OPINIÓN



PACO OBRER ZAPATERO

 

Dicen que no ha hecho otra cosa que servir al pueblo, que perdió su juventud en el Congreso de Diputados: Ecce homo.

Salió de la facultad de Derecho con un pie en el coche oficial y tiene en el armario un Catedrático que le escribe conferencias ¡Si Prieto levantara la cabeza! De tarde en tarde, como para matar el tedio, Solchaga se le posa en el hombro como un loro borracho, acariciándole la oreja con sus tentaciones neoliberales y trilateralinas.

Es un fruto joven y viejo del poder constituido. Zapatero lleva camino de jubilarse de procurador en Cortes o de presidente de Endesa, a lo Martín Villa: con entierro oficial lleno de fantasmones vestidos de azul chófer...

Parece un sucedáneo de político, como por otra parte lo son todos en estos tiempos; un serio administrador más de la estricta gobernanta que pide este pueblo. Zapatero en la familia socialista equivale a un Indalecio Prieto de la Nueva Era, a un Indalecio Prieto light. Llano, demasiado moderado y ligeramente inclinado: como un ciprés misterioso y grave del que salen esos ojos de abubilla sorprendida in fraganti. Con esas pupilas de astronauta soviético, que dan mucha confianza.

Y luego está su sonrisa, esa sonrisa que no tiene el otro, que no tiene el feo. Esa sonrisa de chupar pezones que conquista a las madres. Esa sonrisa que lo llevará al poder.

Zapatero ganará, y lo hará a golpe de dimisiones y paciencia, de alfombrilla, de cupones de la ONCE, de café con leche y churros en la cafetería del Congreso: de mucho consenso y álmax. Pero también ganará por su mayor simpatía y porque sus niveles de concentración de ácido úrico son menores que los de la derecha. Y porque es godo.

Lo que choca en el personaje, es que con esa carta astral de funcionario Zapatero hable de socialismo libertario y venga defendiendo la sociedad civil. O sea, a nosotros: los que no somos políticos, ni afiliados, ni funcionarios, ni curas, ni militares, ni sindicalistas, ni ONG´S, ni rentistas de ínsula bancaria alguna. Zapatero, a quien no se conoce gesto ni obra ni palabra ni pecado alguno fuera del microcosmos del poder y del salón kity de los representantes del pueblo, ahora resulta que es libertario como Durruti, también leonés.

Pienso en ti, Zapatero -que para eso me pagan-, y no acabo de ver tras la bola de cristal la claridad de los cielos de tu infancia libertaria. No llego a reconocerte tras la anodina máscara ¿Quién eres? ¿A quién sirves?