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Para ser nacionalista Bizkaíno basta con ser patriota y católico.
O eso decía Sabino Policarpo Arana Goiri, padre fundador (dios le
tenga en su seno) del nacionalismo vasco. El padre Arzallus, jesuita
ordenado, colgó un día sus hábitos para poder llegar a ser una especie
de Papa vasco. Hijo de un hidalgüelo carlista de los que luchaban
junto a Franco (pero que llevaron muy mal el ensañamiento del General
con las "provincias traidoras"), Arzallus acabó dando
un paso al frente y se convirtió, tras muchos años de conspiraciones
y entresijos, en el gran jefe nacionalista. Decidió dedicar su vida
a la teología política y vengar lo que él y tantos vascos consideraban
-y al parecer siguen considerando- una vieja afrenta que data, al
menos, del tiempo de Cánovas. Y eso sin rebuscar demasiado en el
árbol genealógico. Una especie de pelea de familia que va por la
quinta generación y no acaba nunca de arrreglarse y, lo peor, sigue
segando vidas en un rito estéril y macabro. Capuletos y Monteses
pero con boina.
A muchos puede parecernos que la utopía nacionalista es como El
planeta de los simios, pero lo cierto es que la sociedad vasca está
dividida en dos mitades y hay que empezar por respetarse. Muy fuerte,
muy telúrica tiene que ser esa convicción para seguir adelante con
ella, después de los cientos de crímenes cobardes y de tantos muertos
por ambos bandos. Arzallus, que cree estar en posesión de la verdad
lo mismo que Oreja y Otegui- tiene un pie echado al monte,
pero su cabeza y bolsillo (el BBV es un poco el bolsillo de todos
los vascos) le dice que eso de la independentzia se lleve sin grandes
sobresaltos, como con condón, porque en su partido existen gentes
que tampoco están para muchas algaradas, y porque además conocen
y temen a facciones más capaces para la acción directa en el llamado
MLNV, a las que, por cierto, hay que desarmar.
Lo que pasa es que Arzalluz no sabe callarse; se toma las cosas
muy a pecho, muy a púlpito, y muchas veces su particular arrebato
acaba en brotes de epilepsia política y dice cosas que a este lado
del Ebro suenan rarísimas, y es como si el espíritu del mulo de
Sabino Arana poseyera a tan ilustre profesor.
Arzalluz ora y embiste, y en esto -lo siento, padre- es usted un
español primitivo o poco romanizado. Es usted más español que Lola
Flores o Aznar, se lo digo muy en serio. A mí se me antojan ustedes
los vascos (lo soy por mitad) tan españoles y clericales como el
cura Merino, qué le vamos a hacer.
No digo yo que Arzallus carezca en absoluto de argumentos y razones.
Otra cosa es que lo suyo merezca la pena. Con toda esa politización,
con toda esa obsesión por desenterrar raíces y bulbos y ponerle
otra estrella a la bandera europea y poder enviar a Eurovisión un
cantautor de la Tierra. Porque para eso es para lo que sirve hoy
tener un Estado, no nos engañemos, y todos lo sabemos.
Lo de la paz, querido Arzallus, tiene difícil solución mientras
haya políticos que sigan jugando a ser vencedores a costa de la
mitad de su pueblo.
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