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PACO OBRER
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OPERACIÓN TRIUNFO
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Las gordas vuelan,
los feos resplandecen y las porteras lloran. Españeta es una
cebolla rosa con el culo llorón y amarronado. O. T. es la cosa
más hortera que los españoles hemos hecho en siglos,
y por eso se exportará a mansalva como si de unas muñecas
cagonas, cantarinas y lloronas valencianas se tratara. Hay que remontarse
al tardofranquismo, a Manolo Escobar o a Karina, para encontrar algo
así. La culpa es de la caridad. La culpa es del mal gusto.
Con la excusa de la competencia, el buen rollo y el sentimiento a
flor de piel se están montando un show orwelliano en medio
de una tele letal. Esos chicos son los monos amaestrados del aznarismo.
Por eso nos identificamos con ellos, porque somos un pueblo de desgraciados
y sometidos. La jaulita de la tele, la fabriquilla de sueños,
nos hace enormemente felices y consumistas. De la tele al curro, y
del curro a la tele. Y de ahí al tanatorio.
En Españeta importa más la vida del prójimo que
la propia. Esa coña de la honra, ese fantasma de la fama, son
cosas de un pueblo de natural tonsura y desgracia secular que es envenenado
por la TV a diario.
Los españoles hemos entrado en la Era de Acuario de la mano
de la ortopedia: cualquier pecho es sustituible, cualquier gorda abutarda
es fina paloma, cualquier telonero es artista con ayuda de los efectos.
Ésta es la patria de Perales y José Luis Cobos.
O. T. es el triunfo sonoro y rotundo de la mesocracia tocha de la
raza, de la democracia medieval y del hijo del vecino. O. T. somos
todos y por eso nos gusta hasta potar, a los muy fijodalgos, pueblo
de musiquetas y tambores del Almanzor con azafatas en pelotas.
Estos chicos no cantan, la Academia es una mierda, hacen un conjunto
de arreglos que harían andar a un paralítico. Y a eso
lo llaman selección darwiniana. Una bufa y un asco.
La clave del triunfo de esta Operación Trepanadora hay que
hallarla en siglos de caridad nacional. Sólo desde un alma
deformada por el mal gusto podemos creernos algo de lo que sale allí.
Eurovisión, ese museo de cera que quieren rehabilitar, es una
escuela de limítrofes que hay que suprimir. Los etarras matan
por poder ir un día a Eurovisión con la ikurriña
en el taparrabos, que es el sueño de todo pueblo feo al que
no hacen caso. Por esa Eurovisión pasea la peste y la baba
de Europa envenenado a los niños turcos, que son los únicos
que todavía confían en ella. El sentimentalismo es peor
que la cicuta.
Obrer@mixmail.com
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