OPINIÓN



PACO OBRER ARCANOS MENORES: DON GIL

 

Esas caras de cerdo que cuelgan de los bares asturianos son el fetiche secreto de un orden nuevo. De lo más profundo de la raza emerge un tótem en la vida política española. El populismo -esa palabra prohibida que hoy persigue la inquisición- no da más de sí en España. Muy mal tiene que andar este régimen para que la gente se plantee lo de votar al GIL.

Gil dice la verdad cuando aclara que lo que quiere es meter la cuchara y que no le dejan los tres partidos de siempre. Hasta ahí estamos de acuerdo. Otra cosa es que el Gil sea antisistema. El GIL no es antisistema. El GIL es el sistema en estado puro, sin aromas ni edulcorantes ni falsas justificaciones ideológicas: Gestión, porra y bienestar. Gil tampoco es, como se ha dicho, el fascismo. El fascismo fue muerte y dominio, épica y nihilismo, Pound y Malaparte, secuestro maldito del alma de juventud. Otra cosa. Una nación decadente puede generar en todo caso un fajismo de inserso y alcapone, alpargata y guardia jurado; un fajismo y olé. Pero a Dios gracias, aquí no hay fascismo posible. Si el fascismo es imposible, dejo a mis amigos antifascistas que reflexionen solos...

Gil, digo, es por tanto otra cosa. Gil es un Aníbal hormonado que avanza con sus elefantes colonizando la costa y prometiendo felicidad, trabajo y orden. Un hombre brillantemente grotesco que no cabe en el aparato de ningún partido, donde hay que andar a cuatro patas. El "pobre" Gil no tiene ni siquiera licencia oficial para robar en nombre de unos supuestos ideales. Él mismo dice que no tiene ideología, que quiere que se cumpla la Constitución y que adora al Rey. Pero Gil, que no renuncia a su parte de la tarta, gana elecciones, contra cuyo resultado se unen antidemocráticamente el resto de partidos. Esto alimenta a cualquiera, y calienta al votante de buena fe. El peligro de Gil está en el cansancio y desprecio profundo que los españoles tienen a sus sátrapas. Dice el director de esta revista que la clase política se comporta como un intruso alienígena frente a la sociedad civil, y algo de eso hay. Me atrevo a augurar que si no lo encierra el Fiscal General, Gil tendrá un buen resultado. El felipismo puede estar contento. Pero si el Gil se consolida, ojo, podemos estar ante la tercera fuerza politica española, con guayaba y club de fútbol, mayoretes, matones, niños y globos... que acabará restando votos de todas partes, incluído el PSOE. Es posible que los sátrapas se merezcan un GIL. Que el pueblo prefiera el padrino a los alienígenas. El pueblo, no lo olvidemos, es siempre inocente.