Por Javier Esteban
javieresteban@wanadoo.es
Fundador
de la revista Ajoblanco, la publicación alternativa más
influyente en la cultura española de los últimos treinta
años, Pepe Ribas lleva tres años preparando un libro sobre
la historia de la publicación y el ambiente que la rodeaba. Una
bomba. Libertario infatigable y periodista único en su género,
Pepe cerró la segunda etapa de "Ajo" hace ya dos años.
Este libro, todavía sin título, va a levantar ampollas
en la generación que ejerce el poder mediático y político
en España y, posiblemente, sea el pistoletazo de salida para
un tercer Ajoblanco. Generación XXI, adelanta en primicia la
aparición de una obra que viene a cubrir un hueco en la memoria
de nuestra sociedad.
Generación XXI, adelanta en primicia la aparición de
una obra que viene a cubrir un hueco en la memoria de nuestra sociedad.
¿Qué ha supuesto, a lo largo de los últimos treinta
años, la revista Ajoblanco?
En principio, un medio por el que ha pasado muchísima gente significativa.
Una atalaya que te permitía conocer la realidad en un momento en
el que la gente buscaba que los hechos y los dichos se correspondieran;
que arte y vida fueran lo mismo. En una época de extremismos, en
la que todo el mundo quería ser el más radical, el más
libertario, el más troskista... Era una época, realmente,
extrema. Y una parte de la sociedad civil estaba acabando con el franquismo,
estaba rompiendo con la mojigatería tradicional de este país.
Te estoy hablando de lo que pasó del 69 al 73, cuando se producen
varios procesos paralelos en la sociedad barcelonesa y sevillana, porque
esos fueron los dos grandes núcleos de cambio de mentalidad. Y
luego las universidades más combativas, evidentemente la de Madrid,
la de Bilbao, la de Barcelona; Asturias también, en menor medida
Valencia...
¿Y es cuándo nace Ajoblanco?
No, todavía no existía. Estoy hablando del caldo de cultivo
que ya existía cuando se crea Ajoblanco; lo que ya está
hecho.
Yo viajo a Madrid y entronco con la nueva ola, a partir de septiembre
del 79, que es la etapa más interesante, que es cuando Madrid recupera
la libertad, cuando se abre Las Carolinas, La Vía Láctea,
El Sol, etc. Cuando el Rastro se instala en Malasaña y existe la
importante labor de La Vaquería, que fue todo un movimiento cultural,
cuando la CNT iba hacia adelante.
Desde Ajoblanco, una atalaya privilegiada, pude escribir esa crónica
social que refleja la transformación de las costumbres.
Todo proviene de los 68 que hubo: el de París, el de Praga, el
de California, el de Londres y Holanda. Todos estos movimientos conformaron
diferentes olas para cambiar el imaginario, las costumbres, la forma de
hacer política, lo social y lo personal.
En una época en la que la información llegaba a España
de forma sesgada, fragmentada; no había libertad, había
mucha manipulación, no sólo por el franquismo sino también
por la cultura comunista que imprimía sus consignas y directrices.
Y cuando, curiosamente, la instalación de las bases norteamericanas,
sobre todo, la de Morón, la de Manises y Torrejón mezclado
con la música de las emisoras de radio, con Jimmy Hendrix, Janis
Joplin, Bob Dylan... creó un momento radical; junto con las luchas
de CC.OO., la fundación del movimiento comunista con Bandera Roja,
la radicalización de la universidad como culminación del
Sindicato de Estudiantes, que supuso que, por primera vez, el SUC-PC tuviese
una gran mayoría, ya que mucha gente estaba desengañada
del radicalismo de los marxistas-leninistas y va a parar a este partido
porque son más espontáneos y están más implicados
con el día a día del movimiento universitario.
Se está produciendo, también, un cambio de mentalidad cultural
provocado por el rock que cada vez es más combativo, aunque llegue
con años de retraso a España.
¿Crees que la contracultura se politizó en España
por el hecho de que existiera el franquismo?
Yo creo que este momento cultural y anti-autoritario tuvo mucha base musical.
Nace en Sevilla y va a Barcelona. La movida hippie se mueve en torno a
los gitanos con quienes se produce un intercambio cultural. Comienzan
los primeros grupos de música progresiva que nacen simultáneamente
en Sevilla y Barcelona, con Pau Riba y Máquina, con la música
dispersa de Sisa y con Silvio y Smash.
¿Y en Madrid?
En la época en la que te estoy hablando, en el 69, el franquismo
es mucho más duro en Madrid. La represión es mayor. Pero
hay algunos conatos como, por ejemplo, en la Cervecería Alemana
en donde se aglutina Félix Rotaeta, Moncho Alpuente...
Pero Sevilla está mucho más volcada hacia Barcelona, porque
es una ciudad que, por diversas circunstancias, está más
abierta a la cultura; allí están las editoriales, los sudamericanos:
Vargas Llosa, Donoso, Onetti... Y una burguesía que apuesta también
por nuevas tendencias, nuevos locales...
¿La LSD actúo como detonante de todo aquello?
La LSD entra en España como una forma para abrir las puertas de
la percepción, como un medio que permite conocer otra realidad.
Suponía también un ataque al sistema, y había conciencia
de eso.
¿Entra a través de los hippies o de las bases americanas?
Evidentemente. Sobre todo en Barcelona, Ibiza y Sevilla. En esta última
ciudad por los "frees" norteamericanos que huyen de la represión
de California y que viajan hacia el Tánger de Paul Bowles y que,
a mitad del camino, se encuentran con el folklore gitano y el ye-ye español.
El teatro también es importante porque permite comunicar otras
cosas. La Cuadra de Salvador Távora, el teatro que viene del Actor
Studio.
Y comienza el primer cine de súper-ocho con la Escuela de Barcelona
que proviene de la Nouvelle Vague.
Todo va paralelo a la radicalización política, sobre todo
la universitaria, que surgió a raíz de la Ley de Villar
Palasí que provocó las grandes movilizaciones estudiantiles
que conllevaron la ocupación de la universidad por parte de la
policía e, incluso, el cierre de algunas facultades.
¿Cuáles eran los referentes intelectuales de aquella
generación?
Creo que era tal la ruptura cultural, que no había referentes.
Estaba naciendo una nueva conciencia para reformar el poder, no para tomarlo.
En el 73 hay un momento en el que se da esa posibilidad, una política
anti-autoritaria y asamblearia de verdad. Y todo aquello fue torpedeado
por la policía y por la burocracia de los pequeños grupos
de oposición al franquismo marxistas-leninistas. De alguna forma,
estos grupos estaban comenzando a pactar con los elementos más
aperturistas del franquismo. Existía una pugna entre la dirección
-que ya estaba preparando la transición- y las bases que lo que
deseaban era vivir la libertad desde lo político y el espacio social.
Es cuando surge Ajoblanco. Y lo que tuvo esta revista de novedoso fue
su compromiso social, bien claro desde el principio. Buscábamos
un espacio que no existía. Una idea de liberación cultural
del ser humano, de transformación, de pensamiento anti-autoritario.
Fue un proceso lento pero seguro hacia adelante. Y su gran triunfo fue
que no era sectaria.
En los años 75-76 me doy cuenta que tengo un pasado libertario
brutal que Ajoblanco recupera en el mismo momento en que se está
reunificando la CNT. Todos los movimientos culturales, pacifistas, ecologistas
y alternativos los toma la CNT. Razón por la que, en junio del
77, en Barcelona, antes de las elecciones democráticas, la CNT
realizó el mitin más grande que ha habido nunca.
Entonces Ajoblanco comienza a vender cien mil ejemplares.
¿Ajoblanco crece a caballo de la CNT, pero con total independencia?
Llenamos la CNT de gente, a pesar de que era un sindicato que no estaba
preparado para ello. Era un sindicato de clase obrera que no supo qué
hacer cuando de pronto aparecieron doscientos mil jóvenes dispuestos
a cambiar el mundo.
Cuando vinieron los Pactos de la Moncloa, a la CNT se le ofreció
todo si firmaba el pacto, que la CNT rechazó.
Después llegó el ataque desde el exterior, desde el Ministerio
de la Gobernación y desde el catalanismo, porque no admitían
que hubiera un sindicato libertario tan fuerte. Aunque a la CNT, también
le faltaron coordinadores de mayor edad.
Y en aquella CNT existía una clara alternativa, la posibilidad
de articular un movimiento anti-autoritario, libertario, ecologista que
fue sesgado desde dentro a través del excesivo dogmatismo de algunos
y, desde fuera, a través de la filtración de confidentes
y policías. Llegó el circuito de la heroína y sospechosos
accidentes de motos de militantes cenetistas que estaban en Ateneos muy
poderosos. De repente aparecieron armas...
¿Todo esto lo cuentas en el libro que estás preparando?
Sí, es el bienio negro, del 78 al 79, el ataque desde el exterior
y el desmoronamiento interior de este movimiento. Y finalmente -que es
la última parte de mi libro- la "nueva ola madrileña",
que es como la caricatura de todo lo que pudo ser y no fue.
Entonces, mi generación quedó totalmente descolgada, porque
tomó el mundo de la cultura pero no el de los medios de comunicación.
Nosotros desde Ajoblanco pudimos haber creado un grupo mediático,
pero nosotros no éramos gente de poder, no queríamos renunciar
a nuestros principios. Mi generación fue una generación
perdida, que transformó desde la calle la sociedad, pero que no
alcanzó el poder.
¿Y qué queda de ella?
Queda mucho. Todavía existe una fuerza política que responde
a esto, que no tiene a quién votar, que a veces vota y a veces
no. Que es ecologista y que está, en parte, en las movidas de las
ONGs, en la lucha contra la guerra... Es una generación que
emerge en determinados momentos.
En mi libro lo que intento es explicar esta realidad hasta ahora desconocida.
Hago memoria histórica. Es autobiografía pero también
es crónica social. Es la defensa de unos valores libertarios con
un gran trabajo de investigación. Se dan numerosas entrevistas
personales para dilucidar cómo se vivió ese cambio de costumbres.
He buscado también en archivos y en facsímiles la información
que no salió en los periódicos por la censura franquista.
No hablo desde la nostalgia, pero quiero que los jóvenes de ahora
conozcan lo que pasó en la transición.
¿Qué acogida piensas que va a tener tu libro?
Creo que va a ser muy polémico. Es una crónica y un legado.
Pero creo que es necesario. Mucha gente se va a ver reflejada. Pero estoy
haciendo un trabajo de chinos, llevo tres años trabajando en el
libro e, incluso, intento ponerme en la piel de otros. Es mi aportación
como investigador, como periodista.
El libro comienza con la manifestación contra la Ley de Villar
Palasí, el 14 de febrero del 72, y acaba con el beso de Alaska
a Tierno Galván, en el parque del Retiro.
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