Por Paco Obrer
pacoobrer@yahoo.es
Aunque el portero de mi casa está muy preocupado
con la unidad de España, lo más notorio que ha pasado
por el inconsciente colectivo de la piel de toro en los últimos
años es la Pantoja.
Dicen que tiene que salir del armario, pero yo
creo que lo que tiene que hacer es salir del Museo del Jamón.
No es que sea un jabugo, sino más bien un buen morcón
de pienso y pocilga mediática. Pero el pueblo en ondas ha
perdido el paladar, contaminado por tanto serial venezolano de tóxica
y hortera hispanidad. La hispanidad ha pasado de ser una paja franquista
a una franja horaria de televisión y una división
en Irak.
La Pantoja, digo, es el icono más poderoso
del pueblo español, el arquetipo más notorio, según
las encuestas. Si usted pregunta por los famosos a los españoles
le dirán en primer lugar el nombre de esta folclórica
con caderas de Virgen berroqueña: La Pantoja. No unos pocos,
sino casi todos. Los celtíberos hemos interiorizado la imagen
que tienen los turistas de nosotros mismos, lo que es la leche.
Así llevamos camino de convertirnos en un pueblo tópico
hasta las cachas si no lo remedia el bendito desarraigo
Me pregunto si esta jamona no será una
reencarnación de la dama de Baza o de la Bicha de Balazote
con bigote. España ha sido siempre un poco coño y
ella es la imagen de cierta fertilidad mediática, pero eso
no lo explica todo. Con la imposición del gusto neomudejar
por parte del franquismo y sus herederos, aquí parece que
los únicos españoles son los que llevan peineta, pasean
por el rocío orinando en cualquier esquina y sacan la bandera
de los Estados Unidos cuando vence su partido las elecciones.
A uno no le extraña que esa burguesía
de cuello gordo bizkaitarra se esté rebelando contra está
oleada de españosis que nos invade por doquier. Al igual
que Lola Flores nos representaba ante los guiris esta Pantoja es
la española por narices o por cojones. En su mostacho prende
hasta un fósforo de los pirineos (aquellas cerillas con palo
de pino)
La Pantoja está a años luz por encima
de la popularidad del Rey, Zapatero o Sardá, y por supuesto
de los petardos horteras de la O.T. Yo creo que entre otras cosas
porque es perdiz y codorniz escabechada de libertad y amoríos
grotescos. Su eros es carne de cotillas, y su paseo con el fenecido
mulo que iba de alcalde de Marbella ha hecho las delicias de nuestro
pequeño Holliwood.
No conozco una sola amiga que se parezca a la
Pantoja. Esto es lo más misterioso. No se muy bien a quién
representa, sino al hortera de la raza.
Su momia, sin embargo, no llamaría la atención
en el arqueológico. Hay que nombrarla monumento nacional,
para que un día los antropólogos nos digan que coño
era eso de la Pantoja.
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