|
II.- MAYOR
En el imaginario colectivo de la España actual, Mayor es el gran
guardabosques. Otra cosa es el imaginario vasco, donde a pesar de
ser oriundo no se le perdona haber hecho oposiciones a Ministro
de España, pues allí sigue flotando la idea de que Madrid corrompe.
Bien es cierto que no hay un imaginario vasco, sino por lo menos
dos: Jung tenía que haber hablado del imaginario constitucionalista
y del otro, más cercano a Zugarramurdi que a ningún otro sitio,
pero muy arraigado en aquellas tierras.
Lo de aquella tierra, tan enamorada de lo propio, digo que es francamente
extraño. Por un lado, los nacionalistas dicen que no es para tanto,
pero meten quinientos ertzainas a vigilar la boda del hijo de Arzalluz.
Por otro, una minoría comprometida va siendo eliminada sistemáticamente
por los matarifes de ETA ante una sociedad casi siempre impávida.
Cuando los lloros y sufrimientos de los que no comulgan con el
nacionalismo se han dado a conocer (antes se los enterraba a escondidas
y sin obispo) la cosa a comenzado a cambiar poco a poco. Creo sinceramente
que España llega tarde, y la cosa puede acabar peor de lo que está.
Pero en estas circunstancias históricas tenía que surgir un paladín
popular y he aquí el fenómeno Mayor. A esa ilustre minoría que nació
el siglo pasado con los caballeritos de Azcoitia -los enemigos
de don Carlos-, pertenece el gran guardabosques. Un tipo bonachón
al que confiaría uno hasta su hija, un grandote valiente y un Cid
transgénico a este lado del Ebro. Pero si cruzamos el río, el coloso
(que resulta ahora que no es de Goya) se transforma en un gendarme
gigantesco y un delegado que a muchos del lugar no place y que los
furtivos temen.
Este estrabismo de país esquizo es lo que no quieren ver en Madrid,
que ya venden la piel del guardabosques sin haber ganado en las
urnas.
Lo del matrimonio de Mayor con Redondo es raro. Buey Redondo da
la mano como si fuera un enfermo de colon, y aunque el más lúcido
de todos en esta guerra inconfesada, su partido tiene querencia
guerracivilista y siempre está pensando en unirse al PNV para volver,
una y otra vez, a ser traicionado.
Así que sólo una victoria absoluta de PP Y PSOE podría entregar
el poder al buey Mayor. No creo que ello llevara a una intifada,
porque la situación de los nacionalistas radicales no es desesperada
ni mucho menos, y no van a dejar de comer chuletones con palo en
las fiestas ni de fabricar tornillos.
Otra cosa es desterrar la mentalidad caínita revolucionaria de
una parte de la juventud quemada y frustrada. Llevan miles de años
-Caro Baroja lo explicó- poniéndose capuchas. Tenemos absurda muerte
para rato.
|