OPINIÓN



PACO OBRER La boda hobbit

 

Hobbit demócristianos, íberos jugando a galanes y virgencitas, revuelo en Palacio de Moncloa. Se llevan a una hija de Aznar. Cuplé decimonono y orgasmo de zarzuela: España entera que se viste de boda y ortopedia. Horterada máxima.

¿Aznar dinástico? ¿ Botella de Castilla? ¿Agag, conde de Moncloa?

Dicen en el mentidero que el joven casadero es espía de Berlusconi, lo que equivale a decir que es un mafiosete que coló la cosa nostra en Moncloa, pero a mi me parece un simple trepa, de los de toda la vida, tipo Adolfo Súarez. Este es un matrimonio geopolítico.

Comprendo que han sido duros los años de esa pequeña burguesía constreñida y hasta estreñida (caravana hacia la potencia atlántica, larga lucha a los sangrientos montaraces del norte) y la tentación de colocar una hija feucha y virgen no sucede todos los días: hay que dar caldo a los pobres y repicar campanas mientras se alimentan vanidosas las llamas del pueblón cotilla, sanchopanza de transistor y caja boba. Se casa una hija y no de cualquiera...

¿Cuándo recobraremos los españoles el inquisitorial olfato para no hacer el ridículo?
Cuenta un confesor de la corte, que la idea de este matrimonio se la dió el mismísimo San Pablo a la Botella en una aparición nocturna fechada el 20 de noviembre del año 2000 por la legión de Cristo, en la que repitió sus obscenas palabras: mejor casarse que abrasarse.

¿El pecado crecía cuán hidra berlusconiana en la santa casa de los Aznar?
No puedo pensarlo. El bueno de Josemari, años atrás, tuvo que desinfectar los aposentos de González, que en su imaginario había trotado como un jeque y un chulo por el territorio de los mil culos, en una España arrastrada. Todavía, cuentan, hay un lascivo incubo sevillano por aquellas sábanas.

En tan pulcro y monclovita lugar, entre cónclave y cónclave, se decidió así parar los pies a la tentación Agag con un golpe eclesial, certero sacramento, exorcismo en casa de muñecas, magia católica. La televisión anunciaba el enlace. (Normalmente en España nadie se casa antes de los treinta y hay que acabar la carrera y ser alguién -que la niña se valga, vaya- pero no es el caso de los Aznar, más cerca del santoral que de la sociedad civil)

¿Pero quién ha podido hablar de un matrimonio dinástico? ¿Una monarquía de pata corta (monarquía de valladolid) quiere suceder a la accidentada, inverosímil y extraña cosa borbónica?

¿Una nueva dinastía de pequeños hobbit canovistas, exactos burócratas para la gestión de este parque temático al que llamamos España?

No quiero ni pensarlo. Prefiero creer que el hortera que llevamos dentro sale siempre por alguna fiesta de pueblo.

Hasta ahora los Aznar habían sido sumamente austeros. Pero lo que se avecina, me temo, es un retrato de época.