OPINIÓN



PACO OBRER
ROSA (Y GUALDA)

 

Obrer@hotmail.com

No hay inquisición estética ni educación del gusto. Por eso los horteras vuelan, las gordas cantan y España se levanta. El espectáculo patriotero y soez de Eurovisión ha hecho más daño a nuestra imagen internacional que veinte huelgas generales y siete puertohurracos. Es lo más hortera y fétido que se ha visto en los últimos años. Una sociedad anestesiada a la que ponen música, pachanga y lucecitas para que engorde, produzca y sea feliz. Estas técnicas del aznarismo fueron testadas con éxito en los gallineros alemanes durante los años treinta.

Rosa -joven cobaya del nacionalismo español- es una chica buena con problemas de talla; pero también la viva imagen de una generación sin complejos, alimentada con buenos piensos compuestos, pavipollo trufado y música de Concha Velasco; lo que siempre ayuda a superar el trauma de una posguerra cruel, famélica y beatorra. Rosa es la matria y Aznar la patria.

Tampoco hace falta tomarla con la buena chica, que es la menos culpable de lo que han montado a su alrededor Uribarri y otros Goebbels del aznarisno; tampoco matar a la paloma mensajera, entre otras cosas porque la pobre buchona puede suicidarse a golpes de frigorífico después de su fracaso debido a "la conspiración antiespañola".

Rosa (y gualda) encarna aquello que Valle decía: España es una deformación grotesca de la civilización europea.

Quizá en tiempos del genial Valle Inclán existía dicha civilización, pero ahora sólo hay que ver Eurovisión para entender lo que pasa. Tampoco desentonamos como en tiempos de Peret. Aunque la palabra hortera es típicamente madrileña y no tiene traducción exacta a otra lengua, los horteras constituyen holgada mayoría en todos los países de Europa.

Europa se ha convertido en un enorme hospital feminista para ancianos, bebés desquiciados, siervos del supermercado y espaldas mojadas. Por una vez, puede decirse que somos europeos en ese gran parque temático donde trabajan los payasos Chirac, Berlusconi, Blair y Schroeder. Eurovisión es la patria eterna o imperio carolingio donde quieren ir a parar Arzallus y los suyos, Puyolín y Beiras. Hacer el ridículo patriótico y conservar la etnia a golpe de cha-cha-cha es el sueño de cualquier minipatriota.

Pero no se preocupen "los españoles auténticos", porque ahora le toca a la selección nacional de fútbol y ésta vez la dirige el mismísimo tío de la bota. Estoy viendo ya los próximos titulares del Marca: Decepción, Aún hay esperanza y... No pudo ser.