TRABAJO TORTURA

 

Por Ainhoa García Oyarzun


Cuenta la leyenda que el trabajo dignifica y hace libre al ser humano o, también, había una vez un mundo feliz en el que todos trabajaban dignamente, pero ¿qué chufas son éstas? Hoy día (y quien diga lo contrario es narco o ministro), el trabajo es un nuevo tipo de tortura que presupone la servidumbre de los trabajadores (peor que basura, vamos): la esclavitud fue abolida en 1880 en España para instaurar (que siempre viene mejor)... ¡el trabajo tortura!

El ser universitario

Como siempre (y cada vez más que nunca) ser universitario en el mercado laboral tiene sus desventajas y sus desventajas: por ejemplo, la contratación en prácticas, las medias jornadas porque hay que ir a clase, que el último mono siempre se lleva las broncas, etc.

Pero, ¿qué es esto del trabajo tortura?, se preguntarán ustedes (en este caso poco han tenido que someterse a las contrataciones horrendas y las condiciones laborales patéticas de los últimos tiempos). Bien, el trabajo tortura reúne los siguientes requisitos básicamente referidos al trabajador y la trabajadora (suele haber variaciones sobre el tema ad libitum). Así le ve a usted la cúpula directiva:

1.- Los curritos y curritas son inmundos: no merecen ni la miseria que cobran (de hecho, si es trabajadora debe sufrir más aún).
2.- No deben mirar jamás de frente al jefe y menos aún discutirle NADA.
3.- Deberá ser insultado y vituperado en los casos en que tenga razón y, más aún, cuando hable de sus derechos laborales, ya que en este caso podríamos acabar en el SMAC (Servicio de Mediación Arbitraje y Conciliación) o en el Juzgado de lo Social y eso es peligroso.
4.- Cuanto más sepan o más titulación demuestren estos tipejillos, más deben ser humillados por si se diera el caso de que desvelaran la ineptitud de cualquiera de sus directivos.
5.- Un salario de mierda implica un trabajador fiel; en caso de reclamación, implica un despido.

¿Dignidad?

Además, usted deberá soportar filosofías baratas del tipo búsquese otro queso (fabulado, como si fuese usted idiota) o consejos “niueich” como “hay que ser positivo” que se resumen en una palabra: resignación (por decirlo bonito).

Hemos llegado al punto en el que ser trabajador o misionero viene a ser lo mismo, con el agravante de que no existe un dios del trabajador que le proteja, si acaso San Pancracio o, en algunos casos, San Antonio o Santa Rita. Ni siquiera los sindicatos o el gobierno parecen esforzarse mucho no ya por conseguir las 35 horas semanales sino las 40, que por lo general se superan con creces, sin paliativos y sin reflejo en las nóminas. Por ejemplo, usted quiere sus días de vacaciones pero la empresa no va a contratar a nadie para suplirle; si usted exige sus vacaciones seguramente las tenga para mucho más tiempo, de hecho no volverá por allí; si además exige sus derechos con el Estatuto de los Trabajadores en la mano seguramente lleguen a insultarle en plan “está mal de la cabeza” o “está mintiendo”. La opción más acertada (la única) es que usted se deshaga de su dignidad y se ofrezca sin límite.

La dignidad es inútil en el entorno laboral, le tacharán de persona soberbia, engreída, estúpida o anticuada. Usted debe creer en su empresa, eso es todo lo que debe hacer (si es mujer mejor quédese en casa cuidando del hogar).

CEOE, gobierno y sindicatos entienden más que usted de estas cosas (si bien es cierto que si está usted sindicado/a en pocos sitios le van a contratar).

Las malditas prácticas

Conviene diferenciar entre “trabajo en prácticas” y “prácticas laborales” pues, aunque los dos tipos de contratación son igual de horrendos, uno es peor que el otro. Pongamos por caso que usted quiere terminar su carrera, por ejemplo, Psicología, pero para ello debe hacer prácticas en una clínica privada de desintoxicación que, aparte de no pagarle un duro, le obligará a tratar con todo tipo de peligros y analíticas... Vamos, ¿con qué cara se mira usted al espejo todas las mañanas?: Con cara de asco. Bien, esta pregunta era fácil, probemos con otra: usted ya ha terminado la carrera y sólo le van a contratar en prácticas... Sí, lo ha adivinado, cobrará menos y sufrirá más, además de tener la misma cara de asco que en el ejemplo anterior y esta situación inmunda e inenarrable durará cuatro años desde que usted acabe su carrera.

Sí, lo ha vuelto a adivinar, en el primer caso se trata de “prácticas laborales” y en el segundo de “trabajo en prácticas”. Si lo dedujo debido a que se encuentra en cualquiera de estas contrataciones, lo sentimos sinceramente y sólo nos queda desearle suerte y paciencia.

A estas modalidades de contratación es comparable el trabajo “por obra y servicio” y el de “necesidad de la producción”. En ambos casos es aconsejable asesoría sindical o un buen abogado (que siempre viene muy bien en cualquier caso).

Un despido, otra “okupación”

“Libreeee, como el ave que escapó de su prisión y puede al fin volar” (o sea, de la que te has librado, majete), porque no, no y no, un despido no sólo no es el fin del mundo sino que es el comienzo de una vida nueva: a más puestos de trabajo, más experiencia. O como quiera usted verlo, pero no mire atrás con ira: respire, relájese y dése cuenta de la que se acaba de librar (teniendo en cuenta hasta qué punto estaba llegando el mobbing a su alrededor para que desistiera y se esfumara). Usted ha resistido, usted se merece una fiesta. En caso de poder cobrar el paro la fiesta será mejor, si no, no importa, celébrelo de todos modos. Además, aunque no lo parezca, siempre hay trabajo en algún lado.

Trámites y papelillos varios

La burocracia es más poderosa que el catolicismo en nuestro país, así que debería usted irse familiarizando. El “vuelva usted mañana” de Larra es el mejor ejemplo, pero si no tiene tiempo de leerlo vaya al grano, mire de frente a las personas de las ventanillas del SMAC y el Juzgado de lo Social y diga alto y claro lo que quiere sin dudarlo (se encontrará con gente muy amable también). Rellene en los impresos SÓLO los datos que conozca y si no, pregúnteles, que de eso sí que saben mucho.

Al final, cuanto más maneje los papeles mejor se sabrá sus propios datos, lo cual ayuda mucho a la hora de contárselo a los colegas (queda más verídico).

¡Vive para trabajar!

Usted no es nadie y debería desaparecer si no pasa diez horas al día (o más) en su centro de trabajo, si no acude a “meetings” de empresas del sector o no lleva el coche de su jefe al taller. Usted no merece un reconocimiento social si no se enfunda un uniforme “yupi” de trabajo (tacones ellas, corbatas ellos), lleva un maletín, habla por el móvil y se come un “sandwich” a la vez. Usted debería fugarse del país porque pertenece a esa clase de gente rara que no vive para trabajar y que no habla de asuntos de la oficina los fines de semana cuando queda con sus compañeros de trabajo porque tiene una vida privada aparte.

“Pero, ¿qué hace usted aquí entonces?”, le preguntarán. No responda nada (esto es importante) porque en el momento en que un leve suspiro de tristeza salga de su boca se darán cuenta de que realmente no es una máquina y... acabarán con usted.