¿DÓNDE FUERON A PARAR TODAS LAS FLORES?
O LOS ÚLTIMOS HIPPIES

 

Por Arturo Villarrubia


Los restos del naufragio
¿Qué tienen en común las bebidas isotónicas y los coches de última generación? La respuesta lector/a es su publicidad. Recientemente hemos visto cómo una bebida isotónica, que presume de no hacer publicidad, crea imagen de marca anunciando que ha llegado la Era de Acuario (según la mayoría de los astrólogos la Era de Acuario empezará en el siglo XXVI). Hemos visto también cómo desde la ventanilla de una berlina desfilan unas elegantes imágenes en blanco y negro, mientras se nos informa de todas las cosas que no tiene el propietario de este coche pero que, a cambio, tiene vida y libertad.

La cuestión es que ambos anuncios hacen referencia al musical Hair, la máxima expresión del movimiento hippie. La teoría es que los hippies pretendían cambiar el mundo pero, tal y como suele suceder, el mundo les cambió a ellos y ellas. Se supone que las ideas que pudieran tener eran o bien irresponsables o bien han ido a parar al baúl de los movimientos juveniles de ayer con las flappers y los greasers. Eso es lo que se supone y, sin embargo, nos encontramos con empresas multimillonarias que pretenden hacer atractivos sus productos asociándolos a un musical que el año que viene cumplirá cuarenta años y a una ideología y un estilo de vida supuestamente periclitados ¿Es posible que si lo hacen es porque aquella marea nos haya dejado algún pecio que se resiste a sumergirse?

Aguas turbulentas
Como en el caso de tantos otros movimientos juveniles o no, recordemos a los punkis, “hippy” nació como un insulto. Durante la inauguración de la Feria Mundial de Nueva York en 1964, un grupo de jóvenes hicieron una sentada para protestar contra la guerra de Vietnam. La policía y la prensa dijo que eran hippies, enrolladillos, en contraste con la generación de los beatniks que era hip, enrollada sin diminutivos. Vamos, que no había que tomarse en serio a esos niñatos. Los destinatarios del insulto lo aceptaron con orgullo. Entre 1964 y 1967 florece la contracultura, en torno al campus de la Universidad de Berkely, culminando en lo que se vino a llamar el verano del amor. Durante el mismo, 75.000 personas se reunieron en Haight-Ashbury de San Francisco para disfrutar de la música, las drogas y el sexo. El fenómeno atrae la atención de los medios de comunicación –incluyendo la revista Time que les dedicará la portada- algo con lo que los organizadores no se sienten cómodos: el verano termina con un desfile en que se anuncia la muerte del hipismo.

En Octubre de ese mismo año, se representa por primera vez el musical Hair, (que según la publicidad era “El musical americano del rock tribal del amor”), con libreto y letras de James Rado y Gerome Ragni y música de Galt Mac Dermont. En su momento, fue un escándalo porque, en algunas escenas, todos los intérpretes estaban completamente desnudos. Hoy eso ha sido olvidado y, como he comentado antes, se recuerdan las canciones como Acuarios. Hair es el retrato de una generación. Sigue las aventuras de un grupo de hippies, autodenominados “la tribu”, centrándose en la lucha de uno de ellos, Claude, que se escapará del reclutamiento forzoso. Pero es también un epitafio porque en la obra teatral, Claude termina por rechazar el estilo de vida de la tribu y parte hacia Vietnam voluntariamente.

Al año siguiente, Peter Fonda y Dennis Hopper ruedan la película más emblemática del movimiento Easy Rider (Buscando mi destino). Fonda y Hopper interpretan a dos vagabundos que subidos a sus motocicletas salen a buscar la verdadera América. Por el camino se encuentran con un grupo de hippies que intentan llevar a la práctica sus ideales, sobre los que hablaré un poco más tarde, con resultados cuanto menos discutibles. Esto cuadra con el tono de la película: una tragedia que no tiene un final feliz. Es decir, que los propios participantes fueron los primeros que estaban dispuestos a dar el certificado de defunción al movimiento.

Pero ¿qué había debajo de las melenas cubiertas de flores?
Lo que vemos en Hair y en Easy rider es un grupo de jóvenes que han creado una familia “ad hoc” de inscripción estrictamente voluntaria: una comuna. Son pacifistas y no se sienten obligados a acatar las órdenes de un Estado cuyos valores no comparten. Apenas tienen bienes materiales y los que tienen no poseen propietario fijo. Desean cultivar su propia comida y alejarse de las ciudades. No hay parejas sexuales estables. Se fabrican su propia ropa e incluso sus propias herramientas. Se habla de choque generacional. Padres e hijos discuten, y los hijos se van de casa demasiado pronto.

La fuente de muchas de estas ideas es un libro: Walden o la vida en los bosques, del filósofo de Nueva Inglaterra Henry David Thoreau quien, entre 1845 y 1847, vivió retirado en el lago de Walden llevando a cabo su ideal de vivir lo más próximo posible en la naturaleza y simplificando al máximo sus necesidades materiales. Thoreau es también el padre de la desobediencia civil y él mismo estuvo en la cárcel por su oposición a la guerra con Méjico.

Thoreau formaba parte del círculo de Emerson otro de cuyos miembros, Amos Bronson Alcote, funda la comuna de Fruitland que pretendía apartarse de la sociedad de su tiempo, cultivando sus propios alimentos utilizando sólo azadones.

Como experimento en la vida comunal, el hipismo recupera ideas que tenían un siglo de antigüedad y que yacían latentes en la profundidad de la psique colectiva norteamericana. Visto de está manera el hipismo está tan extinto como el pájaro dodo. Y sin embargo…

Pervivencia de la visión
Revindicaron el derecho a consumir drogas como herramienta de la expansión de la conciencia. Y aunque la LSD no es tan popular hoy en día, la subcultura en torno a la marihuana no ha hecho sino aumentar. Basta echar un vistazo a páginas como www.cannabis.com o www.solocannabis.com , aunque ya no se puede decir que el amor por el cáñamo es sólo cosa de hippies.

En 1965, nace la Asociación de Saboteadores de Cacerías en Inglaterra (con semejante nombre no hace falta explicar a qué se dedicaban) que, con el paso de los años, se transformará en el frente de Liberación Animal el cual, por cierto, es considerado un movimiento terrorista por la Administración de Bush.

Con los hippies la música popular se abre a nuevas influencias. Una generación escucha por primera vez el sonido del sitar gracias a los Beatles y Ravi Shankar se convierte en una estrella. Algo impensable en la década precedente. En esto no ha habido marcha atrás y gracias a festivales como el Womad los oídos occidentales se han abierto a sonidos procedentes de otras culturas. Ahora se llaman “músicas del mundo”.
De hecho, los festivales musicales son una herencia directa de la Era hippie, todos crecen a la sombra de Woodstock que, en agosto de 1969, reunió a medio millón de personas para escuchar a los Who o a Jimi Hendrix, el músico más emblemático de la era psicodélica, que no por casualidad, cerró su actuación con Hey Joe, cuya última estrofa nos dice que el narrador anónimo va a escapar corriendo. Algunos de estos festivales, como el de Glastonbury, se siguen celebrando con éxito hoy día. Aunque claro es un fenómeno que se asocia a la “música indi” (por independiente) y nadie diría que son algo hippie.

Los hippies fueron los primeros en desconfiar de los medios de comunicación, en no creer la versión oficial de los hechos, en considerar que la opinión pública estaba siendo manipulada al servicio de intereses económicos ocultos. Ahora hablamos de Teoría de la Conspiración.

Por otra parte, los sesenta representan el auge de la prensa alternativa, destinada a dar su propia visión de los hechos. Destaquemos que la cabecera más emblemática –The village voice, fundada en 1955- que sigue publicándose hoy en día.

Más arriba me refería al viaje en busca de la verdadera América que emprenden Peter Fonda y Dennis Hopper. Las motos que utilizan son choppers: modelos únicos que fueron construidos para la película con partes de otras. Pero no se alteran sólo las motos, desde que Janis Joplin hace que pinten con colores psicodélicos su porsche 356, se populariza alterar el diseño de los coches. ¿Hace falta decir que el fenómeno sigue con nosotros y ahora se le llama “tuneado”?

Los hippies estaban interesados en la meditación, en el misticismo y en otras culturas. Esta tendencia sigue con nosotros y se le llama ahora Nueva Era.
El ideal de Thoreau –que los hippies hicieron suyo- de alcanzar la felicidad simplificando al máximo las necesidades materiales ha reaparecido como algo novedoso en los libros de autoayuda.
En su momento, los hippies fueron muy criticados por promover una actitud de relajamiento ante las cosas y ahora nos encontramos con libros como Elogio de la lentitud o Buenos días, pereza que, desde luego, no se nos presentan como libros hippies.

No creo que haya que comentar cómo se ha generalizado la preocupación, cada vez más justificada, por el Medio Ambiente. Desde luego que es una preocupación que antecede al hipismo pero no puede negarse que contribuyó a familiarizarlo. El pacifismo también sigue ahí. Joan Baez que se manifestó contra la guerra de Vietnam se ha manifestado contra la de Irak frente al rancho de Bush.

El gusto por cultivar los propios alimentos ha generado a partir del vegetarianismo, el movimiento vegano cuya filosofía excluye toda explotación o crueldad hacia el reino animal. Y es que cambian sólo las cosas que pueden cambiar: las etiquetas.

Dejad que brille el sol
Como decía Chesterton la evolución de las ideas no es la historia de cómo se pone en práctica una idea hasta sus últimas consecuencias y se abandona cuando no es satisfactoria. Las ideas se llevan a la práctica sólo hasta cierto punto y por lo general se quedan a medio camino. No es extraño por lo tanto que ideas supuestamente descartadas sean recuperadas más tarde.

Lo que es más, las ideas no son estancas. Hay un proceso de polinización. Podemos poner todas las etiquetas que queramos a un movimiento. Podemos meter los conceptos en cómodos cajones pero eso no significa que vayan a quedarse ahí parados. Las ideas no desaparecen porque los Medios de comunicación dejen de prestarles atención y las declaren oficialmente muertas. Las ballenas no han dejado de estar a punto de desaparecer porque la noticia no ocupe la primera página de los periódicos. Uno de los lemas del hipismo era Do your own thing (Sigue tu camino) y eso es lo que han hecho todas estas ideas. Así que volviendo al principio. Hay buenas razones para que los publicistas elijan estas canciones para sus anuncios. Ellos no pueden permitirse el lujo de llamarse a engaño sobre lo que se respira en la calle.
Estoy convencido de que dentro de algún tiempo, nos llegará algún ensayo, más o menos sesudo, que nos descubrirá que vivimos en una época donde se ha recuperado las ideas de los sesenta y que vivimos un revival del hippismo.

Seguramente para entonces la sociedad habrá evolucionado, los jóvenes y los no tan jóvenes tendrán otras preocupaciones, y si deseas saber qué es lo que está sucediendo, lo mejor que podrás hacer lector/a es fijarte en los anuncios.

Mientras tanto, recuperemos por un instante el rasgo más distintivo del hipismo, lo que de verdad les hacia atractivos: su irrefrenable optimismo.
¡Dejemos que brille el sol!