SOBRE LOS PREJUICIOS
O COSAS QUE MÁS NOS VALDRIA OLVIDAR

 

Por Arturo Villarrubia

Pensamos que los prejuicios son cosas de la gente mayor o de personas sin formación. Como veremos a continuación, eso también es un prejuicio.

“No malgastaré mi vida en una esperanza vana, buscando a alguien perfecto entre los que nos alimentamos con los frutos de la tierra”
Simonides

En estos tiempos en los que quienes la promueven llaman flexibilidad laboral y los que la disfrutan la califican simplemente de inestabilidad, la experiencia, antes arcana, de someterse a una batería de pruebas de personalidad para acceder a un puesto de trabajo se ha convertido en algo, sino cotidiano, relativamente frecuente.

Una de las piedras con las que más se suele tropezar en dichas ocasiones son las preguntas del tipo: “¿Ha mentido usted en alguna ocasión?”, “¿llega tarde alguna vez a sus citas?”. Comoquiera que en semejante trance todos buscamos presentar nuestro lado más favorable, las respuestas suelen ser que uno, por favor, nunca jamás hace cosa semejante. Lo que representa un grave error. La psicología confirma que todos somos seres humanos y que nadie está libre de equivocarse ocasionalmente. Quien se presenta como perfecto o bien se engaña a sí mismo o bien pretende engañar a los demás. En palabras de Mark Twain, sólo hay una forma segura de reconocer a un hombre honrado, preguntándole si lo es. Si te contesta que sí, estás en presencia de un canalla.

Es por eso que los clásicos, con Marco Aurelio a la cabeza, no advierten que conocerse a sí mismo, conocer nuestras limitaciones, es la cima de la sabiduría. Tradicionalmente, a pocas tareas más arduas, ni más valiosas, puede enfrentarse un ser humano que a afrontar los rasgos negativos de su carácter.
Pero en general no engañamos sobre nuestro carácter. Como indica el psicólogo Steve Pinker “en términos generales, nos engañamos sobre los buenos y eficaces que somos… Incontables experimentos de psicología social confirman que deformamos la realidad para hacernos ver bajo la luz más favorable. De hecho, la mayoría de nosotros se considera por encima de la media en algún rasgo positivo. El conductor cauto se considera por encima de la media en prudencia, los que conducen deprisa se consideran por encima de la media en reflejos”.

Ciencia infusa


“La libertad de opinión es un verbo que se conjuga irregularmente. Yo soy independiente. Tú eres raro. Él esta chalado…”

Si, Primer Ministro.

Estamos acostumbrados por Hollywood a la imagen del racista que da inicio a sus peroratas con la coletilla: “Algunos de mis mejores amigos son negros, pero…”. No es menos frecuente encontrar a quien te diga que, a pesar de que la Compañías aseguradoras les hacen abonar primas menores en base a rigurosos y extensos análisis estadísticos, las mujeres conducen peor que los hombres (aunque por lo general el concepto que se maneja de peor es conducir con prudencia y cumpliendo las señales de tráfico), o que todos los políticos son unos corruptos (como si los políticos honrados que hacen su trabajo con discreción fuesen a salir mucho en las noticias). Los prejuicios no son sólo algo individual también pueden afectar a las instituciones. En el libro de David Corn Hubris: the inside story of spin, scandal and the selling of the iraq war, se explica como, cuando todas sus fuentes emitieron la misma información -que no existían armas de destrucción masiva-, la Agencia Central de Inteligencia decidió nada menos que todas sus fuentes estaban comprometidas y no hacían otra cosa que decir lo que Saddan Hussein quería que dijesen. Cuando los prejuicios se vuelcan contra los miembros de un determinado colectivo racial, las consecuencias son con demasiada frecuencia, trágicas.

Lo que tienen todos estos casos en común es el mantenimiento de opiniones previas sobre algo que se conoce mal. Es, como nos dice la Real Academia, juzgar de las cosas antes del tiempo oportuno, o sin tener de ellas cabal conocimiento. O en palabras de Voltaire: “opinión sin juicio”. Aunque por lo general se sobrentiende que los prejuicios son algo desfavorable también los hay favorables. Como apuntaba Terry Pratchett, los ricos no están locos son sólo “encantadoramente excéntricos”.

A nivel individual nacen de una extrapolación abusiva de una experiencia limitada. Volvamos al ejemplo antes citado de la forma de conducir, aunque podríamos estar refiriéndonos a cualquier otra conducta, nadie puede hablar tajantemente sobre “La mujer” (ni sobre el hombre ya puestos) porque, como decía Robert Heinlein, nadie conoce a suficientes mujeres como para establecer un universo estadístico significativo.

A nivel individual los prejuicios son un fracaso de nuestra capacidad de juzgar la realidad que nos rodea. Pero pueden llegar a ser algo bastante peor. A veces detestamos en los demás los rasgos de carácter que nos negamos a reconocer en nosotros mismos. A veces, lo que incluso es más grave, racionalizamos nuestros fracasos culpando a los demás de ellos. Este es un camino que, en última instancia, conduce a la locura.

Pero existen otros fracasos, que representan un fracaso del sistema educativo en el sentido más amplio del término, que son los que adquirimos desde las primeras etapas de nuestra formación.

Así me lo aprendí yo

“Llegue al instituto y me puse muy nervioso. La gente veía a través mía, nadie me reconoció “
Tears for Fear

Hay algo que por mucho que se repita no parece calar en nuestra conciencia social: la educación de los niños tiene una enorme proporción de aprendizaje. Si golpeas a un niño, le enseñas a resolver sus problemas a golpes. Si le gritas, se comunicará con los demás a gritos. Y por más que a veces nos horrorizaremos de las lecciones que, quizás sin pretenderlo, les hemos inculcado, si le enseñas que ciertas opiniones son las “correctas“ -repitiéndolas una y otra vez-, las hará suyas.

Así, algunos jóvenes comparten ideas como que los inmigrantes “vienen a quitar puestos de trabajo a los españoles” y de esa forma “hacen bajar los salarios”, aunque no es menos cierto que solo un 4% de los jóvenes estaría dispuesto a votar a una formación política de corte xenófobo que pretendiese expulsar por la fuerza a los inmigrantes (al estilo del Frente Nacional Francés), según apuntan datos del Injuve. Por otra parte, según el Barómetro del CIS de Junio de 2004, en el que participaron un doce por ciento de jóvenes de edad universitaria, nos encontramos que la segunda causa de respuestas intolerantes por parte de los españoles, solo por detrás del aborto, es la homosexualidad. Un 40.9 % de los encuestados declararon que este es un país poco tolerante con los homosexuales. Lo que inmediatamente viene a quedar confirmado cuando 70.9 de los mismos se declararon partidarios de negar a las familias homoparentales el derecho a la adopción.

Con respecto a la situación de la mujer la cosa tampoco va mucho mejor. En otro barómetro del CIS de Marzo del 2004, los encuestados se mostraron más dispuestos, por casi diez puntos, a denunciar el maltrato de niños o ancianos que el maltrato a mujeres. Solo una opinión previa sobre la mujer puede dotar de una mínima coherencia dicha postura. Y resulta muy inquietante que la mayor parte de los encuestados consideren que la raíz de la violencia de género es el machismo y unas demenciales ideas de posesión que en lugar de disminuir van a más.

Se suele considerar que los prejuicios son cosas de gente mayor, a quien la edad les impide modificar sus puntos de vista, o de gente poco instruida, que se limita a repetir tópicos y estereotipos sin valorar si se ajustan o no a la realidad. En verdad, los prejuicios abarcan a toda la sociedad. Los jóvenes universitarios los tienen, al igual que todo el mundo. Pero hay una diferencia fundamental, tienen más posibilidades de superarlos. Ellos todavía están a tiempo de cambiar.

Desprecia cuanto ignora

“Nuestro mundo se ha convertido en algo más pequeño y más interdependiente. Para favorecer nuestros intereses lo mejor es tomar en cuenta los intereses de los demás”
Dalai Lama

A nadie le gusta que le demuestren que está equivocado. Suele decirse que la televisión y el cine ejercen una fuerte influencia sobre las opiniones del público. En realidad, esta influencia cuando se produce es leve y en la mayoría de los casos efímera. Las explicaciones de carácter científico, que demuestran la falta de fundamentos de los estereotipos, no han tenido mejor fortuna. Se han llevado a cabos incontables experiencias en Estados Unidos para intentar desmontar los estereotipos sobre la raza negra. El resultado es que los objetos de esta tipo de experiencias se ponen a la defensiva. Como apunta J.A.C. Brown en Técnicas de persuasión: “Intentar alterar las actitudes del individuo mediante instrucción directa implica que el individuo está equivocado, lo cual se interpreta, consciente o inconscientemente, como un ataque”.

Por lo tanto, teniendo en cuenta que la mayoría de los prejuicios, se aprenden en las primeras etapas de la educación, la estrategia más fructífera es, sencillamente, evitar que estos prejuicios sean aprendidos. Es por eso que todos los esfuerzos para combatir prejuicios como el machismo se centran en las jóvenes generaciones cuya capacidad de descubrir el mundo que les rodea y entenderlo todavía está intacta. No es menos cierto que esta flexibilidad de la gente joven ha sido utilizada por instituciones tan diversas como el Consejo Regulador del Brandy para combatir el prejuicio de que el brandy es cosa de viejos, como por las campañas institucionales que mencionaba más arriba, citemos por ejemplo la emprendida por la FIFA contra el racismo en los estadios de fútbol.

En última instancia la lucha contra los prejuicios es una lucha por la verdad. En palabras de Steve Pinker: “Gracias a la complejidad de nuestras mentes, no tenemos por qué ser las víctimas perpetuas de nuestros autoengaños. La mente tiene muchas facetas… Puede que una parte de nuestro ser engañe a las demás, pero, ocasionalmente, una tercera parte consigue ver la verdad”.
Y la verdad, recordémoslo, está ahí fuera.