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I.- OTEGI: EL BUEY LUNAR
Menudo papelón le ha tocado. Es el que da la cara por la muerte,
que no es poco. Oyéndole da la impresión de que no entiende nada,
que no se ha parado a pensar en tanta barbarie o que vive en otro
planeta. ¡Euzkadi y libertad! En el nombre de la patria y del socialismo
se cometen siempre las mayores fechorías. Y los hombres no aprendemos.
Si éstos de EH no practicaran un fascismo aborigen serían ciertamente
una curiosidad de la tierra -antropológicamente ya lo son-. Pero
su majestad la muerte amenaza la libertad más elemental, que es
la de vivir. A Otegi, no todos los vascos lo ven como la voz de
la muerte con pasamontañas, con la que otros identifican a Oreja
o a Galindo. Al contrario que la mayoría de españoles -más pegados
tal vez a la ubre primigenia- muchos vascos lo ven de otra manera.
Y es que Otegi, bien mirado, tiene algo de marimacho sin destetar,
de semental oriundo y eros de la tierra que pone cachonda a la peña.
El medio pendiente y las camisetas ajustadas le dan un aspecto de
permanente revolcón, de antorcha de pólvora húmeda que gotea espesa.
Es como si le hubiésemos pillado empalmado en alguna fechoría y
de repente se pusiera serio, flácido, convincente, aplastante, razonador
a su modo. Justificando lo injustificable. En rueda de prensa.
Ellos saben lo que quieren y no reparan en medios ni en crímenes
para conseguirlo, y a Otegi le toca explicarlo con un pie en la
cárcel y el otro en el Gobierno Vasco. Pero Otegi está totalmente
convencido de lo que dice. El muy buey es así... Lunático y matriarcal.
Yo he llegado a pensar que algunos vascos son de verdad de otra
raza, porque la que están montando para tener una estrella más en
la bandera de Europa y poder mandar un hombre de la tierra a Eurovisión
no merece la pena. Como lo de esa concejala-payasa, a la que ahora
han declarado enemigo público número uno "los demócratas de
toda la vida" por no sumarse a la condena de la última cobardía
de la banda y por llevar gafas de discípulo de Sartre. Como si un
payaso pudiese condenar a una organización terrorista. A golpes
de terror, hay que decirlo, todos estamos perdiendo el norte.
A Otegi le votarán aborígenes, marginales y casqueros. Pero también
idealistas con boina, nacionalistas en vena y hasta muchos miles
de ciegos con buena fe. Tiene que haber de todo, y mucha endogamia
es lo que hay.
EH representa el misterio del nacionalismo radical en un mundo
sin señas de identidad. Una fuerza que, cuando se apodera de aquello
que los románticos llamaban el alma colectiva del pueblo, no conoce
exorcismo y sí guerra y dolor.
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