OPINIÓN



PACO OBRER
EL RETORNO DE LOS AYATOLÁS

 

pacoobrer@mixmail.com

Todo esto de que vuelvan los ayatolás rejuvenece mucho. Los ayatolás son una mezcla de mago y funcionario, de cura zoroástrico pero con mando y plaza. Cuando vienen de visita cultural al Meliá Castilla y dejan una pella en chivas y cine porno para echarse a temblar. Los ayatolás están volviendo por sus fueros y son recibidos como Madonna por los estadios del Líbano, porque allí han realizado una política de auxilio social y milicia armada (o terrorismo), y porque son unos tíos serios comparados con el pelaje de los Laden o los bandoleros del Afganistán. Los palestinos y los libaneses están tan desesperados que confían en estas gentes, que ahora también amenazan el laico Irak. ¿Qué queda en el mundo árabe del proceso laico de Nasser y sus socialismos nacionales? ¿Fosas comunes al servicio de la modernidad? Hubo un tiempo en que los árabes se pusieron las corbatas y a fichar por las mañanas, se compraron televisores y ladas, al rebufo de la cosa soviética, pero ese tiempo pasó para ellos y para los vendedores de electrodomésticos. La modernidad ha dado paso al legitimismo integrista o a los magos de Persia, que dan un aire señorial a todo eso del Islam. Los secretos de los ayatolás son los secretos de la bota platónica para sociedades desdentadas y explotadas, pero las fuentes del saber están secas en ese mundo desde hace algunos siglos, que diría Spengler. Como el Islam es rico y bello, los pueblos se dejan engatusar por sus intermediarios, pero sucede que la llevanza de las cosas de Dios en la tierra suele resultar nefasta y oligárquica. Cortar manos, que no haya prensa libre, que se pueda lapidar a alguien, nos escandaliza y con razón. ¿Por qué no nos preguntamos por qué la gente ama tanto a sus ayatolás? ¿Tienen derecho a ser diferentes o deben respetar la nueva religión de los derechos humanos?

¿Los derechos humanos incluyen la hamburguesa y Bopal?

Yo, sin mi ángel, casi no puedo vivir. Todavía hay gente en occidente que tiene un cura (pequeño ayatolá) a mano, sobre todo en las buenas familias, porque el coco no les da para tener un ángel a su vera las 24 horas del día. Se puede poner de moda, como esto siga así, tener un ayatolá como jefe de protocolo. Los jeques dan repulsión general y suelen producir vibraciones porcinas, pero los ayatolás parece que llevan colonia de oferta.