OPINIÓN



PACO OBRER BALTASAR GARZÓN

 

No hay pirata, explotador, ruin, terrorista o mafioso que duerma seguro desde que Baltasar está en la Audiencia. Tiemblan las ratas, los delincuentes y los hombres poderosos. No hay mes sin sumario, sin decisión o auto polémico, sin instrucción accidentada que explote ante la opinión pública.

La fama se ha apoderado de él sin quererlo, le ha atrapado el corazón como si de un personaje de la Tragedia se tratara. Baltasar es un caso: el juez más universal del mundo, al que puede volver – si no ha vuelto ya- loco la gloria, como ha sucedido con Di Pietro, convertido hoy en el Gerard Depardie del pantano político italiano.

Baltasar ha sufrido la política, a la que entró seducido por Bono (amor a primera vista) para salvar un Régimen en descomposición y premiarnos (de carambola) con tres años más de lo mismo. De allí salió escaldado por las cosas del poder, para volver –como super ratón- a volar con la toga, más juez que nunca. Estela del firmamento, Baltasar salió fortalecido por las banderillas en sus ímpetus justicieros.

No se explican muchos ciudadanos por qué le tocan a Baltasar asuntos tan relevantes o cómo él los convierte en tan importantes. La razón profunda de esto la hallamos en lo más hondo de su mirada: La mirada de Garzón es como la de un percherón en el momento del acoplamiento. Con esa impronta se lanza a los temas, y se enzarza donde haga falta, con una pasión ciega, casi reproductora (instintiva) hacia lo que él considera lo justo: múúúúúú.

Muchos querían ver al super juez simplemente eliminado, colgado como un recental de un gancho. Sus enemigos coinciden muchas veces con los del pueblo, pues en otra vida, Baltasar fue tribuno y no se acuerda.

Es posible que algún sumario deje mucho que desear, que el geniecillo de la opinión publica se apodere a veces de sus decisiones convulsivas de manera garrafal, pero Baltasar cree firmemente en lo que hace con tesón. Con tal hibris que a menudo se ha mostrado límite con la ley, sobre todo en materias de terrorismo político.

Su pasión es la que hace de Baltasar el Juez más cabezón del mundo, con demasiada hormona a mi gusto. Como un pitecántropo erecto del derecho natural, que como decían en la facultad, si bien no existe, algo hay...