LA   RED



Sin fronteras, sin materia, sin trabajo: la economía del mañana
José Cervera, jcervera@iname.com

Cuando las fronteras no existen, la información sobra, su flujo está abierto y la materia ha sido domada, el mundo es un lugar muy extraño. Donde los países no existen, la economía es absurda y el trabajo un juego.

Donde hay recursos escasos existe una economía. Si falta algo, ese algo se transforma en valioso por mor de su ausencia; la comida en tiempos de escasez, el agua en las sequías, el oro donde no hay minas... El trabajo en las fábricas decimonónicas, el capital inversor en las Bolsas y la demanda para el comercio son ejemplos de recursos escasos. Durante el siglo XX el petróleo se ha transformado de curiosidad turística en causa de guerras y revoluciones, por su relativa escasez. Cuando de algo hay poco es necesario repartirlo de alguna manera, y a las formas de reparto las llamamos economía.

Hay economías de mercado, financieras, socialistas centralizadas, corporativistas, de guerra y de muchos más tipos, de acuerdo con quién decide de qué manera se reparte el recurso escaso. La gran lucha de los siglos XIX y XX enfrentaba dos formas de repartir los medios de producción, el recurso más escaso de la época; el capitalismo pretendía que los inversores decidiesen, mientras el socialismo le daba esa potestad a los trabajadores. Lo importante era controlar lo que era poco abundante: las factorías, las refinerías, las fundiciones. La lucha de clases era una lucha por el alma de la máquina.

Mucho antes de eso, desde el principio de los tiempos, uno de los recursos más escasos fue la información. Porque la información es la riqueza final; un nuevo sistema de extracción de hierro u oro puede literalmente cambiar la economía mundial. Una nueva forma de forjar una espada hace a tu ejército súbitamente invencible; un nuevo punto de emboscada para bisontes hace a tu tribu rica en carne. Saber a tiempo dónde está el enemigo gana batallas; conocer cuándo el rey del reino vecino está enfermo sin descendencia gana imperios. La información, la más ligera e impalpable de las mercancías, siempre ha sido la más valiosa, porque era la más escasa.

De hecho su escasez era su valor: careces de cualquier ventaja si el enemigo tiene la misma espada, la tribu de enfrente conoce el mismo apostadero o el reino del otro lado está enterado de la situación del rey enfermo. La información es muy útil, pero sólo si la tienes tú y los demás no; la información más valiosa es la información privilegiada. Hasta tal punto que en ciertas circunstancias es delito usarla (en la Bolsa).

Ya no más. El mundo que Internet propicia es un mundo sin información privilegiada; un mundo donde todos los datos están disponibles para todos. Donde el reto no es disponer de la información, sino encontrarla y entenderla; un mundo de análisis.

Difícil de creer, ¿verdad? Pero ya se dispone de prototipos de impresoras de materia; máquinas que son capaces de construir cualquier objeto material a partir de un diseño inmaterial. Son toscas precursoras de lo que vendrá; por medio de la nanotecnología será posible en la práctica fabricar por un coste material mínimo cualquier objeto, con cualquier tipo de estructura interna. ¿Necesitas un móvil? Te bajas el diseño de la Red y te lo construyes. Necesitas una impresora, un tóner especial y, sobre todo, un diseño.

En ese momento todos somos Nike; lo importante es el diseño y la marca, no la fabricación de zapatillas. Y diseño y marca es información.
Y la información quiere ser libre/gratis.

Las redes P2P modelo Napster no sólo han acabado con el negocio de la edición en cualquiera de sus formas; pronto habrán acabado con una fase histórica. La lucha por poseer los medios de producción, que serán abundantes y por tanto carentes de valor, como el polvo, será pronto una extraña e incomprensible moda del pasado. Si la materia no importa y lo único que existe es la información; si el flujo de la información no es controlable (y por tanto, no se puede cobrar), ¿cuál es el recurso escaso? ¿Qué vale en la economía del mañana?

El verdadero valor estará entonces en la gente. Los diseños y la construcción serán ubicuos y valdrán muy poco: lo único que seguirá siendo escaso (y por tanto, valioso) será la mente capaz de crear, diseños y máquinas que los conviertan en realidades. La mente humana y el talento seguirán siendo escasos, y por tanto valiosos.

Pero si la persona es el máximo valor, entonces el trabajo tal y como se entiende hoy desaparecerá. Porque aquello que es valioso, si además es consciente, establece sus propias condiciones. ¿Quieres el producto de mi cerebro? De acuerdo: A mi precio. Es el fin del trabajo de Rifkin; el punto final a "ganarás el pan con el sudor de tu frente".

Porque si yo controlo, decido en qué trabajo cuándo y cómo... ¿se puede llamar a eso trabajo?

Y sin economía, escasez o trabajo... ¿En qué clase de mundo vamos a vivir?

Enlace
La economía de la información y todo lo que supone
http://www.sims.berkeley.edu/resources/infoecon/
Impresoras de materia, ya en prototipo
http://www.newscientist.com/news/news.jsp?id=ns99993238
Jeremy Rifkin, finalizador del trabajo
http://www.nationalcenter.org/dos7126.htm