet, de decidir quién tiene y quién NO tiene
derecho a escribir en la Red. Las leyes de propiedad intelectual
del pasado, absurdamente sacadas de contexto en busca del control
y del lucro, se están utilizando para coartar la publicación
de información perjudicial (el Caso Diebold es un ejemplo
cercano), para atacar nuevos modelos de negocio (SCO contra Linux),
para tratar de limitar la habilidad de las redes de intercambiar
información (la RIAA contra el P2P).
La gente mira, y ve que por escuchar música intentan
meterte en la cárcel; que por decir la verdad intentan
dejarte sin voz; que por una gamberrada te tachan de terrorista,
que las nuevas formas de empleo son ignoradas o, aún peor,
abortadas de raíz; que por jugar te llaman asesino, que
por utilizar un móvil te llaman adicto, que por no comprar
periódicos te llaman analfabeto. Que al gobierno establecido,
en todas partes, esto de Internet de entrada le parece mal.
Y para cada vez más gente “esto de Internet”
no es un juguete, no es un pasatiempo; es su vida.
Los políticos, mientras, hablan de planes de fomento y
de sus páginas web.
Pero no se plantean los verdaderos problemas: eliminación
de las barreras legales a la publicación, apertura de las
leyes de propiedad intelectual para favorecer la creación,
transparencia gubernamental completa, adaptación de la
interactividad a la democracia representativa, facilidad de establecimiento
de negocios en la Red, desaparición de cualquier forma
de censura o control de contenidos, reducción del precio
de acceso a la publicación, fiscalización del uso
de información privada (por empresas y gobiernos)... Tantas
y tantas cosas que podrían preparar a la sociedad en su
conjunto frente a un inminente futuro que para muchos es ya presente.
Es tiempo de política digital.
Enlaces
La opinión (y el resultado) de Pjorge en la Brújula
Política
http://www.pjorge.com/archivo/2003-06-01/
La original Brújula Política
http://www.politicalcompass.org/