|
PACO OBRER
|
SALIR DE LA SACRISTÍA
|
Aquellos pellizcos de monja se han convertido
en posesiones pornográficas, en poluciones nocturnas, en curas
que salen de la sacristía, en ataques indiscriminados a monaguillos
y a niñas vírgenes con campanillas.
Ya sé que es malo generalizar, ya sé que una parte de
la Iglesia sigue siendo asexuada por convicción (amojamante)
y está en su derecho y es de respetar. Pero sorprende que no
haya semana en que no leamos que algún miembro de la Iglesia
comete actos contra el sexto mandamiento, con especial repugnancia
y alevosía. ¿Qué está pasando entre los
faldones del clero?
El mismo Papa parece sentir asco ante semejante espectáculo,
y algo de eso ha tenido que decir ya. Toda la industria informativa
del escándalo se ha puesto en marcha sin que exista para ello
ninguna conjura pagana y sí mucho morbo. Es como si el Decamerón
hubiera vuelto a los conventos. Como si el destape hubiera llegado
tarde y a lo bestia a la Iglesia. Como si tanta represión hubiera
sofisticado el mal, en lugar de erradicarlo. Una suerte de morbo ataca
a los curas con especial virulencia. Volviendo de Roma en avión
pude observar el juego de miradas y parlanchines entre un sacerdote
de gimnasio y rayos uva (me confesó su amor por la palestra)
y unas malignas azafatas.
Que me perdone la Iglesia, pero el espectáculo que está
dando se lo tiene merecido por dar lecciones de sexo para niños
sin que nadie se lo ordene. Un respeto a la libertad. Esto no tiene
que ver nada con el demonio. La represión es el preludio del
esperpento. El cilicio precede al sadomaso. Es ley de vida. Querer
hacer místicos a todos lo oficinistas (curas) que en el mundo
son es un error gravísimo. Sublimar no está al alcance
de cualquier pajillero.
Es como cuando el Partido Comunista (que ha sido la otra gran Iglesia
en este siglo, también en descomposición olorosa) pretendió
que sus jerarcas vivieran como obreros. Ya sabemos como acabó
aquello y su Gulag mata anarcas. Cuando uno es humano (demasiado humano)
no debe jugar a ser un dios, hombre nuevo y otras gilipolleces. Eso
es desconocer la naturaleza humana. Y luego pasa lo que pasa.
Hubo un tiempo en que la Iglesia fue refugio de gentes perseguidas,
y eso explica lo de salir de la sacristía. Lo demás
es una vieja historia de morbo y represión. Que se lo digan
si no al curita de Iberia y a las azafatas juguetonas.
Obrer@mixmail.com
|
|