OPINIÓN



PACO OBRER PEDRO: EL ESLABÓN PERDIDODOV

 

viendo a Pedro Ruiz uno sospecha que Darwin tenía razón. La similitud entre ciertos humanos y ciertos animales es pasmosa. Es posible, hiperbolizando a Unamuno, que un tití sea capaz de resolver una ecuación, pero ello no implicará necesariamente que sea capaz de buscar la inmortalidad. Otra cosa es la fama. Cada día hay más animal famoso en la viña del Señor. Baroja se preguntaba, antes de tener que matar a su perro Thor, por qué tantos hombres parecían animales y, sin embargo, tan pocos animales parecían hombres. La diferencia aparente entre Picasso y un macaco es escasa. Lo mismo entre Aznar o la mofeta, Guerra o la tenia solitaria, Almeida y un sapo, Tocino o una rana de San Antonio, Arzalluz y un jabalí, Mitterrand o la hiena, Clinton o un prepucio: Mismos planos de una evolución inacabada donde uno construye su gesto, alma y papel para poder integrase en el bestiario.

El simpático Pedro comenzó de cronista deportivo, pero la evolución le llevaría a lo más alto del cocotero. La visión de sí mismo le hizo trepar por las ramas de la gloria y el caché: un antropomorfo narcisista, pecho lobo y todo lo demás. Apenas con la cilindrada de un ciclomotor en el cráneo, ¡y cómo triunfa!. Luego sedujo a La Cantudo - hoy taxidermia - con unos piropos conceptistas. Era el gran Pedro que iba de Show en Show, diciendo grandes verdades contra el poder. Hasta quiso practicar la balada y, claro, se pasó de listo. Carrillo lo hubiera fusilado hace cincuenta años. El PSOE prefirió mandarle al inspector de hacienda, que es como que te fusilen si hacemos analogía de lo que decía Maquiavelo. Todo eso, grandeza y miseria, más la orfandad intelectual de Aznar, han hecho que vuelva este luchador a la tele. No digo que no tenga o merezca éxito el monosabio. La llegada de Pedro a la pequeña pantalla significa, inequívocamente, que el Titanic va bien.

El arjé del programa de Pedro consiste en despiojar a las clases dirigentes, sus amigos, en su lado humano, demasiado humano. Gente bien que saluda al pueblo desde el retrete público televisado. Un séquito espectador que practique la telepatía, el onanismo, la antropofagia con nuestra oligarquía sexual, política o económica. Una vez más, la Tele como educadora de votantes, de seres obedientes, mansos.

Pedro recibe su premio metáfora en forma de cacahuete, su programa mata el rato. Lo que equivale a asesinar la vida sorbo a sorbo. l