OPINIÓN



PACO OBRER
ANA PALACIO: EL FANTASMA DE LA ONU

 

pacoobrer@mixmail.com

Dicen que es superdotada pero a mí me parece todo lo contrario, por decirlo de un modo elegante. Puede que sea su aspecto de "clown asbúrgico" el que nos haga pensar que algo no funciona en la azotea de esa ucronía de mujer que es Ana Palacio. Algo espeso e imperial corre por sus venas: ¿Petróleo? Umbral la definió como el payaso de las bofetadas. Yo creo que ahora ese payaso, que debe haber recibido muchas bofetadas en su vida, se ha puesto a darlas. A mujeres como Ana antes se las retiraba discretamente a un convento de clausura para que no molestaran a los iraquíes. Hemos perdido esas costumbres y filtros genéticos para el macizo de la raza y así andamos, de solemne bronca goyesca internacional.

Los halcones del partido piensan que esta es nuestra guerra y de que por fin volvemos a ser un Imperio: nos devolverán Gibraltar, nos dejarán manos libres en Iberoamérica, nos meterán en el G-9, pintaremos algo, podremos ir a París y nos temerán en Flandes, me decía ayer un taxista muy parecido a Álvarez Cascos tuerto. Dejaremos de ser los eternos camareros y Lolitas, sonreía con su diente de oro. Todo esto es como una versión cutre y oficial del Bienvenido Mr. Bush, pero esta vez pagando con sangre de terceros. Una versión apocalíptica de la semana santa vallisoletana que olvida cosas tan elementales como que nuestro mundo de relaciones está en Europa y que en Iberoamérica el verdadero competidor ha sido y será Estados Unidos. Pero en fin, que ya hemos pasado a dar bofetadas, en primera línea del gran Circo Mundial, y eso es lo importante. Hay algo de gente bajita y malencarada en la decisión de querer mandar en el mundo aunque se nos haya pasado el arroz. Como hay algo de desamor puto francés y grosería alemana en la terrible venganza del menino de Valladolid.

Italia, que siempre gana perdiendo, ha cambiado ya de bando, pero la orgullosa panda de soberbios paticortos que nos gobierna no da marcha atrás. Aznar quiere que seamos los comanches bigotudos de la globalización. Comanches saltarines con zancos y pelucas dieciochescas.

En esta alta comedia calderoniana, nuestra pobre Anita Palacio desempeña el papel de espectro imperial español de película de Amenábar. No sé de qué camposanto la han sacado, pero el espectáculo es grande. ¿Tan raros somos los españoles para tener estos representantes? Esa mezcla de vaca loca y santa electrocutada.

Ahora que se han desatado todas las conspiranoias y que los pueblos han dejado de creer en sus intermediarios y monigotes de la política-ficción nos colocan como representante a una zombie catecumenal. Al final ganarán los buenos, y aquí paz y después gloria. Que se lo digan a Anita, que después de leer este artículo va a querer darme una de sus bofetadas.