Por Javier Esteban
El imperio americano no existe.
El profesor Antonio Negri es posiblemente
el único catedrático de Teoría del Estado que ha
sido procesado por insurrección contra el Estado. Ideólogo
y activista radical, su vida ha sido coherente con sus teorías
revolucionarias. Persecución, procesamiento, elección como
diputado, exilio, cárcel, arresto domiciliario
El profesor
Negri no ha dejado de hacer interpretaciones jamás. Ha publicado,
entre otras obras: Descartes político, El poder constituyente,
Spinoza subversivo, Marx más allá de Marx... Su último
trabajo ha sido un gran acontecimiento: Imperio, escrito junto a Michael
Hardt, vuelve a colocar a Negri como pensador referente de su tiempo.
Imperio ha aparecido finalmente en España de la mano de Paidós,
justo en el momento en que le visitábamos en una Roma convulsa.
Generación XXI.- ¿Qué destacaría de
los últimos acontecimientos internacionales, en relación
con su obra Imperio?
Antonio Negri.- El 11 de septiembre, la reaparición violentísima
de la cuestión de Oriente Medio y el nacimiento del movimiento
contra la globalización -desde Seatle a Génova pasando por
Porto Alegre-... Estos hechos reflejan que estamos en una situación
de gran movimiento. En nuestra opinión (hablo también por
Michael Hardt, coautor del libro) no se han modificado las características
que se dieron con la caída del bloque soviético. La situación,
para nosotros, "se ha perfeccionado"; si se puede decir así.
Por un lado, los modos de control imperiales se han integrado con la guerra.
Hemos pasado de una sociedad disciplinaria a una régimen de control,
en la línea de lo que Foucault explicó en épocas
diversas, pero la guerra interviene y perfecciona estos sistemas de control.
Los perfecciona, en primer lugar, tomando las formas de control normales
que el capital desarrolla. Cada vez más el terreno de producción,
de las viejas relaciones mundiales viene deshaciéndose. Y esto
significa que el imperio procede.
GXXI.- Un proceso en el que está surgiendo el imperio...
A. N.- Cuando definimos el imperio no nos referimos nunca a un
acto, sino a un proceso. La guerra interviene y por eso la llamamos guerra
constituyente. Con Clausewitz se decía que la guerra era la continuación
de la política por otros medios. Después del 11 de septiembre
se puede decir que la guerra es la fundación de la política
y, por tanto, estamos en una situación que completa el proceso
que entrevemos en Imperio. Otro elemento sería la aparición
de las masas como un horizonte de ruptura, de agitación posible.
De procesos de lucha anticapitalistas que aparecen como antiglobalización
pero que constituyen los verdaderos movimientos globales. Y estos movimientos
han tomado una importancia extraordinaria, basta observar lo que ha sucedido
hace pocos días en Roma, donde las fuerzas no globales se han unido
a las sindicales y tres millones de personas se han manifestado en la
calle. Éstas son cosas muy importantes que están pasando
y que demuestran por un lado que el desarrollo hacia el imperio va avanzando
y que con le 11 de septiembre ha desaparecido la ilusión de insularidad
americana. No son una isla y están expuestos, como todos, a los
efectos de la globalización. Por primera vez, aparece además
una oposición al imperio a su mismo nivel.
GXXI.- Usted estudia la decadencia de los estados nacionales, tesis
central de su libro Imperio. Sin embargo, si observamos los últimos
acontecimientos, el brazo de hierro de lo que ustedes llaman "imperio"
viene a ser el ejército nacional de los Estados Unidos, y, además,
se señala al "complejo militar industrial" como centro
de decisiones de la política americana.
A. N.- Nosotros pensamos que el imperio americano no existe como
tal. No negamos que los estados nacionales existan y que sean eficaces,
decimos simplemente que estamos ante un progresivo traspaso de la soberanía
del Estado Nación a algún lugar diverso. Pensamos que también
los USA están en este proceso. Los Estados Unidos han intentado,
a través de su clase política -por lo demás bastante
corrupta-, imponer una unilateralidad americana sin conseguirlo, que acaso
sí puede plantearse a nivel militar. Además del poder militar,
la soberanía es potencia monetaria, potencia cultural y toda una
serie de elementos que ponen en entredicho la posibilidad de los USA de
actuar por su cuenta. No podemos olvidar que la integración de
las corporaciones multinacionales es fortísima, incluido el complejo
militar industrial, que es también trasnacional.
GXXI.- Chomsky habló en Porto Alegre de la existencia de
un poder ilegítimo que ha secuestrado la soberanía a los
pueblos
A. N.- Estimo mucho el testimonio de Chomsky: Su ejemplo moral,
su toma de posición, su defensa de los pueblos oprimidos y de las
personas perseguidas. Creo, en cualquier caso, que su discurso está
seriamente limitado por un concepto de poder que es demasiado moralista.
El problema de la legitimidad o la ilegitimidad es un problema que se
puede proponer sólo a partir de ciertos niveles de fuerza, de ciertos
niveles de choque. Efectivamente, hay poderes ilegítimos desde
un punto de vista moral, pero la respuesta moral, aunque tiene un gran
valor, queda ahí, no va a más. El problema es entender cómo
el imperio (es decir esta serie de procesos a través de los cuales
se refuerza el poder capitalista sobre el mundo) puede ser contestado;
cómo se puede luchar con eficacia frente a lo que hay.
GXXI.- ¿Desde qué posiciones?
A. N.- Esto nace solamente de un análisis interno a este
proceso, y nace de la convicción de que el fenómeno de mando
capitalista tiene una naturaleza parasitaria. La fuerza del trabajo, en
la medida en que se hace inmaterial o intelectual gracias a la informática
y a la tecnología que sirve a la cooperación efectiva de
los trabajadores, señala la naturaleza parasitaria del capital.
Por eso aparece la corrupción interna del poder capitalista. El
poder capitalista ha tenido en la historia funciones ligadas a la organización
de la producción capitalista. Ha cumplido una función en
el gran paso de la agricultura a la industria a través de instrumentos
de mando. Pero el paso de la industria a la producción inmaterial,
intelectual, es necesariamente un paso a través de la democracia
o las formas de libertad. El hombre no produce si no es libre, y la caída
de la Unión Soviética, siendo una potencia enorme desde
el punto de vista científico y militar, se ha producido porque
no había libertad.
GXXI.- ¿Qué papel desempeñan el Banco Mundial
y el Fondo Monetario Internacional, como centros de decisión en
este proceso imperial?
A. N.- En la medida en que avanza la globalización, el FMI empieza
a utilizarse monetariamente, para imponer unas normas globales, no como
un brazo armado sino como instrumento de consenso que decide las políticas
de desarrollo económico capitalista coherente.
GXXI.- Pero para los antiglobalización, es un centro de
decisiones vital al capitalismo
A. N.- Sí. Nosotros, en el libro, utilizamos una imagen
de Polibio: el imperio como una constitución mixta donde se combinan
monarquía y aristocracia. La función monárquica estaría
representada por el FMI y el BM. Las multinacionales serían las
aristocracias de este orden mundial.
GXXI.- ¿Hasta qué punto el desarrollo capitalista
no es el desarrollo de una fuerza titánica técnica, fuera
de control de la humanidad, sobre la que construimos ilusiones políticas?
A. N.- Hay que mirar hacia atrás, ir al concepto de capital
y de industria. El capital siempre ha tenido una figura doble: capital
y operarios; capitalistas y sociedad. La industria es, desde este punto
de vista, uno de los pasajes. A día de hoy somos postindustriales,
lo que significa que no hay tantos lugares donde se organiza el trabajo
de las masas, sino redes donde se organiza un trabajo intelectual fuertemente
productivo. Hemos pasado de una sociedad industrial a una sociedad inmaterial,
de redes. Y este pasaje a las redes tiene dos aspectos: un capital que
quiere meter las manos en esta red, de apoderarse de ella controlando
sus accesos e intentando controlar su circulación. El otro aspecto
es la propia red.GXXI.- En Porto Alegre se denunció el intento
de privatizar las patentes de descubrimientos en biogenética, apoderarse
del espacio ultraterrestre
.
A. N.- Efectivamente, hay un intento de apropiarse de todo esto.
Se trata de resistir de manera muy fuerte, de permitir que quede abierta
la red, construyendo un tipo de sociedad intelectual nueva.
GXXI.- ¿Cuál sería el impacto de lo que Hungtinton
llama "guerra de civilizaciones", en lo que usted denomina imperio?
A. N.- Ese concepto tiene su origen en una política americana
fuertemente hegemónica, en los años 70. Pienso que el libro
de Hungtinton es un poco el Mein Kampf de la derecha reaccionaria americana.
Ya en los años setenta había publicado un libro sobre la
crisis de la democracia que allanó el terreno al fenómeno
Thatcher y Reagan. Es un hombre de la extrema derecha americana. Hoy se
intenta, se ensaya esta opción a nivel mundial. Pero afortunadamente
la situación ha cambiado y ni siquiera Berlusconi puede hacer aquello
que hizo la Thatcher y ha fallado en su tarea de romper los sindicatos.
Aquí en el continente no se puede hacer eso. En 1995, Jupé
lo intento en Francia y no pudo contra los trabajadores del metro y los
ferrocarriles. Ésta es la grandeza del proceso abierto. De este
concepto de una sociedad integrada donde los trabajadores sean ciudadanos
con derechos que tratan de compartir, abriendo la sociedad a los inmigrantes.
GXXI.- Sin embargo, la inmigración parece haber hecho bascular
a la derecha las sociedades europeas, incluido el fenómeno del
Frente Nacional en Francia, que llegó a ser el primer partido en
voto obrero.
A. N.- Sabe, ésas son cosas que se dicen y que yo no acabo
de ver. Puede que ahí estén los viejos cansados de trabajar,
que tienen que defenderse de la vida... Son variaciones electorales. También
en la Italia del norte muchos obreros han votado a Berlusconi, lo que
significa bien poco.
Otro asunto son las nuevas generaciones, que trabajan con gran movilidad,
cambiando constantemente de puesto de trabajo. Se trata de grupos de trabajadores
intelectualizados libres que no tienen nada que ver con esa otra gente
vieja. Éstos conforman la militancia antiglobalización y
sindical nueva.
GXXI.- Más o menos, usted estaría definiendo lo que
el sociólogo Emanuelle Vallerstein denomina antiglobalización,
como nuevo sujeto histórico crítico.
A. N.- Sí, creo efectivamente que sí. Una nueva figura
del trabajador, intelectual, móvil, flexible. Ése podría
ser el nuevo sujeto histórico crítico, sin olvidar que en
el movimiento se da una multiplicidad de potencia singular. Pero entiendo
que es importante saber que las protestas son un proceso abierto, y no
hay que recargarlas de ideología.
GXXI.- Sorprende ver que ustedes hablan de amor en su libro como
parte constitutiva del carácter del nuevo militante, siguiendo
el ejemplo de San Francisco de Asís. Frente a ello, está
la lucha de clases que Marx consideraba motor de la Historia.
A. N.- No he visto lo que usted dice
Cuando Marx habla del
odio de clases no se refiere a algo que caracterice a la militancia. Habla
de ello como algo propio de las estructuras. Odio, en el sentido de odio
a la explotación. Que es algo que debemos tener también
ahora. Cuando hablo de amor aludo a dos cosas: por una parte, antes que
nada, a la pobreza. Pensemos que el desarrollo capitalista, junto a la
transformación del hombre, conlleva injusticias enormes: el capitalismo
es un mecanismo que se basa en la exclusión. "Yo acepto que
tú entres en mi mecánica, pero debo excluir a los otros".
Esa exclusión crea pobreza. Pero la pobreza no se encuentra sólo
en el sur o el Tercer Mundo, la pobreza está dentro de nuestras
sociedades, y de manera acuciante. Podemos encontrar en Los Ángeles
una pobreza tan horrorosa como aquella que podemos encontrar en África;
al igual que en África podemos encontrar desarrollo y ricos.
GXXI.- El asesinato del profesor liberal Biaggi, detrás
del cual está la sombra de las Brigadas Rojas, en sincronía
con las manifestaciones contra las reformas laborales del gobierno
¿Qué está pasando en Italia?
A. N.- Creo que el asesinato del profeso Biaggi es un hecho aislado.
Podrían ocurrir otros, pero son hechos aislados que no tienen nada
que ver con la realidad italiana, con fenómenos sociales auténticos.
Nada que ver con la lucha armada en los años setenta que tenía
raíces sociales fortísimas y organizaciones poderosas detrás.
Hoy por hoy, son golpes de cola de algún grupito aislado sin ningún
tipo de referencia con la lucha real del país. Dicho esto, hay
que añadir que ha habido una derrota de la izquierda en Italia
por largo tiempo esperada. El problema de Italia no es Berlusconi, es
la izquierda que no ha sido capaz de frenar mínimamente lo que
ha sucedido, una izquierda vergonzante y reformista que cede continuamente,
incapaz de defender lo que representa.
GXXI.- ¿Cuál es su relación con la dirección
del movimiento No Global italiano, en particular con Casarini, su coordinador?
A. N.- Yo no hago política. Trabajo intelectualmente. Soy
un profesor, pero en Italia ni siquiera tengo esa consideración.
Soy un preso político. Todas las noches tengo que dormir en casa.
Estoy bajo arresto domiciliario nocturno. No puedo abandonar la ciudad
de Roma sin consentimiento.
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