OPINIÓN



PACO OBRER ANTONIO BANDERAS

 

 

Una picha en Flandes. Lo decía un militar retirado un poco afeminado, mientras desayunaba con el As y el Oscar de Almodóvar.

-Con Antonio hemos puesto una picha en Flandes.

Y creo que es así. Al igual que exportamos naranjas, chorizo de Salamanca o jabugo sociata, el falo ibérico es una especialidad de la tierra.

La Secretaría para el turismo debería erigir inmediatamente un gran monumento en cada playa al falo ibérico, que tantas nórdicas paganas ha traído a estas tierras, que tantas vikingas despistadas ha sometido y reducido. Los españoles de los sesenta eran como burros con arado romano dispuesto a surcar walkirias. Los únicos de la especie humana que controlaban "su cosa en sí" como encantadores de serpientes.

En El Egido, el otro día, apareció la siguiente pintada: Moros no, rusas sí. El sueño de nuestra gastada raza y calva es una falocracia consumada y racista.

Banderas es algo tipical y exportable: es un macho haciendo (y corriendo) las américas.

La mujer-botijo Almodóvar (almorávides, almohades y almodóvares) se enamoró del masculino malagueño y Hollywood se lo robó. Tuvo que aparecer esa dulce y bellísima taxidermia nórdica para que Antoñito sentara la cabeza y se convirtiera en un líder de la hispanidad (me refiero a esa cosa gorda y hortera que desfila por Nueva York el día de Colón y recita el santoral de memoria cada vez que puede, mientras los yankis se descojonan).

Antonio demostró que llevaba miles de años de civilización y decadencia dentro, que su belleza era tartésica y púnica, gótica y moruna, pero sobre todo hispanorromana. Gracias a eso venció al bárbaro celtíbero de la pintada de El Egido y se convirtió en un buen padre de familia, como hay que ser, tras seducir a la barbie, a la abuela y a la bisabuela americana.

El Ilustre don Claudio Sánchez-Albornoz, español preocupado, liberal y republicano, tenía que haberse preguntado si estaremos los futuros hispanos destinados a ser amantes de la raza sajona dominante, bancos de semen, camareros finiseculares de New York y por ahí.

Yo no sé muy bien dónde paga impuestos Banderas, por eso no entiendo que venga a echar capotes al Felipismo diciendo que viene el coco, con lo humano que es el pequeño gran Aznar. Comprendo que los ochenta hayan sido para él su arcadia, y que sienta nostalgia, ahora que disfruta del paraíso plástico USA, pero de eso a hacer el tonto útil en las últimas elecciones hay un trecho. El tío es un actor, y por eso tampoco hay que creerle los papeles.