OPINIÓN



PACO OBRER Petra Belén

 

Parece mentira lo que da de sí la sociedad española. Dicen que la Policía es la institución más valorada de este país, lo que es decir demasiado. Un país que quiere más a su Policía que a sus maestros o sus jueces, sus carteros o a su Rey es un país de gente peligrosa. Aquí todos vivimos bajo sospecha. La inquisición está más viva que nunca. Cuando se adora la porra y las medallas se la acaban metiendo a uno por donde le quepa. Ahora resulta que están de moda esas series-espejo donde los españolitos disfrutan viéndose a sí mismos mientras pierden la verdadera vida delante de la pantalla, sustituto de emociones reales, como si, por otra parte, no estuviéramos ya hartos los unos de los otros. Incluso el rito del bar o la salida del Instituto, hasta el primer polvo ha sido sustituido por la tele... Bajo esta premisa no podía faltar una comisaría, tan presente en la tragedia del ciudadano medio, verdaderamente desprotegido por otra parte. Y así nació su protagonista: Petra Delicado. Hasta el nombre sabe a marrón.

Lo de Ana Belén en esta serie tiene mérito: de niña de película franquista pasó a musa roja y yeyé, y ahora nos la devuelven en plena menopausia policial. Nada menos que de inspectora, de castradora del mismísimo Santiago Segura, quien parece haber dejado de ser marginal para convertirse en un madero pedante, cursi, feo y quien sabe si impotente. Todo por un plato de lentejas. Era más libre Torrente, y desde luego mucho más real y hasta más guapo. El papel de policía pijo y cristiano de base de esta serie, que para colmo de la Justicia se llama Garzón, no convence a nadie. Telecinco se ha cargado al marginal por excelencia y a la musa roja ¿No llevaría Ana Belén dentro de su alma una comisaria comunista? Si entendemos este doble asesinato de falsos actores entenderemos a dónde apunta el tedio de nuestras vidas, bajo la eficaz mediocridad azulona del teletubi Aznar. La serie es un viva las cadenas televisado, pasto de plebe...

Ahora resulta que la Policía se ha vuelto humanista y usa perfume, que los marginales tratan a la gente de usted, que hasta los delincuentes son sentimentales y buenos. Este culebrón rusoniano es la obra didáctica más porculizante de los últimos años: huele a corrección política y a calzoncillo usado de Víctor Manuel, a Consenso, a epifenómeno orweliano celtibérico, a viejo cartel electoral del PSOE donde los perros, los globos y los niños juegan a la sombra del gendarme. Imitando a otras televisiones hemos hecho un producto hortera y aburrido que no se creen ni los propios actores. Así ha salido.