OPINIÓN



PACO OBRER LA CABRA DE LA LEGIÓN

 

Respeto las tendencias sexuales de cada uno, pero estoy muy preocupado con el piropo que ha dedicado el filósofo del momento, Fernando Savater, a la cabra de la Legión.

Al decir que prefiere manifestarse (creo que quería decir desfilar) con la cabra de la Legión que con los cabrones de Otegui, el pensador está comunicando un deseo íntimo. Esa cabra no pace en su discurso por casualidad. No. Esa cabra tiene mucho misterio.

Me dicen que esta cabra no tira al monte, sino que viene con una

Constitución debajo del brazo. Y eso es ya una cabra amaestrada, una cabra democrática, nada menos. Escucho también que los constitucionalistas vascos se rebelan contra ese fascismo aborigen y asexuado del norte. La utopía de HB es el planeta de los simios. Cierto. Por eso planta cara este cartesiano bizco y valiente: cuan cabra de la razón.

Si Euskadi es un aborto de nación, España es una vieja descompuesta. Y eso no lo arregla la varita mágica constitucional ni aunque el filósofo se lo haga con la cabra en plan El día de la Bestia.

Todo esto de los desfiles, del nacionalismo y de las cabras es decimonónico y chusmil. Algunos sueñan ya con la intervención (constitucional y en plan lapsus) de la Legión. Son gentes como tú y como yo, pero que andan amenazadas de sol a sol, escupidos y fostiados por unos chulos inaguantables mientras la policía del partido mira a otra parte. Miseria. Cuando a uno le pasa eso siempre llama a su vecina, al 092, a Mayor Oreja, al Apóstol Santiago, a los Estados Unidos o a la cabra de la Legión.

Lo de los nacionalismos debe ser cosa de una hormona especial o de un cromosoma más. Son la gente más animal (y clerical) que conozco. Pero yo no creo que existan nacionalismos buenos y otros malos. Unos huelen a mono y otros a monarquía constitucional, poco más. Son poder en potencia, y lo que les diferencia son las reglas de su ejercicio y control. En este sentido, llama la atención el forzado lapsus del profesor: ¿Es ésta una cabra que viene con la Constitución debajo del brazo o una Constitución que impone una cabra legionaria? Es un bello dilema, querido maestro.

Constitución como mal menor, bueno, pero sin mascotas.

Por escribir cosas como éstas, recibo en el correo electrónico epilépticas amenazas de muerte de un estudiante radical de Valladolid que se empeña en escribirme en vasco. Confieso que alguna vez me entran ganas de tirarme a la cabra.