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El programa televisivo El gran hermano es la portera mediática
que echaba de menos el pueblo.
Hay antecedentes. En otros tiempos, existía aquella historieta
de tebeo del genial Ibañez llamada 13 Rue del percebe, que era como
el gran hermano pero con bata y garbanzos, pensión decente, porteros
del movimiento y serenos.
Los porteros han sido siempre policías en alpargatas, agentes del
orden desde tiempos de Maura. El propio Mayor es un poco un gran
portero y un buen guardabosques.
Este gran hermano televisivo no es otra cosa que un gran policía
invisible. Lo que pasa que el policía es siempre uno mismo, y al
pueblo le gusta ser policía de sí mismo y de paso satisfacer la
curiosidad morbosa de un enfermo comadrón. Toynbee aclaró que las
sociedades occidentales se sostienen porque la gente normal quiere
ser como sus modelos sociales o clase dirigente, haciendo girar
inconsciente la rueda del progreso. Ello explica el éxito de la
revista Hola, y así sigue funcionando parte de la prensa del pirulí
y el cunilingus. Lo del gran hermano es ya otra historia. Aquí lo
que queremos es meter las narices en el retrete del vecino, puta
y simplemente. Otra cosa es el programa invisible, del protocolo
certero de estabular a la humanidad y someterla a los dictados autónomos
de la Técnica. Heiddeger tenía razón ¿No será este programa una
prueba de esclavitud a la que nos someten los extraterrestres?
Quién no vea esta fuerza invisible y titánica de la Técnica no
entenderá nada de todo lo que pasa. Luego hay que reconocer el morbo
que produce socializar las fisiologías, el retorno a la comuna con
wc incorporado.
Los criterios de selección para este programagranja televisivo
son los mismos que para la nueva humanidad: progresismo, slips unisex,
banalidad, esterilidad, simulacro de libertad, pseudosocialismo
antiheróico, prozac y condón: no se trata de dar ejemplo, ni siquiera
de dar españolísima envidia, se trata de representar, sin saberlo,
una suerte de españoles de terrario y de regadio, que es lo que
queda de España después de su cadencia de libido noventayochista.
Cuentan que el general Cabrera, al bajar de los montes
gritaba aquello de : ¡a por ellos, que son de regadío!
Pues eso.
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