OPINIÓN



PACO OBRER JESÚS MARIÑAS: EXPULSADO DEL PARAÍSO

 

Como la serpiente a Eva, así sabe interesarnos Don Jesús Mariñas: Arcipreste de moderna hita, ventrílocuo de sociedad, práctico de censuras y maestro de corrala. Anda la Inquisición cerca de cazarlo y prohibir definitivamente su programa, por inmoral y atentatorio contra las buenas costumbres, según nos dicen. Digo yo que su programa tiene derecho a vivir, y no precisamente porque esté en peligro de extinción éste o aquel reptil, ésta o aquella maruja, aquél o el otro clítoris. No, su programa es refinada salsa de un orden social podrido, monarquía de paletos y todo eso en que ha convertido a España tantos años de felipismo.

Se dice, por parte de las fuerzas de regreso, que no hay mentidero donde no husmee, buscando la carroña, el bueno de Jesús. Como si España no estuviera dispuesta a ser corrompida por el ofidio. Teme la cometa reaccionaria que arrastra el PP, que de puro vómito rechace el pueblo a toda la tramoya sobre la que se basa el orden social. España, desarmada en su poder industrial, arrancadas sus vides y quemados sus olivos es un inmenso casino, burdel, tierra seca de una oligarquía bancaria que tiene a esos de la Jet por bufones y modelos del pueblo. En medio del secarral el estoico Aznar quiere volver a los valores mientras Fernando Sánchez-Dragó le recomienda afrodisíacos a su mujer. Aznar no consuma porque no es chulo como lo fue González. Esa es la verdad y bien lo sabe la gente de orden... por eso quieren eliminar a Don Jesús Mariñas, subversivo.

La fórmula del veneno de Mariñas es la siguiente: garra de urraca maruja española, un capazo de bulos de periodista, ojo de cristal resentido y dos gotas de channel envidia número 7. No hay braga que palpite y se le escape, al gran Jesús, hombre/mujer según ocasión, halcón o cotorra, pobre o rico. Don Jesús es hombre de vanguardia, que tan pronto suelta guillotina como se une al poder constituido. En su programa hace critica social, quizá más efectiva que los sermones de tantos otros curas rojos y negros, devoradores todos de hígados. Esta corrala tuya es fantástica, coloca a cada uno en su sitio sin esconder nada de la vieja casquería que es la humanidad.