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Las beatas del partido odian a Celia por su descaro de mujer libre.
Los sociatas, por su insumisión y su arrojo, por ser progre y no
haber sido seducida por el viejo pastor falócrata que fue González.
Un psicoanalista argentino diría que Celia -con sus odios, rabietas
y amores- encarna la contravagina de la madre superiora que gobierna
España.
Por la mañana, Celia en el parlamento se me antoja un gallo de
corrido dispuesto a sacar un ojo a quien se le ponga delante. Una
suerte de populismo con plumas. Celia es como el fantasma vengador
con la mala leche de la mujer maltratada por los siglos. Cierto
que está un poco pasada: pasada de perejíl como la almeja que no
nos atrevemos a comer en el bar de la esquina. Como la Alborch,
forma parte de los la especie de los crustáceos insinuantes metidos
a la política.
A la Celia se la están cocinando entre gobierno y oposición, con
esa receta que los franceses tienen para el faisán, que consiste
en colgar al pájaro y dejar que se descomponga tres días para que
se ablande y coja sabor.
Con esa receta para tiempos de vacas locas, el PP está dejando
literalmente colgada a Celia, que es una de las tías más listas
de España y un faisán al que quieren comerse los zapateros y el
obispo de turno.
El PP sin Celia volvería a ser la monja bigotuda de siempre, y
España no está para más clarisas, aunque esto no significa que haya
dejado de ser católica como pretendía el iluso de Azaña, del que
ya no se acuerda ni reivindica Aznar, súbdito en lugar de ciudadano.
Celia tiene la lengua depilada y eso no se perdona. Por eso impresionó
a los imagólogos que mandan en el PP y que vieron en ella una flor
con pinchos purpúreos que contrarresta el aire azulón y blanco clerigalla
del partido, nada apto para el populismo liberal, verdadero caldo
de cultivo -con hueso de cerdo incluido, según receta la Celia-
de la derecha española e iberoamericana.
Muchos españoles sin complejos ni prejuicios decimonónicos miran
con gracia y apetito a la gallina Celia. Si Teófila es el espíritu
del 1812 gaditano pasado por los rayos uva de la raza, Celia es
la miliciana liberal por antonomasia. Una de las pocas personas
del Gabinete que no encaja en el Monasterio de Moncloa.
Tal vez por ello me siento en el deber de defenderla, como cantan
los amigos de la CNT, con fe y con valor...
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