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Marioneta de otro tiempo, la larga barba del tirano blanquea con
los años. Sus fantasmas (el protomártir Ché, el cordero degollado
de Kennedy, los gerontócratas del Kremlin, el putero Fulgencio Batista)
le rondan en una noche jurásica que pronto será eterna. Fidel es
prácticamente historia, superviviente, solo. Falta la guadaña que
libere al fantasmón de su papel y deje huérfano al pueblo.
Nuestra simpatía -la de los españoles en general por este hombre-
es una simpatía noventayochista, antiyanqui y propia de la chusma
que despidió a nuestros soldados en los puertos sabiendo que iban
a la matanza; simpatía de patriotas y también de rojos. Proviene
de una moral de ganado cegado por el ideal imposible de la dignidad
colectiva.
Detrás del titán retórico, guiñol del Caribe, se esconden las cárceles
cubanas, las torturas y la paranoia de un pueblo sometido y militarizado
a ritmo de salsa, repleto de agentes del partido que vigilan hasta
las heces de su gente.
Si eres extranjero, entonces Cuba es distinta. Un triste funcionario
calvo, enano y posmarxista del miserable Reino de España es allí
un gigante sexual del que se enamoran las bellezas más exuberantes.
Mi amol puede abrir culos al ritmo de la Internacional o de Gloria
Stefan, da igual. Otra cincuentona fea e insoportable, desahuciada
por el sindicalismo doméstico y el psicodrama parroquiano es allí
reina del porno, nabo mulato en mano. Estamos jugando a violar las
Américas con el rollo de la solidaridad y de la putrefacta hispanidad
de ocasión. Algo tiene que ver esto con la humillación sufrida por
la monja Aznar y la santa compaña de fantasmas monárquicos españoles,
en sus esperpénticos y fangosos viajes de hosteleros de la libertad.
Treinta años después, el pobre idealista del Ché es utilizado por
una agencia para hace publicidad de buena ropa, pero la Revolución
(esa palabreja llena de mentiras) ostenta su copyright internacional.
Qué chollo y qué estupor. Al otro lado del mar, los de Miami no
caen mejor, pero van de perseguidos, son exiliados, castigados que
buscan venganza montecristina.
Nuestro valleinclanesco Fidel es un tiranosaurio que, como el Franco
con parkinson o el Pinochet hospitalizado, a la vejez se viste de
abuelito chocho para dar pena, pero no hay que olvidar que tiene
centenares de presos políticos en la isla, que es una cárcel muy
digna para nuestros matarifes fidelistas de salón, pero es una cárcel,
al cabo, de una largísima y terminal dictadura. Ciertamente da asco
oir a Clinton o a Reagan reflexionar de este modo, pero eso no quita
ni una pizca de razón al argumento.
Ya sé que nuestra sociedad (me repiten mis amigos, me susurra mi
conciencia) es totalitaria de otra manera. No lo dudo. Nuestro mundo
es imbécil, pero tampoco esto justifica aquello. Me quedo donde
estoy. No me importa ser impopular. España traiciona de nuevo la
libertad abrazando con simpatía al cadáver de un siglo mientras
amasa la idea de una Transición tan viciada como la nuestra. Pobre
Cuba.
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