Por Emilia Lanzas
La trayectoria editorial de
Ana María Matute se inició en la posguerra, a la edad de
diecisiete años, cuando se produjo un renacimiento de la literatura
española con autores como Sánchez Ferlosio, Juan y Luis
Goytisolo, Ignacio Aldecoa, García Hortelano... Desde entonces,
Matute ha publicado diecinueve libros de relatos y catorce novelas. Ingresó
en la Real Academia de la Lengua en 1996. Sus últimas novelas,
Olvidado Rey Gudú y Aranmanoth, han obtenido un enorme éxito
de ventas y crítica. Acaba de recopilar sus primeros escritos -que
inició a la edad de cinco años- bajo el título de
Cuentos de Infancia.
La imaginación como "sensación espiritual"
nace con la persona pero ¿cómo surge la necesidad de expresarla?
No lo sé, aunque, siempre he tenido la afición a escribir.
Antes de saber leer, cuando comenzaron a contarme cuentos, ya sentí
ese deseo. El deseo de plasmar el mundo que, como dije en el discurso
que pronuncié cuando ingresé en la Real Academia, es para
mí la imaginación, la fantasía, el ensueño;
la propia literatura. Desde el primer momento, expresar lo que imaginaba
era una parte de mi vida muy importante, o quizá la más
importante. Escribo porque no estoy conforme con lo que veo. Para mí
la literatura lo es todo. No sé hacer otra cosa.
¿Cuáles fueron aquellos primeros libros?
Cuando comencé a leer me inicié con los Cuentos infantiles
y familiares de los hermanos Grimm y con Hans Christian Andersen. En mi
opinión, son historias que todos los niños deberían
conocer. Al igual que los cuentos de hadas, porque te hacen pensar. Hace
poco leí el artículo de una descerebrada que opinaba que
esos cuentos clásicos son despreciables. Con esa afirmación
demuestra, primero, ser una ignorante porque desconoce la profundidad
del significado, tanto social como humano, y la estructura poética
de esas historias y, en segundo lugar, miente. Ella hablaba de las versiones
descafeinadas de Walt Disney, que no tienen nada que ver con esos cuentos
populares.
Sí, parece que ahora existe una opinión contraria a los
cuentos clásicos queriendo ver en ellos un medio de transmisión
de valores caducos; además de creer que poseen excesiva crueldad...
Sin darse cuenta de que eso es la vida. La vida también es muerte
y dolor. Es cierto que los cuentos clásicos son feroces, pero tienen
su arraigo en la mentalidad del hombre medieval. Y el pueblo que es sabio,
lo sabía ver así y los transmitía oralmente a sus
hijos. ¿Qué era el ogro? El señor feudal.
Es un error proteger a los niños de la verdad.
Los niños de ahora se aburren con los cuentos actuales porque son
políticamente correctos.
¿Por qué publicar ahora los primeros escritos? ¿La
vejez es un reencuentro con la infancia?
En mi caso no, porque jamás he dejado de ser una niña, por
muy académica que sea y aunque tenga un cierto peso -que yo no
me creo del todo- en la literatura e, incluso, aunque haya sido madre...
Yo me quedé en los doce años. Siempre he llevado a la niña
que fui muy dentro. Ser niña supone una gran felicidad pero también
un gran dolor, porque te hacen pagar por ello.
Pienso, como niña que soy, que este mundo es sólo una farsa
de los adultos.
Tus primeros libros -sobre todo En esta tierra, Los soldados lloran
de noche o Luciérnagas- están muy marcados por la Guerra
Civil y se da en ellos una proliferación de niños y jóvenes
que padecen el conflicto. ¿Cómo te marcó la guerra?
Cuando conocí los bombardeos, la violencia, el horror y la muerte,
el pequeño y seguro mundo de mi infancia burguesa se resquebrajó.
Todo cambió para mí. Y, naturalmente, la guerra marcó
mi vida de escritora. Fuimos unos niños demasiado asombrados.
Persiste la dicotomía entre la literatura escrita por hombres
y la escrita por mujeres. Se piensa que los primeros se fijan más
en las realidades objetivas y exteriores y también en el futuro
y que, las escritoras, tienden por el contrario a lo íntimo, a
lo interior y al pasado. Sin embargo, tu caso es bien distinto.
Yo no creo en la literatura que califican de "femenina". No,
para nada; tampoco creo que exista la "masculina"; creo en la
literatura a secas, en la buena literatura.
Además esas señoras que se ponen a escribir para contar
que les han dejado sus amantes o sus maridos deberían mejor ir
al psicoanalista. Yo las respeto, naturalmente, pero eso no es literatura.
Eso es una forma de sentir burguesa, que yo rechazo.
La literatura es técnica, oficio, simulación y, fundamentalmente,
no se puede ser escritora sin haber sido una gran lectora.
Lo que sí subyace en mis libros, tal vez, es la amargura, la decepción;
pero no creo que esos sentimientos sean exclusivos de las mujeres.
Porque sin memoria y sin dolor no se puede escribir...
No, y sin amor tampoco. Aunque el amor sea una equivocación, como
todos los grandes sentimientos. La vida también es una equivocación
maravillosa. Y lo que constituye la vida, el paisaje tuyo, son armas necesarias
para crear. La memoria, sobre todo, es muy importante. Evidentemente,
no la memoria del notario, sino la memoria transformada, la que da entidad
a lo que llamamos realidad. Los hechos que vivimos son sólo la
apariencia; la verdad es lo que se crea mediante la escritura. Escribir
es transformar la realidad. El presentimiento, la razón oculta
de las cosas, la imaginación... La memoria modifica lo que fue,
como un escultor. Eso es en el fondo la literatura: Una memoria modificada.
Tú que has recibido tantos premios -el Nadal, el Planeta, el
de la Crítica...-, ¿qué opinas sobre el Cervantes,
en donde has estado nominada un par de veces? ¿Es un premio político?
La verdad es que no lo sé, ni me importa. Me interesa disfrutar
con otras cosas de la vida mucho más satisfactorias.
Los premios se agradecen, pero en realidad, acaban siendo puras anécdotas.
Sé que hay escritores que medran y conspiran para obtenerlos; serían
capaces incluso de matar... Pero a mí, a estas alturas, me da igual.
Cuando comencé era diferente, porque los reconocimientos públicos
te animan a seguir; pero ahora... Prefiero beber cerveza con mis amigos...
Además, para que le den el Premio Cervantes a una mujer, todavía
tienen que cambiar muchas cosas en este país.
El relato te es más connatural que la novela. Ahora, se está
produciendo un resurgimiento editorial del relato, tras la primacía
de la novela. ¿Qué opinas?
Ya era hora que se reivindicase el relato,.. Me parece lo más cercano
a la poesía, que es el género literario que más valoro.
El relato posee una magia especial. Es el arte de decir lo máximo
a través de lo mínimo. Cada palabra, cada frase debe ser
escogida, insustituible. El relato posee fuerza, simboliza, impacta.
Me alegro, si es así, que las editoriales abandonen ya la política
comercial y publiquen a los escritores noveles que se lo merezcan, que
publiquen buena literatura.
¿Existe un mundo invisible tras la apariencia?
Por supuesto; si no creyese en él, no podría escribir. Es
un mundo que forma parte de la realidad y está presente en ella,
aunque muchas personas no sean capaces de verlo.
Después de Aranmanoth, ¿qué estás preparando?
Tengo una nueva novela en la cabeza. Quiero que transcurra en la época
actual, pero sin olvidar el lado fantástico de la existencia, los
elementos mágicos que la componen.
¿Es imprescindible la literatura?
No lo sé, aunque quiero creer que sí. Al menos para mí,
sí es imprescindible. Hace tiempo sufrí una depresión
muy fuerte, y el leer y el escribir me ayudaron.
Escribir da muchas satisfacciones a pesar de que cuesta mucho; bastante
dolor y fatiga y excesiva dedicación... te toma prácticamente
la vida entera.
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