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Taxidermia grasienta, autómata de propulsión alcohólica, el nuevo
Zar ya no es lo que era. En siete años, Rusia ha acabado con este
hombre. Con dos botellas de vodka diarias y varias chicas trepadoras
a las que pellizcar, el cuerpo del autómata ya no se sostiene. Es
un cuero de aquellos aparatchik de los setenta: hinchado de responsabilidad
se evade en globo. Yeltsin es como la cosa, pero sin pilas. Al verlo
tenemos la impresión de que el elefante se va a desplomar matando
unos miles de chechenos o aplastando alguna virgen secretaria desnuda
sobre la cama del Zar ¿Existió alguna vez alguna secretaria virgen?
Yeltsin ya no puede correrse, y por eso ha dejado el puesto de
mando al luciferino Putin. Yeltsin está casi peor que el Papa, lo
que pasa es que Juan Pablo lleva una vida como más vegetal y menos
animal que el Zar. Pero es significativo: el caso es que cuando
el aparato funciona no deja descansar a los guiñoles. Pobres gobernantes.
Los espectáculos de los últimos tiempos en la tramoya rusa puede
que no se repitan, quien de verdad manda en Rusia así lo desea.
-Es un escándalo, repiten las sombras. Que se vaya.
Pero el autómata que frenó la revolución del 91 encima de un tanque
y llenó el suburbano de cadáveres de patriotas rojos, debe quedar
inmune y, por supuesto, rico.
¿Quién si no va a querer jugar al paripé de gobernar en Rusia mientras
los fantasmas de las finanzas evaden trillones?
Hay dos poderes en Rusia. Uno es invisible y carece de rostros:
el llamado complejo militar industrial. El otro lo conforma la cuadrilla
de mandones personificados que rodean el kremlin. Autores y actores
del nuevo poder ruso parecen haberse puesto de acuerdo. Hay que
jubilar al viejo gorila asesino. Huele demasiado mal, él y la putita
liberal de su hija. El pueblo, mientras tanto, pide dignidad colectiva,
estupidez patriotera y sangre de jóvenes legionarios degollados
por el petrodólar teocrático yanqui-checheno.
En Occidente parece que hay quien está muy cabreado por lo de Putin
porque demuestra que Rusia es tramoya y no anarquía.
¿Podrá la Santa Rusia dejar algún día de ser un circo donde la
vida cuesta nada y se aprende el Rock and Roll? ¿Cumplirse el tercer
secreto de Fátima? La verdad es que lo dudo. Putin no es un hombre
carismático, es otra marioneta. A mi se me antoja un poco rata de
laboratorio, construido para salvar a Rusia gracias a los bombazos
de los servicios secretos. Todo un desesperado intento de mantener
un imperio colosal amenazado en su integridad por los piratas anglo-talibanes.
Putin, me temo, es un juguete aburrido.
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