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PACO OBRER
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EXORCISMO LE PEN
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El día cinco de mayo, extraña broma, encontré
en mi buzón una carta con un sello lacrado en el que podía
distinguirse un ojo sobre una nube en forma de mapamundi. Al abrirla
pude leer lo que sigue:
"Querido ciudadano: Ahora que la comedia ha terminado oficialmente
podemos hablar con franqueza. Necesitamos monstruos como Le Pen para
vacunar el sistema contra posibles y auténticos cambios. La
democracia, para el gran vigilante planetario, consiste en que el
pueblo no se equivoque al votar y ratifique situaciones de hecho depositando
en las urnas el voto adecuado. Lo demás puede ser demagogia
y pertenece a períodos de la humanidad felizmente superados.
Por supuesto, como usted sabe, esto no fue así siempre, y ello
provocó en el pasado situaciones desagradables y cambios sociales
imprevisibles que el moderno gobierno mundial tiene la obligación
y el deber de evitar. Si el resultado es inaceptable, para eso están
los medias, la moral pública, el escándalo, los fácticos,
el idealismo, la dignidad y lo que haga falta. De momento no ha sido
necesario sacar los platillos volantes. Todo para el pueblo, pero
contra el pueblo si fuera preciso, como establecieron nuestros grandes
padres fundadores.
Estos quince días han sido unas maniobras generales que demuestran
cómo son manejables las opiniones y qué bien obedecen
nuestros díscolos políticos, que todavía se dejan
embaucar (sin querer entender su función), por el espejismo
de la soberanía y el pueblo. El que la mayoría absoluta
de los franceses se haya apartado del guión de siempre en primera
vuelta ha supuesto algo que no estaba previsto, ciertamente, y contra
lo que hemos tenido que usar el más potente antídoto.
Este ejercicio, si fuera necesario, es aplicable a otros países
de Europa. Apenas unos pocos intelectuales se han atrevido a pensar
por su cuenta en este asunto, y gracias a ello los disidentes han
salido de la madriguera y ahora sólo hay que ponerles una inyección
certera sobre el amarillo círculo.
Una suerte de exorcismo cívico y democrático, os decía,
ha hecho posible el orden en la segunda vuelta. Da igual que exista
una alta abstención y que millones de ciudadanos no acepten
lo que nos interesa si podemos reconducir la situación. El
miedo ha funcionado contra el miedo, pero hay que estar atentos. La
vieja coalición ha hecho posible que nuestro sumiso guiñol
monsieur Chirac viva otros cinco años obedeciendo a sus señores
naturales. Jospin, al cabo, ha demostrado ser un inútil extroskista
al que había que neutralizar con un poco más de troskismo.
La izquierda, salvo excepciones que habrá que reprimir a fondo,
se ha vuelto obediente y sumisa en la pequeña batalla que se
le ha encomendado. Le Pen, el gran fantasma, puede todavía
sernos útil, por lo que hemos decidido darle un poco de oxígeno
para que pueda servirnos de nuevo con la eficiencia e ignorancia habituales.
La disidencia, querido ciudadano, está felizmente controlada.
La democracia (sonría usted conmigo) está a salvo. Viva
la democracia".
Una serie de graves advertencias para que no publicara esta carta
despedían la misiva, que no contenía firma alguna.
Obrer@mixmail.com
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