OPINIÓN



PACO OBRER Taxidermia de Umbral

 

Por Paco Obrer
elobrer@hotmail.es

Entre tanta hagiografía, alguien tendrá que decir la verdad sobre Umbral. Alguien de fuera del cortijo, no sea que el señorito le mande con su madre de vuelta, a servir en provincias. Para eso estamos.

Me ha tocado a mí el encargo, forense del último cadáver exquisito de la cultura española. Moi, taxidermista de las letras, que ya he disecado muchos pájaros que cantaban casi tan bien como ese  artesano mudéjar de la columna del XX llamado Umbral.

Lo peor, vaya por delante, no es Umbral, sino la plaga de topillos umbralianos que se nos viene encima con la desaparición del genio.

Umbral era un macarra ilustrado vestido de Dandy. La expresión “macarra ilustrado” encantaba al finado, y es de Eduardo Martínez Rico, tertuliano y estudioso del difunto.

Umbral tenía algo de Larra casado, con pensión y  seguridad social franquista, lo que ya es postromántico. Umbral era un Valle desarrollista, un antropólogo en alpargatas y un literato genial que cabalga entre los prosistas de la falange y los novísimos. Cada célula de  Umbral es también la zurraspa de Quevedo, la chispa de Valle, el afilador de Ruano y el pistoletazo de Gecé. Polvo quemado, más polvo enamorado. Las cenizas de Umbral pesaron cinco kilos por la misma causa que ahora los linces están amenazados por la tuberculosis. A Umbral le salva  de su circunstancia el spleen o la melancolía con la que sobrevuela la paticortez de la raza. Por su mirada libre pasaron cincuenta años de la cultura y el poder en España;  pues Umbral fue el insumiso rojo que acaba siendo un muerto liberal, lo que muchos no perdonan ni en el tanatorio.
Junto al nicho de Umbral se retrataron las dos españetas. No ha hecho falta ninguna consigna – la consigna fue muda- para la vergonzosa deserción de la Mesta progre en el póstumo homenaje. La derecha comegamos no dejo de ir por la misma razón: querían oler al muerto como a uno de los suyos. Muchos tontos tienen una foto con don Paco como si fuera una fiera amaestrada. En medio de esa feria de vanidades, un poco perdidos, los amigos de la tercera España.

El columnista es un escritor con eyaculación precoz, una puta de las letras que ahorra columna a columna sin terminar de dar nunca un braguetazo con la palabra. Esa cosa obrera de la columna diaria tiene algo de masonería de los ingenios. La dependencia de las letras de los periódicos (y de la política) en España viene del XIX y es cada día más asfixiante. Siempre he pensado que los intelectuales nos vendemos barato y nos morimos sin dar la lata. Hoy el columnista aspira a ser un literato con vistas  -como lo era Umbral- pero se suele quedar en francotirador político.

Umbral es hoy un difunto al que conocí meando por las paredes del cuarto de baño de Bellas artes. Me miró desafiante como un ciervo en la berrea  y nos saludamos con un gesto de borrachos de Solana. Después lo entrevisté y filosofamos sobre la decadencia. Dedicó unos piropos a esta revista y dijo menoreramente que le ponían mucho las universitarias con camisa azul… Pasaron los años, y cuando volví a encontrarlo con su querido Raúl del Pozo era ya una taxidermia, pero de águila imperial. Por primera vez, ante mis ojos, asomaba la bondad por sus plumas. E impresionaba. ¿Habrá vencido el amor al odio dorando las uvas el karma de Umbral?

La fama, que es tirana para todos, ya nada puede sobre Umbral. La vanidad calla cuando llega la parca y deshace la máscara. El fantasma de Umbral se despidió entre silencios y aplausos, loas y rencores. La mala estrella de un joven futbolista eclipsó su último telediario. El pueblo ama a los héroes y olvida a los filósofos. La masa es siempre culpable, ¿pero de qué?

Umbral muere alucinando bodegones, sorprendido por la mano de quien todo lo pinta. Umbral: ¿Las uvas doradas son caricia de luz postrera o simple empeño por la obra bien hecha? ¿Y no es lo mismo?

Busco un epitafio y no encuentro uno mejor: Aquí yace un macarra ilustrado; cuarto y mitad de España.
Tras la rosa aparente del tiempo se esconde el jardín donde florecen los imaginarios de Umbral.

Umbral fue el insumiso rojo que acaba siendo un muerto liberal, lo que muchos no perdonan ni en el tanatorio.