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Ahora resulta que los vampiros no son ni de derechas (Drácula)
ni de izquierdas (Ceaucescu). Ahora resulta que los vampiros son
de centro. El centro es una cosa muy respetable porque está vacía,
lo que siempre une mucho a la gente, el vacío digo.
Hoy está de moda meterse con Conde - los lameculos de ayer son
los linchadores de hoy- y el manteo casi se ha convertido en un
deporte nacional, alentado por quienes ostentan el monopolio del
pensamiento correcto que no es otro que el de la oligarquía o cupulocracia
de partidos, representantes casi exclusivos de la sociedad civil,
etc. También ha tenido que enfrentarse Conde a algunos de sus perjudicados
de otro tiempo, como es el caso de Jiménez-Losantos, quien ahora
lo ataca con lógica saña un poco gubernamental. A Conde se le levantan
los muertos y eso es malo. ¿Qué tiene Conde?
Conde no es simpático ni popular, ni tampoco creo que sea el Juan
March de este régimen, pues aunque se haya rodeado de periodistas
azules (a los que por cierto se ataca con ferocidad olvidando que
a nadie se le puede discriminar por su color), le faltan los cañones
de Franco y la tropa del norte de África. Tampoco está la clase
media para aventuras protestatarias, pues el comunismo en España
ya no es un fantasma, sino un espectro de parque de atracciones,
inofensivo y poco más, al que de vez en cuando se tira un cacahuete
para verle los dientes. Más populares y peligrosos parecen Gil y
lo fue Ruiz-Mateos, quien pronto recuperará parte de lo que era
suyo. Conde ya no es el gran icono, pero su cadáver público es fluorescente.
¿Hará Conde gran coalición con Gil y Mateos?
La verdad es que a Conde se le ha puesto cara de cordero que quita
el pecado de España. Parece que lo van a degollar en los altares
de la partitocracia, y cabe preguntarse por qué mientras los jefes
del GAL y casi todos los grandes corruptos del sistema están en
libertad, a él se le niega toda posible salida. Su maniobra política
y editorial - los demoliberales sabemos que tiene derecho a ambas-
es un órdago con Perote incluido a quien gobierna este país, con
guiño al felipismo, por supuesto. No sería extraño un pacto de Estado
entre Conde y otros fácticos. ¿Serán los linchadores de hoy lameculos
del mañana?
A mí, don Mario me pareció un personaje sin corazón y algo aborrecible
hasta que hicieron pira con su santo icono. Hoy es posiblemente
el personaje público más raro y maldito de España. Dicen que lee
a René Guénon y que tiene un sentido iniciático de la vida, ganado
a pulso en su celda. Sabe lo que es descomponer la luz y vivir en
un sinlugar. Cuando la sombra de su capa sobrevuela la Moncloa,
el poder se inquieta.
© Paco Obrer
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