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Entrevista a Pedro Zerolo

 

ENTREVISTAS

arrow.gif (79 bytes)Pedro Zerolo

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Abre el arcoiris

Por Alejandro Leguina

 

"La tranquilidad sólo se consigue luchando", declaraba Jorge Semprún, recientemente. Pedro Zerolo, presidente de la Federación estatal de gays y lesbianas, lleva más de 15 años en la brega. Su próxima batalla tendrá lugar el 30 de junio, a las 19:00. Su reivindicación, un orgullo que va más allá del arcoiris.

 

 

Generación XXI.- ¿Cómo te definirías políticamente?

Pedro Zerolo.- Me considero de izquierdas en un momento en que las ideologías siguen teniendo todo su valor. Existen, normalmente, dos maneras de hacer cualquier cosa y dos percepciones de una misma realidad, una de derechas y otra de izquierdas. Cualquier testimonio sobre la indefinición, para apelar a los tonos grises y al centrismo, es muy peligroso en un momento en que las ideas son muy importantes. Y las ideas de izquierdas mucho más para lo que ya es una realidad: Comprender una sociedad que es heterogénea, plural, diversa...

Esto, desde la izquierda, lo puedes entender. Desde la derecha, solamente, lo puedes observar.

GXXI.- ¿Se puede ser gay y militar en el P.P.?

P. Z.- Un homosexual puede militar en cualquier partido político. Ser homosexual es tener una orientación sexual determinada. Ser gay es un compromiso, primero contigo mismo, un compromiso de cambio, "individual, poroso y participativo", que decía Whitman. Por tanto, lo gay se convierte en un movimiento de transformación social, transgresor y de izquierdas, como de izquierdas han sido todos los movimientos de liberación.

GXXI.- ¿Respeto o tolerancia?

P. Z.- En un primer momento, antes y algún tiempo después de la promulgación de la Constitución de 1978, los gays y las lesbianas gritaban "libertad". En un segundo momento, ya sintiéndonos libres, se grita "igualdad". Nuestra lucha, ahora, es una lucha por la igualdad formal y material de derechos. Y el tercer grito, que está por llegar, es el de "fraternidad", que consiste en que, tanto gays como lesbianas, nos demos cuenta de que no es lo mismo serlo en Madrid o Barcelona, que serlo en un pueblo, o en tantos otros sitios donde está penalizada, todavía, la homosexualidad. En muchos de ellos con pena de muerte. El término tolerancia iba unido, de alguna manera, al grito por la libertad. Desde el momento en que pedimos la igualdad, ésta lleva aparejada el respeto, y éste, sólo se consigue, siendo iguales ante la ley.

GXXI.- ...Y el 30-J... ¿Las calles se vestirán, una vez más, con el arcoiris?

P. Z.- La etapa, entre los años 92 y 95, fue fundamental para ir concretando el grito de igualdad. En ese momento, fue muy importante darse cuenta de que la mejor arma política que tenemos es la visibilidad. Visibilidad para ofrecer una imagen plural y diversa de lo que es la homosexualidad, para que vieran que trabajamos, que elaboramos nuestros proyectos de ley... Cuando toda esa idea se traduce a la práctica y se lleva a la calle, resulta que para aunar voluntades y sensibilidades, surge un mínimo folklore, una idea poética que ha atravesado transversalmente a todas y todos los que van a las manifestaciones. Y esta idea nosotros la expresamos, en libertad y como nos da la gana, a través de la música, el color, la bandera del arcoiris...

GXXI.- Y lo expresáis llenos de orgullo...

P. Z.- Yo creo que lo que estamos encabezando los gays y las lesbianas, simbolizado en esa bandera, es algo que "va más allá del arcoiris". Estamos poniendo de manifiesto la realidad de una nueva sociedad. Una realidad diversa, plural, muy interesante y representada por gente muy joven, de menos de 30 años. Este es un movimiento con un discurso muy generoso, porque estamos abanderando temas de otros movimientos, como el feminista, ya que intentamos confluir para ser la avanzadilla que anunciaba la izquierda europea de finales del XIX, que transformaría la sociedad, que nutriría de ideas y de personas a la izquierda europea durante los próximos siglos. Y eso va a ser así porque se ha ido puliendo un discurso, desde el respeto y la coexistencia, hacia un nuevo pacto social entre mujeres y hombres. Por eso, yo llevo hablando, hace muchos años, del día del orgullo ciudadano.

GXXI.- Del 30-J del 2001 a dónde

P. Z.- Nuestra lucha, por la plena equiparación formal y material, es la búsqueda de la dignidad. Esta es una senda hacia el reconocimiento del individuo pleno, que pasa, irremediablemente, porque tenga todos los derechos y todo el respeto del mundo. Un camino que estamos recorriendo con mucha más gente, porque creemos que esa nueva sociedad, la sociedad del arcoiris, es una idea interesante y llena de la poesía que, en este momento, le falta a la izquierda. Por todo esto, la manifestación de este 30 de junio puede ser determinante. Y cuando la gente se vaya llena de orgullo ciudadano para su casa, tendrá un año más de "motivol" para aguantar en una sociedad que todavía sigue siendo muy machista, muy homófoba y muy sexista.

GXXI.- ¿A quién invitarías, el 30-J, a estar contigo en la Puerta de Alcalá?

P. Z.- Yo convocaría, el sábado 30 de junio, a partir de las 19:00 horas, a toda la gente que crea en una sociedad diferente, donde quepamos todos, donde no haya diferencias ni por el color de la piel, ni por razón de sexo, ni por razón de orientación sexual. Donde permanezcamos unidos, en un proyecto común de respeto absoluto a lo que son todas y cada una de las individualidades, que forman el cuerpo social. Una sociedad diferente donde se destierre la violencia. A la gente que crea en el movimiento ciudadano, pacífico, reivindicativo, revolucionario y poético. A todos los que crean en la igualdad social y material, que acudan a la manifestación porque apoyando una reivindicación como es la de gays, lesbianas, bisexuales, transexuales, transgénero... apoyan una reivindicación común, que va a cambiar la percepción de la izquierda sociológica y parlamentaria. Hay que acudir porque este es el momento, y porque pasados los años y las leyes de la igualdad lleguen, todo el mundo se querrá subir al carro, y sólo algunos tendremos la satisfacción íntima, de haber participado, en el momento en que la necesidad surgió.