OPINIÓN



PACO OBRER EL CRIOLLO BORIS

 

El criollo Boris viene a dignificar a todos los maricas de la Hispanidad. En nuestra civilización ha habido siempre mucho golfo, lo que pasa es que antes se les tenía escondidos, y se decía que era un pecado nefando y otras gilipolleces. El nuevo paganismo permite conocer a estos seres maravillosos y sacarlos de la tertulia con las tías abuelas para meterlos en la caja tonta con el petardo de Sardá.

Digo que antes lo llevaban muy en privado, se les metía a curas a los pobres..., y más de un príncipe tuvo que disimular lo indisimulable.

La primera gran salida del armario a la española, liberal y republicana, acabó a tiros con el bueno de Federico García Lorca, al que mataron por cuestión de celos y líos los de la CEDA (que es la prehistoria del PP) y luego le echaron el muerto a la Falange, que en realidad le protegió por extrañas e íntimas afinidades, como muy bien ha explicado el azul poeta Rosales. Lo suyo fue un crimen sexual más que político, al que han disfrazado de rojo, cuando era rosa.

Boris tiene la inteligencia y la gracia de un relámpago y una pluma ágil e interesante. Un producto terminal de la hispanidad elitista y europeizada, un indiano con idiomas. Este novelista narciso se quiere tanto a sí mismo que va para esclavo de Plató. Ha salvado el programa de Sardá, que había caído en encefalograma plano rodeado de idiotas con alguna honrosa excepción como el gran Jesús Palacios. Boris es un bufón guapo con tendencia a la obesidad, que es la peor de las tendencias. Boris despierta en cada familia española la ternura por el diverso que tienen todas en los primeros tres grados de parentesco y que acompaña muy bien a la tertulia de las abuelas... Hemos pasado de la mugre falocrática al pinpinelismo social. ¿Boris es el modelo? A su favor están las mujeres, a las que les encanta porque lo ven desarmado y en este final de mundo las mujeres los prefieren inofensivos, sumisos y hasta castrados, que no es el caso.

El triunfo de Boris es el de la inmanencia de los arquetipos, Boris es el arquetipo puro y simpático que vive de amor y reconocimiento social. Un arquetipo al que le gusta su trabajo, trabajo que además coincide con lo que España necesitaba para encontrarse consigo misma, en plan psicoanálisis y melodrama rosa retrospectivo. Sigue gustando al pueblo trufarse de hembra o cura por carnaval de manera grotesca, pero Boris es otra cosa: un angelito barroco para colgar encima de la mesilla de noche. La pena es que haya acabado de comentarista del gran idiota, verdadera comida para perros.