Generación XXI.- ¿Cómo comienza a editarse la Fiera Literaria?
Manuel García Viñó.- Ese es un tema que está todavía bajo sumario; en la revista
hay gente muy importante, la mayoría joven, que tardará algún tiempo en dar su nombre.
Pero el inicio se encuentra en los años 60, cuando tuve la idea de hacer una revista que
entonces pensé llamar El Criticón cuya base revolucionaria fuera decir,
simplemente, la verdad, y no casarse con nadie. Esto, que parece una tontería, es la base
del éxito actual de La Fiera Literaria. La honestidad y el rigor crítico y, sobre
todo, no venderse a la publicidad. Otra idea que tuve -junto con Lucía Tirado, Mari Cruz
Dominó, Isidoro Merino, Manuel Asensio y otros-, fue hacer un Centro de Documentación de
la Novela Española en el que se tratara de reunir toda la novela española del Siglo XX,
junto con un expediente para cada autor y, a partir de ahí, promover estudios,
investigaciones, etc.
Después, desde el propio Centro, surgió la idea de hacer un Taller de Literatura
junto con Juan Ignacio Ferrerás, que tiene un conocimiento extraordinario de la novela
española del XIX y XX, una filósofa, Victoria Sendó y un comunicólogo, Juan Francisco
Llerena.
GXXI.- A los que escribís en la Fiera Literaria se os hace la crítica de que sois
unos escritores frustrados, críticos de lo imposible, y que estáis destruyendo todo lo
que existe en el panorama cultural español.
MGV.- ¡Es tan fácil destruir lo que hay...! Nosotros pensamos que la principal
misión de una editorial no es ganar dinero, sino descubrir a un gran escritor. En la
actualidad, editoriales como Alfaguara, Anagrama y otras, lo hacen al revés. ¿Que
escribe un libro Sara Montiel y que se lo hace un negro?; eso da igual. Es lo que le
decimos a Polanco: sí, está bien ganar dinero; pero si lo puedes hacer con obras dignas,
¿por qué lo hace usted con basura?
¿Que dicen que yo tengo resentimiento? Pues vale, lo puedo admitir, me da igual, es
humano; pero lo que me increpa es ver ensalzar la idiotez. Que se publique a autores como
Almudena Grandes o Javier Marías afirmando que son los grandes escritores españoles del
momento es algo incomprensible.
GXXI.- Vosotros afirmáis que hay unas oligarquías editoriales que están conformando
una dictadura cultural. ¿No existe, por tanto, la opinión pública?
MGV.- La opinión pública española está muy manipulada y, además, es bastante
inculta. Debe existir un mecanismo psicológico que provoca en la mayoría de la gente la
idea de que lo que se anuncia es bueno. Por eso, el primer cuaderno de crítica que
sacamos sobre Todas las almas de Javier Marías -novela que desmenuzamos con
rigor-, provocó el total desconcierto. Lo mismo que afirmar que Cela y Umbral se expresan
como impotentes.
Nosotros somos radicales; ya está bien de tanto casticismo, de tanta valoración de lo
local, hay que defender la universalidad. Reto a que alguien me saque una sola frase de
toda la obra de Cela que considere digna de ofrecer a sus hijos para que mediten sobre
ella o la conviertan en guía de su vida. Desde La Fiera se le ha dicho tantas
veces a Cela que es un analfabeto, que se ha sentido obligado a citar constantemente, por
ejemplo, a Pascal o a Sartre, para desmentirlo.
GXXI.- ¿Cómo ha sido el contacto con "La Razón"?
MGV.- Nosotros estábamos en la clandestinidad cuando Luis María Anson nos reconoció
que La Fiera estaba realizando una labor de higiene impresionante. Fue el propio
director de La Razón quien nos sugirió algún tipo de colaboración. Desde un
primer momento, el entendimiento fue muy bueno, porque Anson quiso potenciar nuestra
revista.
GXXI.- Entonces empezaron las presiones...
MGV.- Las presiones existen desde mucho antes; pero ahora proceden, sobre todo, de
profesores, académicos y escritores que se han sentido maltratados.
GXXI.- Uno de vuestros principales motivos de crítica son los creadores de opinión,
los columnistas.
MGV.- Sí, los columnistas moralistas... Rosa Montero, por ejemplo, escribe a un nivel
que calificamos de chato. O un Vázquez Montalbán que, con lo que ha sido, está ahora
cómodamente instalado en el establishment, aceptando el chanchullo del Premio Planeta y
ganando muchísimo dinero; o un Manuel Vicent que, por un lado moraliza y, por otro, se
aviene a aceptar el Premio Alfaguara. Eso es hipocresía; la hipocresía de estarse
enriqueciéndose asentados en el sistema e ir, al mismo tiempo, de rebeldes. Situaciones
de este tipo son las que denuncia La Fiera.
Nosotros también creemos que la fama es ahora un producto de marketing porque ésta se
crea con antelación al autor y, por lo tanto, a la obra. Las editoriales eligen al
escritor más inculto, y lo convierten en éxito. Particularmente, eso es lo que no puedo
perdonar a Polanco. De esa forma, él ha erigido a Javier Marías, a Almudena Grandes y a
muchos otros; también tiene de crítico estrella en El País a Posadas, un inepto.
En cambio, los buenos escritores no son admitidos. Por esta razón, una de nuestras
ideas es crear una colección de buenos novelistas que no pueden publicar en las grandes
editoriales. Se sacaría un promedio de seis obras al año; primero, porque no se
encontrarían más libros dignos de ello y, segundo, porque las presiones van a ser
enormes.
GXXI.- ¿Tal y como ocurrió con el ensayo sobre la obra de Gala que escribió Manuel
Asensio?
MGV.- Exactamente. Espasa Calpe estaba muy interesado en venderla, pero Antonio Gala
que debía presentar un libro suyo en el local de la Gran Vía, al ver la obra de Asensio
-él, Gala, ¡gran defensor de la libertad!-, dijo que si aquel libro continuaba
distribuyéndose, rompía su contrato con Espasa Calpe.
GXXI.- ¿Tú crees que si hay algo prefabricado es la generación de jóvenes
escritores?
MGV.- Nombres como Prada, Lucía Etxebarría, y otros, son montajes auténticos;
aunque, esta chica me han dicho que escribe muy bien y que de tonta no tiene un pelo; sin
embargo, se presta como los demás al juego existente. Los jóvenes escritores quieren ser
famosos y ricos, pero ninguno se preocupa de escribir buenas obras. Ese es la gran pena.
Destacados:
. El éxito de La Fiera Literaria radica en la honestidad, el rigor crítico y,
sobre todo, no venderse a la publicidad
. La opinión pública española está muy manipulada y, además, es bastante inculta
. Los jóvenes escritores quieren ser famosos y ricos, pero ninguno se preocupa de
escribir buenas obras