OPINIÓN



PACO OBRER ARAFAT

 

Tiene cara de camello cruzado con padre de la Patria, de pícaro sin fronteras que hace cosas raras en el cuarto de baño de la ONU. Este ingeniero pasó por terrorista, pero ha acabado en las páginas del Hola, luciendo a su actual esposa, que es una rubia de bote, pechugona libanesa y cristiana progre con ropa interior de merceria demodé.

Arafat tiene algo de Luis Candela, de Tempranillo. Algo que resulta familiar en España. Frente a esto nada pueden las campañas millonarias de los halcones de Israel, que dan mal en el Hola, con sus dientes de oro y sus caras veterotestamentales. Y si dan bien, como el pobre Rabin –y se les hablanda el corazón- siempre hay un estudiante pajillero de derecho dispuesto a darles dos tiros.

Lo de los palestinos no tiene nombre. Ahora que lo estaban haciendo bien saltan a la primera provocación y las tropas de ocupación vuelven a tirar al pato con sus hijos. Hay que reconocer que Arón es inteligente. Ha bastado una visita a la esplanada de las mezquitas para reventar toda una estrategia de años, sufrimientos y revistas del corazón.

Entiendo que Arafat esté tentado por librarse del Hola, dejar plantada a la foca y echarse al monte, pero sería un error (me refiero a lo de echarse al monte).

Nos cuentan que Arafat es el culpable de lo que está pasando, pero aquí como que no lo tenemos claro. Arafat, en su propia estampa, ha humanizado al terrorista, le ha lavado los dientes, le ha puesto calcetines y ha señalado al Estado de Israel como terrorista. Arafat ha aprendido de Ghandi a marchas forzadas, y eso es lo que de verdad inquieta a los estrategas sionistas. Por eso hay que apuntar a la cabeza de los adolescentes y mancillar los santos lugares. Provocar para mostrar al mundo cuán temibles son esos desgraciados sin Estado.