Por Paco Obrer
pacoobrer@yahoo.es
Nos provoca risa o escándalo que ese chulo
austriaco gane unas elecciones, pero aquí piden en el nombre
de la responsabilidad que votemos de nuevo, como si fuéramos
votantes clonados y acríticos, en medio de la corruptela
y la falsificación de la democracia. Llevamos muchos años
debatiéndonos entre dos opciones que en realidad son casi
lo mismo, cuando se descubre que el partido que gobierna, desde
tiempos de Girón, es el del ladrillo neo-mudéjar.
¿Entonces, qué sucede? Pues que hay que votar de nuevo.
Hasta los buenos de los Rectores nos llaman a las
urnas, como si esto fuera la Mesta en lugar de la universidad. Reflexionemos
antes sobre lo que está pasando.
Puestos a elegir, que es de lo único que
al parecer se trata, prefiero un Schwarzenegger a un Tamayo, que
está lleno de michelines y ha pasado al otro bando para huir
del comunismo y seguir esnifando polvo de ladrillo. Y no critico
sólo a su fantasmagórico y burlesco nuevo partido,
sino al que lo incluyó en sus listas también. Prefiero
un Scwarzenegger a un Robledo de Tejada, que no se sabe muy bien
en qué casa de fotocopias trabaja, pero que al parecer merece
todo el boato del otro gran partido. Tal para cual.
¿Puedo preguntar cuántos Tamayos
durmientes habrá en la próxima Asamblea de Madrid
o en el Parlamento?
¿No deberíamos debatir a fondo la
falsificación de la democracia en lugar de pedir que votemos
a nuestros Schwarzeneggers? ¿Es que lo sucedido en Madrid
o en Marbella o en el País Vasco no merece una reflexión
de nuestros intelectuales? ¿Nos da igual que pueda repetirse
lo sucedido sin preguntarnos por las causas?
Necesitamos una catarsis democrática. Y
ello pasa quizá porque los electores nos plantemos y dejemos
de legitimar al actual estado de partidos.
"Por el ladrillo hacia Dios, salvo el dinero
todo es ilusión": ése es el verdadero slogan
de este reino de especuladores de pata corta en que se está
convirtiendo nuestro sacrosanto sistema.
Existen regímenes que funcionan hasta con
un payaso en el poder, entre otras cosas porque, como he explicado,
el verdadero poder no lo tienen los payasos, que hacen su trabajo
y punto. Puestos a elegir políticos, los que mandan de verdad
(en la Comunidad de Madrid, en California y en todas partes) están
escogiendo actores de primera fila, cantantes de boleros o generales,
que son más disciplinados y se trabajan mejor el sueldo.
Pero incluso a éstos hay que votarles de nuevo.
Volviendo a Arnold, dicen que es un violador de
electoras y algo de eso hay. Pero el marketing (y los imagólogos)
han hecho de él un candidato progresista de la Nueva Era.
Tiene narices. Aquí nos escandalizamos, pero la ciudadanía
parece que no tiene derecho a abstenerse de votar ladrillo de derechas
o ladrillo de izquierdas, lo que equivale un poco a que nos den
por saco. Esto es una opinión, tan respetable -y quizá
menos ilusa- que la de creer que van a cambiar las cosas en un sistema
sin verdadera división de poderes, sin ningún mandato
representativo y sin capacidad de autocrítica. Lo de la Comunidad
de Madrid no ha provocado ni una sola seria reflexión sobre
la enfermedad del régimen ni entre los que viven para enseñar.
Bravo. Preferimos mirar a California cuando aquí el horno
está que arde, con permiso de nuestras autoridades académicas.
"Hasta los buenos de los Rectores nos llaman
a las urnas, como si esto fuera la mesta en lugar de la universidad.
Reflexionemos antes sobre lo que está pasando."
"Necesitamos una catarsis democrática.
Y ello pasa quizá porque los electores nos plantemos y dejemos
de legitimar el actual Estado de partidos."
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