Tu libro es un ejercicio de libertad y memoria. ¿En qué mundo nace la revista Ajoblanco ?
En los setenta, sobre todo al principio de la década, cuando aún estábamos en dictadura, había poca comunicación entre la gente joven, pero existía una gran inquietud. Ya no tenía credibilidad el franquismo, estaba en los últimos estertores. Existía otro factor determinante: la crisis económica, motivada por el petróleo, tanto por las guerras de los países árabes como por la creación de la OPEP. Desde 1947 el patrón dólar había tenido un cambio fijo y, desde ese momento, los Estados Unidos rompen esa paridad. Los países, que ya se habían recuperado económicamente tras la II Guerra Mundial, como Alemania, Japón, Inglaterra… habían acumulado muchos petrodólares y lo querían cambiar como fuera. Esto provocó una crisis sin precedentes. En España esta crisis fue durísima, la inflación pasó del 40%. La clase obrera comenzó a movilizarse. Nuestros padres habían trabajado a destajo para buscar una cierta prosperidad, se había creado la clase media. Además estaban muy oprimidos por la caracundia franquista, por el nacionalcatolicismo. Y la gente joven tenía una necesidad imperiosa de libertad y, sobre todo, de conexión.
Supongo que aquella sociedad era sofocante, pero vosotros comenzásteis a mutar...
Claro, y no sólo nosotros. El escenario mundial mostraba que el mundo se podía cambiar. Desde la contracultura americana, y el undeground europeo, y todas las corrientes alternativas: los probos en Holanda, las comunas libres en Dinamarca, el Mayo francés, el levantamiento en Checoslovaquia, el rock combativo, el teatro de guerrilla… La juventud había asumido las doctrinas antiautoritarias, que ya no eran dogmáticas, ni ultra marxistas, sino que eran mucho más libertarias, poéticas y espiritualistas. Buscaban un nuevo mundo que era posible. Toda la juventud de occidente se puso a construir pilares para inventar la nueva alternativa.
El franquismo sociológico coleaba todavía. ¿Por dónde se rompió el muro español?
En España este proceso que empezó con las culturas underground en Sevilla, y siguió con la contracultura catalana, madrileña y valenciana tuvo sus características propias. Primero, por el flamenco y la tradición de las fiestas populares. Después por el teatro popular que fue recuperado en Compañías independientes como Els Joglars, Comediants, Tábano, Esperpento… lo que conectó con el pasado libertario español. Porque en España en los años veinte y treinta hubo un movimiento libertario que creó alternativas socioculturales con cuarenta años de anticipación; una cultura propia a través de los Ateneos Libertarios que eran centros autogestionados, creados por la propia clase trabajadora. También estaba el movimiento de mujeres libres; hay que recordar que la primera ministra europea fue Federica Montseny, que era anarquista.
Toda esa cultura pasada fue rescatada en los setenta. También se crearon nuevas cosas, y una de esas fue Ajoblanco .
¿Cómo llega la contracultura a España?
Entra por Sevilla, porque los estudiantes más ilustrados de los Estados Unidos que se habían formado en las Universidades californianas, no querían ir a Vietnam. Estos marines que no quisieron ir a la guerra del Vietnam, consiguieron que les llevaran a las Bases de Rota, de Morón… Tenían emisoras de radio en donde ponían música de Jimi Hendrix. Los flamencos escucharon esta música y transformaron las guitarras españolas en eléctricas. También comenzaron a llegar beatniks americanos y holandeses que iban a Tánger a conocer a Bowles, Truman Capote, Tennessee Williams. En Sevilla se fueron creando una serie de circuitos alternativos, muy secretos. Además estaban Joaquín Salvador que tenía un programa en Radio Sevilla muy avanzado, y García Pelayo que montó la discoteca Don Giovanni; ahí se empezó a aglutinar todo.
En Barcelona pasó lo mismo por contacto con la cultura francesa; por la influencia de los turistas, de Ibiza, de la Gauche Divine. Pero fue el libro de María José Rague, mujer de Luis Racionero en aquel momento, California Trip , sobre todo, lo que desató la furia contracultural en todo el país, este libro lo editó Salvador Paniquer en Kairós.
Una de las semillas de Ajoblanco fueron los movimientos estudiantiles…
La Universidad , en los años setenta, era una de las instituciones que el Partido Comunista, mayoritario en esos momentos, utilizó como su principal centro de agitación. Pero los estudiantes necesitábamos libertad para aprender, porque teníamos ganas de aprender, queríamos crecer. Explico en mi libro el despertar de la juventud a la libertad, no queríamos ni autoritarismo franquista ni marxista. No aceptábamos dogmas. Somos una generación con mitos, pero sin maestros. Somos una generación que nos hemos inventado nuestra propia historia. Nosotros optamos por el modelo antiautoritario, contracultural, al principio, y libertario, más tarde.
¿Los fundadores de Ajoblanco érais estudiantes de clase media profundamente desclasados, como diría Roszak, actores de un nuevo mundo?
En Ajoblanco había de todo. Yo era de procedencia burguesa, pero Puig provenía de la clase media, del pequeño comercio. Había mucha gente que venía de la clase obrera como Quim Monzó. Realmente nosotros nunca tuvimos concepto de clase. Nunca preguntamos de dónde se venía. Lo que nos unía era crear un nuevo mundo. Yo me desclasé inmediatamente, y lo hice sobre todo por la sexualidad. Mis bares secretos estaban en el cinturón industrial de Barcelona, el cinturón rojo, el Barrio de Horta…
Con la Transición llegaron las libertades, pero se sacrificó la ruptura política, lo que ha determinado todo el ciclo y la forma del poder (oligarquía de partidos) en España...
En la Transición ocurrió un fenómeno muy especial, que en Barcelona fue más acusado que en otras ciudades. La oligarquía catalana padeció el rigor de la crisis económica, la elite económica estaba en bancarrota. Y, por otro lado, el establishment franquista ya no tenía quórum. La gente ya no creía en el franquismo, sino en Europa y en la democracia.
De 1973 a 1977 no hubo ningún poder. En ese marco Las Ramblas se convirtieron en el gran foro de la cultura española. Allí estaba Almodóvar, Mariscal, los de Ajoblanco , los que estaban fundando la Escuela de Diseño, Nazario, los de Rock Cómic, los de Massana… Y allí coincidimos y nos mezclamos todos, y allí surgió la cultura nueva española, que enseguida fue al Rastro.
A finales de 1977, recién llegado Tarradellas a la Generalitat arrasa con todo esto para imponer el nacionalismo, porque la burguesía y la oligarquía catalana necesitaban una estratagema para destruir a otro movimiento que iba paralelo al nuestro, que era el movimiento libertario, la CNT , un movimiento obrero que operaba fuera de las centrales sindicales y que lograba huelgas mayoritarias.
Efectivamente, en tu libro, el movimiento libertario, del que somos herederos, es el gran perdedor de aquel periodo.
La gran víctima de la Transición fue lo libertario, el anarquismo, el movimiento troskista también. Se les aniquiló, hubo guerra sucia contra ellos. La oligarquía se inventó el nacionalismo como un bálsamo, para acabar con el sistema alternativo. Se liquidó este movimiento. Y, desde aquel momento, dejó de existir la Izquierda , porque ésta pactó el modelo capitalista actual, lo que fueron los Pactos de la Moncloa. Y de ahí surgieron los neocons. La CNT se movilizó en contra de estos Pactos, por eso tuvo que ser aniquilada. Después vino el desencanto, la heroína, la moda punk, el lirismo absoluto, la radicalización absurda…
Te propongo un ejercicio de imaginación: ¿si no hubiese existido Ajoblanco, qué no habría sucedido en España?
En la familia española no existiría la comunicación que hay hoy entre padres e hijos. No habría permisividad, ni la liberalidad que hay hoy en el pueblo español, ni matrimonios gays, ni tanta ecología.
O dicho de otro modo: ¿qué queda de todo lo que hicisteis?
Quedan muchísimas cosas: Todo el Arte alternativo, los movimientos antisistema, los okupas… Queda un poso enorme, por eso mi libro está teniendo tanto éxito.
En el libro es más patente lo político, lo social y lo artístico que lo espiritual…
Es que si tú juntas lo personal, lo social y la polis, evidentemente sueñas, y cuando sueñas conectas con tu yo espiritual. Yo siempre he tenido un espacio, que al principio era una cueva, en la montaña de Montjuic en donde esperaba que saliera el sol por el mar, y es ahí donde soñaba ese mundo que quería transformar. Esa cueva se acabó convirtiendo en el Ampurdán. Luego fue una isla, Menorca, que es una isla mágica, con poderes telúricos.
Y, luego, estuvo la casa del Ampurdán es una gran isla perdida por donde entra en España la cultura de fenicios, griegos y romanos.
Entre otras cosas, en aquellos años aparece la LSD en España. Dime, ¿sin aquel primer tripi que cuenta el libro, tu vida hubiera sido igual?
Yo creo que no. Aquel primer gran viaje –sólo he hecho dos, no quiero que la droga me domine, quiero dominarla yo; la droga abre las puertas de la percepción, pero una vez abiertas, tiene que ser cada uno el que se construya su propia historia- me di cuenta que existe otra realidad superior que nos une a todos. Que somos parte del planeta. Que Gaia es un planeta que está vivo, y que somos pequeñas células de ese mundo superior que nos hermana a todos.
Retrotraigámonos a vuestra memoria: ¿Cuáles fueron vuestros libros de referencia?
Hay que leer la biografía de Durruti, fue un ejemplo de revolucionario. Jamás se aprovecha de nada de lo que tiene. Murió con las botas puestas. Es esencial.
El mejor libro que existe es el de la conversación entre la gente. El pensamiento debe estar en la vida. Ya sabemos todo, lo suficiente para perderse en filosofías cerradas. No hay profetas. Las Máximas de Marco Aurelio, las tragedias de Shakespeare, Valle Inclán, Montaigne, los estoicos romanos, libros libertarios, José María Reguera, Pedro Páramo … Libros que te hagan sentir, que te convenzan de que otro mundo es posible, libros libertarios, libros que te enseñen de que cambiar el mundo es necesario. Yo creo en el sentido común más que en sistemas cerrados. La buena literatura con contenido moral son los libros que leo y releo.
¿Vuestra generación tenía maestros?
No, no hubo maestros. Aranguren iba de maestro, pero no llegó a serlo. No tuvimos maestros. Había habido la guerra civil, la depuración de las cátedras y de la intelectualidad. Tampoco los hay ahora. El maestro es un amigo tuyo que te ayuda a pensar, a sentir; es el amor a la cultura y al género humano.
¿Si tuvieras que repetir algunas vivencias de la miles que narras en tu libro, con cuáles te quedarías?
El reencuentro con mi padre muerto hace muchos años, y ver cómo su compromiso ético que fue inmenso ha germinado en mí. También el poder conseguir escribir la etapa final del Ajo , que acaba con Toni Puig llegando en barco a Ciudadela desde Alcudia, totalmente mareado. Yo tenía la varicela e iba con la cara tapada. En el puerto nos dimos la mano, y allí hice un pacto con la vida, que es el pacto de la amistad. Hubiera o no revolución, la amistad sería para mí lo más grande del mundo. Esa amistad es la lealtad que me une a los lectores. Yo soy un médium que no hago más que escribir lo que los lectores me han comunicado. Otro momento muy importante de mi libro es Sevilla. Cuando quise hacer un reportaje de lo que había pasado allí. Por todo el libro está Sevilla. Es un homenaje a las ciudades a las que aún no se les ha reconocido el protagonismo enorme que tuvieron para reconstruir este país.
Desde lo que has hecho, ¿cómo crees que se rompen los imaginarios?, ¿se cambian las sociedades?, ¿se exporta el amor por la vida y la libertad?
Lo primero que tendríamos que hacer es compartir. No tomar drogas como se están consumiendo actualmente. Las drogas destruyen a la juventud, la alienan, la atontan. Lo segundo es no pedir subvenciones y dejar de acudir a las instituciones en busca de ayuda, la cultura está en la base social y ha de ser vocacional e independiente. Hay que volver al ágora, decir a los maestros que vuelvan a crear una educación alternativa, que aprendan a escribir, a leer, a pensar, sin nacionalismos serviles.
Que la gente joven deje de autodestruirse, que reaccione, que se enfrente al monstruo que se nos cae encima para convertirnos en esclavos consumistas dependientes de las imágenes que nos lanzan los anuncios publicitarios que son los que manejan el arte, la estética, lo impulsivo. Hay que volver a concentrarse, a reflexionar, y a saber pasar un sábado por la noche charlando. Hay que volver a pensar en el futuro, y dejar de creer que el crecimiento económico es la panacea. Hay que volver al sosiego moral, fraternal, intelectual.
En tu presentación renunciaste a un tercer Ajo con forma de revista, pero te mostraste dispuesto a ayudar a quien quiera hacerlo. Si alguien quisiera montar un nuevo Ajoblanco, ¿qué consejo le darías?
Que montara una buena red de distribución a través de pequeños centros coaligados, y que utilizara Internet con mucha paciencia, mucha astucia, y sabiendo sintetizar. No estamos en este momento para hacer cosas extensas. Hay que crear canales de comunicación y no medios para soltar tus rollos patateros.
EL AUTOR MIRA SU OBRA
¿Tu libro es una Memoria literaria o un testimonio histórico?
Lo que he hecho es recoger todo lo que pasó, para que la gente que lo vivió y que por imperativos de la vida lo ha olvidado lo recuerde, es decir, para que mi generación recupere la memoria. También para que la juventud actual comprenda qué fueron los setenta, la década que funda el mundo que ahora estamos viviendo.
¿Tú escribes desde el yo, desde el nos…?
Yo escribo desde la primera persona del plural. Yo pertenezco a la generación del “nosotros”, no a la generación del “yo”.
¿Pero hablas del tú a tú?
Porque el tú es la amistad, la solidaridad, la fraternidad libertaria.
¿Este es un libro del pasado o del futuro?
Es un libro de futuro, pero que habla y cuenta una historia pasada aunque es la historia presente, porque no se ha resuelto nada, y todo aquello sigue vigente.
¿Qué te gustaría que ocurriese con este libro?
Que la gente recuperara la memoria y se pusiera a trabajar por un país, el nuestro. Tenemos que caber todos. Tenemos que aprovechar nuestra cultura latina, mediterránea, para dar luz a ese mundo tan gris de banqueros y calvinistas. Tenemos que ser solidarios, las ciudades se tienen que complementar.
¿Cómo se ha tomado el libro la gente que citas en él?
Es un libro largo, hay mucha información. Los que me llaman se han quedado patidifusos. Vicky Convalía y Francés Boldú que van a ponerse a escribir sus Memorias. Es muy bueno que mi generación explique la historia de este país, porque fuimos un fuelle. Estamos en medio entre la generación del poder y la generación más punk, más nihilista, más postmoderna.
¿Entonces tu libro ha servido como ejemplo para que escriban otros?
Era muy difícil ordenar todo lo que pasó en los setenta. A partir de mi libro saldrán otros testimonios que completarán la historia.