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Cómo superar una entrevista de trabajo
Por Rafa Millán

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Cómo superar una entrevista de trabajo
Rafael Millán

Primera parte: El recurso humano.

En una entrevista de trabajo podemos encontrarnos con diferentes tipos de “especimenes”, habitualmente psicólogos, con los que tendremos que torear. En las empresas pequeñas, normalmente, no habrá psicólogo sino “jefe”. Los peores son los que han hecho un cursillo de Recursos Humanos, es decir, los que “juegan a psicólogos”. Por desgracia, nuestra mejor arma contra estos “jefes-resabidillos”, será el clásico peloteo, especialmente, sobre los buenos psicólogos que son.

Ya en organizaciones mayores nos enfrentaremos a la figura del psicólogo de recursos humanos, propiamente dicha. Se dan dos tipos principales, a saber: el “entrevistador informal” y la “versión encorbatada” del mismo. El primero suele presentarse con un aspecto estudiadamente desaliñado (idealmente con barbita de tres días o hasta con rastas). Son los que dan el tipo moda-joven-de-El Corte Inglés o aún peor “moda abertzale”. Estos son los más temibles porque creen ciegamente en lo que hacen (a la manera de comunistas o católicos de la psicología) y nos freirán a tests de personalidad y/o inteligencia, adecuadamente baremados con muestras-standard de población americana (en la práctica, todos los tests son americanos). Normalmente acaban seleccionando a auténticos especialistas en rellenado de test (que los hay), independientemente de su calidad humana o laboral (¡el baremo manda!).

Más habitual, por fortuna, es el tipo “encorbatado” con mirada intensa de psicólogo (mutación del anterior que suele producirse con el cobro del primer sueldo después de terminar la carrera). Éste, al menos, da imagen. Y suele estar ya de vuelta, es decir, sabe que, en el fondo, la selección de personal no es más que un montaje y que la psicología empresarial no vale para nada. Al menos tiene la honradez de saberse pieza trajeada de un titánico mecanismo de control mental. Por paradójico que parezca suele resultar más humano que el anterior porque se fía más de su instinto que de los “test estandarizados” completamente impersonales. Se podría decir que, a pesar de ser psicólogo, es también persona.

Minoritariamente existe también el psicólogo-jersey-de-lana, cálido, amistoso y familiar (como el segundo Felipe González), pero éstos suelen dedicarse a clínica o la docencia, por lo que, de momento, no nos interesan.

Los consejos que pueden darse para “aprobar” una entrevista son de sentido común (pero que nadie se crea que la psicología va mucho más allá, de hecho, hay quien la llama “la ciencia de lo obvio”). Las directrices habituales suelen ser: mirar a los ojos (pero con moderación), dar impresión de seguridad, tener ganas de trabajar, ser sincero (en realidad basta con parecerlo), no engordar demasiado el propio currículum (un poco es inevitable), dar la mano con firmeza pero sin deje de quebrantahuesos, sonreír de vez en cuando, reír las gracietas, ser amable, etc. Como se ve, nada muy espectacular.

Segunda parte: La hora de los tests.

Hay básicamente de tres tipos: los tests de personalidad, los de inteligencia y los tramposos.

Para superar un test de personalidad lo mejor es responder como si fuéramos la persona que a todos nos gustaría ser, pero cuidando de no caer en incoherencias: normalmente estos tests llevan incorporados una escala para medir la “sinceridad” del candidato, mucho ojo.

Los tests de inteligencia más habituales son los del tipo “sigue la serie” y aquí sólo podemos mejorar con la práctica (recomiendo algunas webs), pero es poco habitual que nos sometan a esta tortura.

Luego están mis favoritos, los que no miden en realidad lo que dicen medir, o sea, los que directamente engañan (me siento como un mago revelando los “trucos”). Por ejemplo, nos ponen delante de un ordenador para que arrastremos un icono por un laberinto en el menor tiempo posible. El icono, dicen, debería pararse un segundo cada vez que choca con las paredes, pero como el programa “está mal” nos piden que amablemente nos paremos nosotros mismos en cada fallo. El programa, por supuesto, no está mal sino que pretende medir, precisamente, la “honradez” del candidato.

Estas pruebas se reconocen porque suelen tener unas pantallas de instrucciones repetitivas, machaconas e intencionadamente ambiguas. Normalmente es fácil, si se está avisado, descubrir el pastel. Pero cuidado, tan malo es pasar de listillo como de tonto, así que lo mejor suele ser quedarse en un elegante término medio.

Conclusiones.

Para complicar más la cosa, cada ganadería busca un “perfil” de trabajador determinado (el obediente, el creativo, etc.). Por lo que no estaría de más invertir los papeles y preguntar al entrevistador qué tipo de perfil están buscando para luego poder encajar en el mismo sin problemas.

En fin, que la mejor estrategia, sigue siendo moverse mucho, tirar de currículo, hacerse el simpático y tener ganas de trabajar. Que la fuerza os acompañe.

Webs para practicar “inteligencia”:

http://www.uv.es/~buso/iq/index_es.html
http://www.testdeinteligencia.com/



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