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pacoobrer@mixmail.com
El mejor bufón, es el bufón del pueblo. Un bufón
demócrata, que para eso hicimos la Revolución Francesa
y ganamos el derecho -antes reservado al Monarca- de tener cómicos
a nuestro servicio.
No tiene parangón como fenómeno mediático.
Es el jefe de una compañía de frikis, el amo de una
corrala de gallos donde se organizan peleas de perros abandonados
y subastas de pechugonas despechadas entre pinceladas de antropología
de diván y etología de votante. El espectáculo
está garantizado y el pueblo se mira cada noche el pómpis
en su espejo cóncavo.
Ahora que se tiende a prohibir el maltrato de los animales la tele
tira de famosos para sus peleas, y la cosa resulta un poco repetitiva,
aunque a esas horas lo difícil es pensar y es mucho mejor
darse una vuelta por el circo, sobre todo cuando el circo nos lo
traen a casa como si fuera una telepizza de cuatro quesos (Matamoros,
Boris, Mis Tetas y la sexóloga de turno).
No sé yo si ha contaminado más el Prestige o el Sardá,
porque aquí lo que se contamina es la mente de los conejos
duracell (antes espectadores). Le suben a uno la bilirrubina por
la noche y luego todo le parece soso como una cuaresma y no hay
tía con pecho suficiente, ni bujarrón con salero,
ni aristócrata chuleta, ni chica nihilista, ni crimen sangriento
que pueda conmovernos. Este chico terminará por convertirnos
en un pueblo con priapismo a plazos. Pensaremos, como Frank G. Rubio,
que el mundo es una grabación, que nos han borrado la memoria
y que todo obedece a un plan concebido, cuando lo que pasa es que
la televisión nos ha quitado las vitaminas y oligoelementos
necesarios para seguir pensando por nuestra cuenta. El Jet Lag made
in Sardá tiene al país anestesiado por las mañanas;
todo nos parece poco real después de las noches toledanas
del Sardá. Sardá ejerce de domador simpático
para que no se lo coman las fieras: anda entre galleta y látigo
y a veces se le ve un poco cansado (como a todos) de tanta noche
de circo. Sardá es un estornino de pueblo, comido por la
boa de la fama.
Lástima que Valle-Inclán no haya podido ir a su programa
a sacarle un ojo en un duelo.
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