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De toda esa invasión de italianos que viene a ligar cada verano
nos ha quedado Lequio. Lequio es a España lo que Natalia Estrada
a Italia. Natalia es el coñon más deseado de Italia, española por
los cuatro costados y tía buena donde las haya. Lequio, ¿no es el
nuevo cipote de Archidona? .
El secreto de la atracción que padecen las españolas y los italianos
hay que buscarlo en la educación: El niño es objeto de deseo en
Italia, profundamente machista, como la niña lo es en España. Por
eso es tan frecuente entrar en un cuarto de baño de una discoteca
y encontrarse a ocho italianos pintándose los ojos y ajustándose
el paquete frente al espejo, o ir a la tintorería y ver a un fulano
con acento romano que quiere que le hagan la raya en los vaqueros
y le planchen las medias. Cosas dignas de una dama española, mujer
objeto demasiado tiempo, raptada o enviada a monja hasta hace poco.
Las monjas han sido nuestra institución selectora de belleza por
eliminación.
El macho español, que es muy primitivo en general y en particular,
en el fondo desprecia la belleza propia, y enseguida se pierde entre
calvicies, grasas, pedos, farias, bodas, comuniones y culto al feo
católico, que significa degeneración barroca y desprecio de los
cuerpos, negación de la vida, que decía Nietzsche. El macho ibérico
es algo moruno y no cree necesario seducir a la vecina.
Las mujeres, que en este país han sido tratadas como yeguas, responden
con instinto y por necesidad al zalameo ajeno y enseguida se enamoran
de un italiano que habla de amor, canta con voz estreñida, se humilla
para el apareamiento y las deja tiradas. La mujer española es tan
superior al varón que exportamos belleza e importamos astas. Mientras
tanto, el machote ibérico, ahora venido a menos, inunda desconsolado
los puticlubs de carretera o se va a Cuba en pleno ejercicio de
sexo frustrante, violador y machista que viene con las bragas en
la mano del pensamiento único: follar sin fronteras es la consigna.
Al frente de este eslogan está Condelequio, el pichalunga. Sostiene
Lequio que ya le advirtieron que su enorme parecido con Alfonso
XIII le daría problemas, lo que aquí significa cuernos y odios de
los cornamentados y estupefacción y envidia de pene por parte de
los celtíberos en general.
Media España lleva muy mal eso de que se tiren a nuestras bellezonas
y damas de Baza, pero la otra media se abre de patas a ver si suena
el flautón. Para colmo, dicen que Lequio tiene grandes los atributos,
y en el metropolitano muchas lo comparan, a grito pelado, con lo
de sus novios. Pura envidia.
Lo de la foto de la gran trompa es un síntoma de insatisfacción
nacional.
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