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LO QUE UNO LEE (Joaquín Albaicín) MEMORIAS S.A.R. la Reina Federica de Grecia Ed. La Esfera de los Libros, 2006 Por Joaquín Albaicín Aunque casi siempre condimentadas con toques de fina ironía, las memorias de Reyes y aristócratas tienden a ser bastante insulsas, por cuanto –conscientes de que, por diversas y dispares razones, los trasfondos de la Historia sólo deben conocerlos unos pocos- sus autores apenas suelen contar en ellas más que inanidades almibaradas, de poco calado para quien no haya aprendido a andar con libros sobre la cabeza o no juegue al polo desde niño. Pero Federica de Grecia fue una mujer que –como si hubiera sido educada en la tradición de los indios de las praderas- creía en las virtudes didácticas del mundo onírico: soñaba con un sitio que le resultaba familiar y, al despertar, intuyendo que ello le depararía una enseñanza, procuraba visitarlo. En sus reflexiones para la Historia se aprecia, pues, otro tono y sabor. Así que es de celebrar que nuestra reciente lamentación, en un artículo, por que su libro de memorias no pudiera encontrarse ni en la Biblioteca Nacional no haya caído en saco roto. Su madre fue Victoria de Brunswick, hija única del Káiser Guillermo II, por citar solamente a dos de sus antepasados ilustres. Pariente e íntima de muchos protagonistas del mundo clausurado por la I Guerra Mundial, en su adolescencia presenció por sí misma el auge del nazismo y sufrió después en propios bronquios las pulmonías provocadas por la Guerra Fría, con exilio incluido. Relata de primera mano la frustración sentida por ella y su marido cuando los Aliados bloquearon las tentativas de que éste encabezara la resistencia armada en Grecia contra los nazis, al tiempo que suministraban toda clase de fondos a los comunistas, que, tras la retirada alemana y británica, diezmaron a la población con su habitual saña… Sin embargo, no son los recuerdos de esta clase lo más interesante de un manuscrito que comienza en la séptima planta del Hotel Hilton de Roma y termina junto al lecho de muerte del Rey Pablo de Grecia. Mucho más lo es el testimonio en él contenido del esfuerzo por recoger de modo inteligible por todos la experiencia de la contemplación: “Debo”, escribió la Reina, “aprender a identificarme con lo invisible, lo cual es intelectualmente correcto, en lugar de identificarme con la mera apariencia de lo invisible, lo cual es intelectualmente falso”. ÍNDIKA. UNA DESCOLONIZACIÓN INTELECTUAL Parece ser que el blanco lee con más atención y mejor paladar que el moreno, el negro o el amarillo. Hablando claro: que lo que da a uno caché como hombre de letras es que le lea un blanco. En este contexto, nos enterábamos hace muy poco por un obituario de que, gracias a las traducciones de sus libros a lenguas occidentales, pudo el pobre Naguib Mahfouz traspasar “las estrechas fronteras del mundo árabe” (sí, el mundo árabe, esa exigua lengua de tierra perdida en la inmensidad del mapamundi y poblada por apenas cuatro gatos y unos cuantos rebaños de camellos…). A la luz de tal mentalidad, deberíamos asumir que Agustín Pániker ha tenido una gran suerte por publicar Índika en español, pues… así, la leerá alguien. ¿Qué razón de ser, en efecto, habría tenido la aparición de la obra en tamil o hindi, lenguas habladas por sólo unos cuantos millones de almas constreñidas en un “estrechísimo mundo”? Habitantes –aunque lo menos posible y muy a nuestro pesar- del clima cultural descrito, hemos leído con sumo goce este “trabajo de desmitificación ideológica y crítica al colonialismo del poder”, intento tan ecuánime como sosegado de “descentrar el dominio intelectual de Occidente y las asunciones de que el punto de vista del hombre blanco euroamericano constituyen la norma y la verdad” y de “cuestionar la pretendida neutralidad y objetividad de las ciencias humanas”. Su autor, miembro de una familia destacada en las letras y submarinista avezada en los bosques de coral del espíritu y al que ya debíamos El jainismo, empieza por desmenuzar los contrasentidos de entrada implícitos en la propia definición geográfica de India (“Y por cierto que no alcanzo a explicarme por qué razón la Tierra, que es una sola, recibe tres denominaciones diferentes que responden a nombres de mujeres”, escribió Heródoto) a fin de descubrirnos la condición de tópico o latiguillo ideológico subyacente en tantos lugares comunes del orientalismo (tal que la nebulosa “invasión aria de India”) y, después, arrojar luz sobre cuestiones como la institución de las castas, la Partición, la influencia británica, el conflicto entre hindúes y musulmanes, la supuesta identidad política del hinduismo… en un volumen en cuyos pormenores no nos es posible detenernos en detalle, pero cuya lectura, a buen seguro, ensanchará enormemente las perspectivas intelectuales de aquellos interesados en degustar unas “reflexiones sobre la historia, la etnología, la política y la religión en el Sur de Asia”. Y es que la obra, que toma su título prestado de Ctesias, Megástenes de Jonia, Arriano, Séneca y Al Biruni (garantías de solera), señala, sin duda, un antes y un después en el marco de los estudios indológicos en España.
CRÍTICAS
Marta Herrero Desde hace pocos días podemos encontrar en las librerías Vanitas Vanitatis, el libro que reúne las columnas satíricas que Paco Obrer ha publicado en Generación XXI a lo largo de los últimos años. Se trata de un recorrido caricaturesco por los personajes más influyentes (españoles y extranjeros) de los últimos años. A sus páginas acuden Aznar y Zapatero, Rosa y Torrente, la Jurado y la Pantoja, Ronaldo, Bush, Bill Gates, Jesús Quintero o el Conde Lequio. “No hay odio, sino humor, en estas páginas”, dice su enigmático autor, que tuvo que vérselas alguna vez con la ira de algunos de sus caricaturizados. Él se defiende: una mirada quevedesca sobre los otros y sobre nosotros mismos nos recuerda a todos que somos mortales. Humor, hondura psicológica, preocupación por la actualidad española y mundial, metáforas inverosímiles: todos estos elementos se concentran en el análisis de cada personaje. Paco Obrer va componiendo psicosátiras chispeantes, agudísimas. Su pluma tiene el don de provocar la sorpresa, de atraer lo inaudito. Su prosa es rápida y certera, como una bala, ha dicho Raúl del Pozo, genial. excombatientes de Vietnam al que le duele la pierna porque no la tiene, pero que no puede rascarse el humo que le sale por la herida de la vida”. Encuentra paralelismos entre la agonía de Rocío Jurado y la muerte de España y se pregunta, en cuanto a Isabel Pantoja, “si esta jamona no será una reencarnación de la dama de Baza o de la Bicha de Balazote con bigote”. “Almohades, almorávides y almodóvares”, le escribe a Almodóvar, que para Obrer es Panza y Don Quijote al mismo tiempo. Y a veces hasta se permite hacer de pitoniso, adelantando la victoria de Zapatero en las elecciones: “Llano, aparentemente moderado, con tendencia a inclinarse como un ciprés misterioso y grave del que salen esos ojos de abubilla estupefacta. Tiene pupilas de astronauta soviético, que dan mucha confianza. Y luego está su sonrisa, esa sonrisa que no tiene el otro, que no tiene el feo. Esa sonrisa de chupar pezones que conquista a las madres. Esa sonrisa que lo llevará al poder”. Cabe preguntarse si alguna vez se atreverá Paco Obrer a hacer una de estas psicosátiras sobre sí mismo. La esperamos.
Elena Diez En su ensayo El mito trágico de “El Angelus” de Millet, muestra Dalí mejor que en ningún otro escrito su enorme capacidad para teorizar y establecer analogías. Es por ello que José Carlos Vela considera este escrito como el mejor texto teórico para analizar la obra pictórica del pintor catalán. En su análisis toma como punto de partida las frecuentes analogías de lo primigenio que aparecen en el mencionado texto daliniano y que con distintas máscaras se manifestarán de forma compulsiva en los más importantes cuadros de Dalí, especialmente en su periodo surrealista y en los años inmediatamente anteriores a éste.
BLANCA DOBLE LOS CUENTOS DE LA COCAÍNA Sabido es que la conciencia humana, y lo paradójicamente humano que está “más allá de sí”, es decir, de la conciencia, vienen a liberarse de la mano de cierto tipo de experiencias. Música, danza, situaciones límite, psicoactivos, repeticiones mántricas de fórmulas sagradas, trances devocionales… Lo curioso de tales maneras es la descripción convergente del alma humana a la que apuntan en la vitalidad que liberan. Una descripción en el que ese “más allá de si”, si es el caso, viene a identificar cierta plenitud unitiva de la mano de la Nada que se acoge. Una Nada que, al tiempo que roza lo sublime se abre hacia lo puramente animal, una Nada que nos delimita como pura naturaleza, bella, inocente y recia. Un modo de conciencia o, si se quiere, una praxis de solubilidad de la particularidad que da cuenta de lo que el autor de esta obra llama un cerebro antiguo, “empático, directo” e intuitivo… Al hilo de lo dicho nos encontramos ante una obra tremendamente original ya que el excelso horizonte de ebriedad apuntado viene dado y es investigado a través de la ingesta de cocaína, droga satanizada, degradada y vulgarizada donde las haya. El autor, sabiendo dejar de lado el lodazal inducido por el mercado negro, reflexiona creativamente sobre sus experiencias con la cocaína, experiencias en las que se muestra esa desnudez de lo humano que es vida, vida sublime y carnal: eros. El resultado de este ejercicio creativo me recuerda a esa literatura beatnick capaz de divisar desde las praxis del exceso y desde la quiebra de todo ídolo interior y de todo convencionalismo ese remanso continuo, lleno de vida, de la Nada-que-acoge. Estamos pues ante un ejercicio de experimentación literaria y de experimentación con el propio cuerpo y sus potencias. Una zambullida en el misterio de la vida a través del tránsito drogado de paisajes diversos. Como dijera Baruch Spinoza: “Si supiéramos lo que puede un cuerpo”… José Carlos Aguirre
MOTHER TERESA: Come be my Light. Desde el día en que salió a la luz, el libro que recoge los sentimientos religiosos más íntimos de Teresa de Calcuta (1910-1997) ha dado mucho de qué hablar. Se trata de sentimientos secretos que ella siempre guardó para sí y que manifestó sólo a unas cuantas personas en unas pocas cartas. La hoy beata pidió una y otra vez que aquellos testimonios fueran destruidos, pero Brian Kolodiejchuk, uno de los postuladores de la Causa de Beatificación de Teresa, los ha sacado a la luz. Marta Herrero
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