Los sufis dicen que el sufismo es un viaje, un camino que conduce al Corazón. Para el sufismo el Universo no es sino la emanación del corazón de Dios creador de todo imaginario. Lo divino se redescubre a sí mismo en el espejo de la conciencia de los gnósticos, abierta a la magia mediante la práctica del amor.
Tomo estas notas cuando sobrevuelo la ciudad de Konia (Turquía) entre estrellas que brillan con fuerza. Voy camino de Chipre, a conocer la Tariqa Naqshbandi, una de las cofradías del sufismo, y uno de los lugares donde dicen que se oye latir con más fuerza la tierra. Aunque los sabios sostienen que el cielo no es sino la parte más baja del paraíso, la noche es especialmente clara y envolvente, pues el avión parece suspendido caprichosamente, como un juguete, en sus manos.
Mis ángeles custodios en este viaje son dos hombres de mundo: un notable escultor de la movida, libertario y buscador, que ahora se llama Abdelwahid (siervo del único) y un hispanoalemán que dejó todos sus negocios por una llamada: Ibrahim.
Vamos a visitar a un hombre al que llaman el Califa de los Santos, cuadragésimo sheik (jefe) de esa cofradía de místicos. He leído en alguna parte que el sheik sube al cielo a rezar con Jesús, la virgen y los profetas, con Mahoma a la Cabeza. Su séquito lo forman desde hace siglos turcos, armenios, azerbayanos, rusos, chinos, árabes, pero últimamente miles de occidentales que han pasado por la Nueva Era, el neoplatonismo, la LSD, los grupos cristianos de base o la gnosis.
El sheik –te preguntarás- es el hombre que ocupa la portada de esta revista, haciendo literal el dicho de que puede estar en 70.000 lugares al mismo tiempo.
El objetivo del viaje es terminar un reportaje-libro, y filmar y preparar un programa especial de Las noches Blancas, con Dragó. Pero a mi viaje de trabajo le acompaña en todo momento un viaje interior que alimenta un imaginario que crece conforme nos acercamos a la isla.
El Trip Sufi
El trip del sufismo es uno de los más poderosos que puede vivir un ser humano que busca lo invisible. Dicen que el sufi ve su propia existencia como las partículas de polvo que un rayo de sol hace visibles; ni real ni irreal. (Abu,l Hasan ash-Shâdhili). Así veo yo ese viaje, pues soy uno de esos occidentales curiosos que ha quedado fascinado por tres grandes autores sufis: El poeta Jalaludim Rumi, el santo y filósofo Ibn Arabi y el cómico Mulá Nasrudin.
El sufismo es una de las tres grandes manifestaciones humanas hacia lo sobrenatural y lo invisible, además de una práctica mística poderosa: probablemente la escuela de conocimiento más cercana al viejo saber mediterráneo, puesto que los árabes recogieron la magia y la filosofía de los griegos, recibiendo además el influjo de la India.
Hadrat Abdul al-Qadir al-Jilani, dice que el nombre de sufi es una expresión derivada de la palabra árabe saaf "puro". La razón por la cual los sufis fueron llamados por este nombre es que su mundo interior está purificado e iluminado por la luz de la sabiduría, de la unidad y de la unicidad. La noción de realidad de estas gentes es mágica. Tal vez por ello, los sabios sufis sean una mezcla de filósofos, poetas y cómicos en burla permanente de lo que otros llaman realidad. El conocimiento del sufismo es esencialmente mágico y está relacionado con las experiencias estáticas y su narración posterior, insertas en la revelación del Corán y el profeta Mahoma, pero abiertas a otras gnosis. Ibn Arabí (quizá el más importante santo y filósofo español) rompe los moldes de la experiencia mística: “Mi corazón se ha abierto a todas las formas: es pasto para las gacelas, convento de monjes cristianos, templo de ídolos, la Caaba del peregrino, las tablas de la Torá y el libro del Corán. Practico la religión del Amor. En cualquier dirección en que sus caravanas avancen, la religión del amor será mi religión y mi fe”.
Islamismo versus sufismo
Los santos del Islam y sus místicos contradicen la versión violenta del terrorismo del islamismo radical y de la intolerancia de la sharia o Ley. Bin Laden es un demonio para los hombres de corazón: un demonio que se viste y se hace pasar por uno de ellos, porque “el murmurador” trabaja sin descanso para dividir las almas. La guerra santa del sufismo sólo tiene lugar en el corazón, puesto que en esencia todo sucede en el corazón y no hay más Realidad que la Unidad. El sufismo es el néctar del Islam, pero nada tiene que ver con el islamismo. Los sufis no hacen política, sino que la padecen: han sido perseguidos desde Irán hasta Turquía, desde Afganistán hasta Argelia. Sus lugares santos han sido pisoteados, sus libros quemados, sus visionarios asesinados o torturados salvajemente por quienes hacen de la Ley (Islam exterior) una prioridad absoluta sobre el corazón.
Tal vez por eso, el Califa de los santos tiene dos mil murids (iniciados) en Alemania y busca un monasterio para que quinientos caballeros españoles se preparen, entre las almas de los santos, para apoyar la llegada del Madhí que luchará en el imaginario contra el anticristo antes de la segunda venida de Jesús. Tal vez por eso la tariqa o cofradía estadounidense de los nasbandis sea la mejor preparada, con físicos, doctores, profesores de filosofía, californianos de vuelta y tipos exóticos con turbantes.
No deja de ser curioso que el latido poético de América (del que surgen Whitman, Dylan o Ezra Pound) esté siendo conquistado irremediablemente por Jalaludin Rumi, el más grande de los poetas ebrios y presunto inventor de la danza de los giróvagos. Rumi siguió la sombra de Shams de Tabriz, de quien dice en uno de sus rubayat:
“Grité y en aquel grito ardí/ Callé y marginado y mudo ardí/ De los márgenes todos me arrojó/Al centro fui y en el centro ardí”.
El diálogo entre Amado y Amante es el centro de la vía sufi, y sucede en el corazón. Cada minuto y en cada respiración es recordado el creador. Eso hace de la vida un viaje iniciático completo que nos abre a otras realidades distintas: el mundo es un imaginario consciente que percibimos y, salvadas las apariencias, se nos va desvelando.
La conciencia de Dios –tesoro oculto- es la que se redescubre en el diálogo de los sufis. Los borrachos de Dios -así los llaman-, recuerdan en un rapto continuo y trabajado que son parte de la unidad. Nada que ver con otras guerras.
Sobria Ebrietas (ma non troppo)
La ebriedad de los místicos no ha sido comprendida, como no lo fue la de los místicos cristianos. La mística no interesa a las instituciones ni al poder, porque aleja del mundo a sus practicantes, confundiéndolos a los ojos de los ortodoxos y abriéndolos a realidades secretas que durante siglos quisieron monopolizar los intermediarios del alma.
Cuentan que un sufi llamado Abû ´L Hassan estaba en pleno éxtasis divino, sumergido en una orgía con Dios, cuando de repente sintió su voz.
- Como se enteren allí abajo de lo borracho que estás te van a lapidar. ¿Quieres que cuente a la gente tu estado para que te lapiden?
El sufi contestó:
- ¿Quieres que hable a la gente de tu infinita Misericordia, para que nunca vuelvan a postrarse ante Ti en oración?
Esta anécdota rebela las tensiones entre los dos mundos de conocimiento. Para unos Dios es un justiciero rigorista y para otros una fuente de bondad.
Para los miembros de la tariqa naqsbandi lo externo es imagen de lo interno. Además de cultivar la mística siguen la tradición (sunna), y por eso visten como turcos del siglo XIV, lo que nos plantea algunos problemas en las fronteras que pasamos, cerca ya de nuestra llegada a Chipre. Son islámicos de corazón y de formas, pero no islamistas. Las mujeres hacen vida separada en la mezquita, lo que choca al occidental.
Entre la Corte del Rey Arturo y la Guerra de la Galaxias
La mezquita del sheik está llena de caballeros de todo el mundo. Una corte de murids, sabios y místicos rodea al Califa de los santos, que suele salir a rezar o a meditar con ellos al menos una vez al día, entre gritos de júbilo. Más que devoción, lo que se respira allí es santidad y magia. Hombres de todo el planeta, con sus luminosos turbantes, practican el eneagrama, la adivinación, la curación por imposición de manos. Pasan el día rezando, filosofando, intercambiando conocimientos y meditando con sus gruesos libros de historias interminables.
La percepción se altera en aquel lugar con los ritos y las oraciones, se multiplica y suspende el tiempo y las cosas cambian de apariencia. En el jardín se insinúan las rosas y los pájaros mitológicos. Cada presencia del sheik es recibida con alegría. Una enorme cola de hombres quiere recibir consejo de Maulana, que es como le llaman sus amigos al chamán y rey de imaginarios.
A pesar de sus años, Maulana trabaja de sol a sol para su gente. En su mirada hay algo que extraña, pues mirando sin mirar parece un scanner que lo recorre todo. De hora en hora cambian de color sus pupilas en las que se reflejan el mar de Chipre y el verde de sus limoneros.
A lo largo de siete días, el viaje interior continúa transformando el tiempo, la percepción y el estado de las cosas. Uno se ve desde fuera y desde dentro, rompiendo los límites de la razón.
La noche del dickr (ceremonia del recuerdo consistente en la repetición de los atributos divinos o nombres de Allah), la mezquita se convierte en un barco suspendido en el aire por una marejada dulce que todo lo envuelve.
Uno de los proverbios de estas gentes dice: La verdad se derrite en las manos de aquél cuya alma no se derrite como la nieve en manos de la verdad.
Los sufis tienen su verdad, que es una verdad antigua y cultivada. Entre limones, cuando cae el día, Maulana mira sin mirarte y te enseña a mirar con el corazón cosas aparentemente invisibles.